Jorge G. León Trujillo

Abortar para vivir

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Lunes 16 de julio 2012
16 de July de 2012 00:01

Es un riesgo dejar que el poder defienda la vida, puede llegar uno que en nombre de algo ‘supremo’, como la nación, convierta al martirio en deseo. Puede también llegar otro poder, para quien cada cual deba salvar y arreglar su vida, sin el Estado, entonces sería muerte en vida para muchos pobres. Cada cual tiene su idea de prioridad de vida.

Puede justificarse que la Iglesia haya creado una prohibición: no al aborto, para no abrir la puerta a excesos. Pero esta creación humana, como todo lo que hay en sociedad, poco a poco se modifica, del mismo modo que tomó tiempo cambiar la idea de la creación del mundo. También, un gran cambio fue que la mujer no viva solo encinta y criando hijos. Ganó la sociedad. Gracias a los anticonceptivos sobre todo, la natalidad bajó, pero el Vaticano sigue en guerra contra los anticonceptivos: ¡bienvenidos los pobres, hay buenas intenciones para ellos!

Ante ello, en Europa, un claro laicismo de los feligreses exigió que de ciertos temas poco o nada traten los clérigos, es opción de cada cual. Es un camino inevitable: se aceptan medios anticonceptivos y no someter las mujeres a ser reproductoras a tiempo completo, menos pobres y más hijos deseados. Algo similar acontece con la eutanasia como un derecho de cada cual a decidir si quiere seguir viviendo enfermo o no, una opción de vivir con vida y no ser un muerto en vida.

Triste el debate del aborto, es el conservadorismo de los 50. El mínimo no puede ser lo que está en la Constitución sino un claro derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, uno que la sociedad la proteja de su opción con abortos apropiados ante embarazos indeseados y más aún si son indebidos, y no decretarle la muerte real o social, que la sociedad pueda no seguir teniendo niños no deseados, pues para ellos es la desgracia de por vida, etc. Habría que escoger entre el derecho de la mujer o la del feto, sin medias tintas. Una opción clara. Eso no es estar por el aborto, sino una clara opción de la mujer a decidir con su cuerpo.

Pocas personas optan, unas se escudan en creencias, otras callan ante la posición presidencial y el fanatismo de personas que dicen defender la vida, pero se especializan en el feto y no en la vida de las que ya luchan por la vida, para estas hay buenas intenciones. A los que no se ocupan de los hijos, les ofrecen formación, a madres solas con hijos que podían evitar, encontrarles salidas, para cada problema real sin solución prometen dedicarse a ello. Buenas intenciones para lo que crónicamente la sociedad no resuelve. Da buena conciencia. Ellas no defienden un problema de salud pública, multiplican los hijos con mamá en casa y el vientre lleno, pero es difícil ver coherencia de los que se dicen de izquierda y en nombre de principios se escudan en el Vaticano, sin laicismo, en lugar de definir políticas públicas para frenar la desgracia del aborto clandestino o de niños que tendrán vidas invivibles.