Abelardo Pachano

La fórmula

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Viernes 07 de septiembre 2018

En realidad, pregunto: ¿Quién tiene la fórmula mágica que determina, de manera precisa y sin riesgo alguno, no sólo la estructura de llevar adelante un plan de corrección económica, sino la forma de hacerlo? Yo, francamente, no lo sé. Nunca he podido tener la certeza absoluta sobre la consecución de las metas buscadas. Siempre tuve presente las limitaciones propias de un esquema que, si bien trabaja con hipótesis razonables, en muchos casos con resultados favorables, existen los imponderables que pueden dar al traste con el mejor de los modelos. Aún más, aprendí hace mucho tiempo a comprender que la evolución del mundo me obliga a cuestionar la validez de ciertos paradigmas y la conveniencia del uso de varios instrumentos.

Lo que si sé, es que, dentro de ese dinámico mundo, los desafíos reiterados o abusivos de los equilibrios macroeconómicos tienen finales penosos, con elevados daños en los grupos sociales pobres y desamparados. Y, lo que es peor, que lo ocasionan aquellos que dicen protegerles. Existen innumerables pruebas empíricas con aplicación práctica de estos casos; y, el nuestro, de estos días es uno más que se suma al montón de los que se jactaron de ser creativos y heterodoxos.

Entonces, si lo que se trata de recuperar son precisamente esos equilibrios perdidos para reconciliar las poderosas funcionalidades entre los diversos agentes económicos, el debate se centra en cómo hacerlo: de una o mediante etapas que ofrezcan espacio que permita el reacomodo de trabajadores e inversionistas.

Los que pregonan una acción dura, fuerte, decidida, utilizan incluso metáforas médicas para justificar su preferencia, pero si bien el golpe puede corregir lo que se busca, nadie sabe con certeza si los daños son menores a los beneficios ni está en condiciones de asegurar la continuidad de ese plan de ajuste, tanto por reacciones políticas, como por el incalculable destrozo social y económico inmediato.

La otra, de hacerlo de forma continua tiene desafíos, trampas, escollos, incluso inconsistencias, pero a cambio mejora la probabilidad de arribar a la meta deseada. Por supuesto, debe entenderse que existe la suficiente claridad política y compromiso para cumplir con consistencia el proceso y hacerlo a un ritmo que permita recuperar la fe en el futuro.

Es en estas etapas en las cuales nacen las críticas, pero es difícil encontrar los argumentos de las escondidas o no dichas alternativas de ajuste. Es que muchos saben que son impresentables pues del arreglo no se salva la economía. No existe otro camino: o se lo transita a toda velocidad, con acelerador a fondo, o se lo hace a un ritmo que permita un mejor control de los cambios. Pues bien, esos son los hechos y ahí está el dilema. De aquí se origina la fórmula.