Susana Cordero de Espinosa

A grito ‘pelao’

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Las noticias de los desmanes correístas corroen el presente y empiedran de penuria el porvenir, pero alegrémonos este jueves 13, pues por ‘orden’ belga del enano moral, las y los borregas irán a la cárcel a cantar el happy birthday a don vidrio. ¿Se le pasó al bufón que cantar en inglés carcomerá más nuestra cacareada soberanía? ¡El infantil happy birthday! Da risa.

Sugiero en su honor y en el de sus adláteres, que, en ejercicio de autoconocimiento y de nostalgia, el jueves balen en rebaño ‘Cambalache’, tango poético que constata la naturaleza de sus intercambios y es profecía hacia atrás de los días vividos en la nefasta década de su poder: “El mundo fue y será una porquería ya lo sé / En el 510 y en el 2000 también / Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos / Contentos y amargaos / Valores y duplés / Pero que el siglo veinte es un despliegue / De maldad insolente ya no hay quien lo niegue / Vivimos revolcaos en un merengue / Y en el mismo lodo todos manoseaos // Hoy resulta que es lo mismo / Ser derecho que traidor / Ignorante sabio chorro / Pretensioso estafador / Todo es igual / Nada es mejor / Lo mismo un burro que un gran profesor”…

El lunfardo en que se escribió es ‘jerga de delincuentes’, ‘dialecto de ladrones’. Aplicar su letra irrefutable a nuestra década infame no es alegoría: cambalache significa ‘acuerdo o intercambio entre dos o más partes, alcanzado de forma poco transparente’. Iluminará así la desgraciada realidad que crearon estos rufianes de inolvidables nombres, apellidos, fechas de nacimiento y muerte. ¡Quiera Dios que pronto vayamos a cantarlo a las puertas de las cárceles en que purguen su codicia y maldad!

Mientras tanto, ¡a cantar el tango a voz en cuello, a todo dar!: “Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, / el que no llora no mama y el que no afana es un gil. / ¡Dale nomás, dale que va, / que allá en el horno nos vamo a encontrar! / ¡No pienses más, sentate a un lao, / que a nadie importa si naciste honrao! // Es lo mismo el que labura / noche y día como un buey / que el que vive de los otros, / que el que mata o el que cura / o está fuera de la ley”.

Veamos qué nos dice un mínimo, pero fundamental tramo de su historia: Cambalache fue compuesto por Enrique Santos Discépolo en plena ‘década infame’ argentina, y se estrenó a fines de 1934. A pedido de su autor, lo cantó por primera vez una mujer, Sofía “La Negra” Bozán, En 1943, en una campaña iniciada por el gobierno militar que obligó a suprimir el habla lunfarda, fue censurado y declarada ilícita e indebida su difusión radiofónica. Así se protegen los facinerosos, aunque estas censuras sean, a la larga, su pérdida.

¡A cantar a voz en grito, a grito herido!: No hay aplazaos, ni escalafón; / Los inmorales nos han igualao. / Si uno vive en la impostura / Y otro roba en su ambición,/ Da lo mismo que si es cura,/ Colchonero, rey de bastos, / Caradura o polizón.

¡Feliz cumpleaños, míster glass!…