EE.UU.: una campaña dura y un debate sin tesis

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Lunes 05 de octubre 2020

La historia democrática de Estados Unidos ha tenido capítulos difíciles. Comicios en medio de una guerra civil o entre tensiones mundiales, y hoy con la pandemia como telón de fondo.

Es tal la influencia del covid-19, que hasta el Presidente en funciones y candidato a la reelección se contagió. Ese diagnóstico cambió la tónica del debate público, en un tramo decisivo de una compleja campaña.

La negativa de Donald Trump a aceptar los consejos de los entendidos de su equipo gubernamental sobre los riesgos de la pandemia hizo naufragar iniciativas de control y las consecuencias han sido nefastas.

Las gigantescas pérdidas económicas y los millones de desempleados que la pandemia arrojó como saldo son la muestra de un impacto con pocos precedentes parecidos. Él mismo es, en estos momentos, uno más de los millones de contagiados.

A ello se suma el rebrote de actos brutales de represión policial en un país donde la violencia racista no ha podido ser extirpada. Hubo fuertes manifestaciones como respuesta a los asesinatos de afroamericanos.

Como si esto fuera poco, dos grupos supremacistas blancos han surgido y el comentario de su cercanía al Presidente cunde, al punto que fue criticado por no tomar distancia de estos grupos extremistas. En el debate, Trump apuntó que ‘alguien tiene que hacer algo con la izquierda y el accionar de los antifascistas’.

El tono del debate televisado entre él y el postulante demócrata fue agrio y atrajo críticas a los dos contendientes. Si bien es cierto que el segundo capítulo de ese foro no se haría por el contagio del Presidente con el negado covid-19, el remate de la campaña anuncia ser áspero.

Esa agresividad puede acelerarse por las encuestas adversas al actual inquilino de la Casa Blanca. En el voto popular Joe Biden está adelante, pero ya sabemos que en ese sistema se requieren 270 votos electorales, de un total de 538, y que hay estados que pueden inclinar la balanza y dar la Presidencia a alguien que puede tener menos votos populares.

La racionalidad debiera imponerse a la emoción en la campaña atípica.