La sociedad debe aprender a convivir con el coronavirus

Cuando parecía que la pandemia empezaba a estar bajo control, cuando se esperaba llegar a la meta de vacunar al 85% de la población en Ecuador, cuando se alistaban los retornos obligatorios a clases presenciales, las cifras de personas con covid-19 empezaron a elevarse. Llegaron los feriados primero, que empezaron en octubre, y las fiestas de fin de año después, y con ellos las reuniones, los descuidos y, claro, los contagios. A la par, hizo su arribo al país la variante Ómicron, de un gran poder de transmisión. Y así, el panorama sanitario se ha vuelto a complicar en este enero.

La pandemia sigue desarrollándose en función de las mutaciones del virus que se producen, en gran medida, porque hay zonas del mundo donde hay bajos niveles de vacunación. Eso le permite al agente infeccioso mejorar sus capacidades de replicación y generar tendencias distintas. Ahora, por ejemplo, se tiene que el mayor número de contagios en Ecuador se presenta en menores de edad; aunque eso no ha supuesto que haya niños gravemente enfermos, ha hecho que vacunarlos se vuelva urgente, para protegerlos a ellos y a los adultos con quienes conviven.

Las mutaciones (se empieza hablar ya de una nueva, la Deltacron), los cambios de tendencias, la falta de vacunas en amplias zonas del planeta… impiden tener claridad sobre cuándo logrará el mundo controlar la pandemia. En ese sentido, un escenario que la sociedad debe considerar seriamente es que aunque la pandemia se llegara a controlar, es decir, que ya no haya contagios masivos y globales, el coronavirus que produce la enfermedad del covid-19 no se irá ya nunca de nuestras vidas.

Esta semana no habrá clases, con el fin de impulsar la vacunación en menores de edad. Después, el empeño se centrará en conseguir el retorno seguro de los estudiantes a clases presenciales. Ese será un factor fundamental para que la ciudadanía empiece a reforzar las prácticas cotidianas de bioseguridad, que las vuelva un hábito, que las incorpore a su vida diaria, que deje a un lado la superstición y asuma de una vez que debe convivir con un virus que obliga a todos a ser más cuidadosos y responsables.

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