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El karate, una fuerza revolucionaria entre los jóvenes rurales de Gambia

Imagen referencial. Karatecas durante una competencia. Foto tomada de la cuenta de Twitter @worldkarate_wkf

Imagen referencial. Karatecas durante una competencia. Foto tomada de la cuenta de Twitter @worldkarate_wkf

Imagen referencial. Karatecas durante una competencia. Foto tomada de la cuenta de Twitter @worldkarate_wkf

El mundo de muchos adolescentes de la aldea de Sutukoba, en Gambia, dio un giro radical hace unos meses cuando Saikou Yaffa fundó la primera escuela de karate, epicentro hoy de una nueva generación de jóvenes deportistas.

“Nuestro principal objetivo es mejorar la autoestima de nuestros estudiantes y convertirles en mejores personas de cara a la sociedad”, explica a EFE Saikou Yaffa, campeón nacional de karate en 2016 y originario de Sutukoba, población situada a unos 350 kilómetros al este de la capital gambiana, Banjul.

Ese deporte es el arte marcial más respetado y popular en Gambia, donde una sólida Federación Nacional de Karate continúa fortaleciendo el nombre de este pequeño país de África Occidental a escala internacional.

Sin embargo, esta misma entidad fracasa al descentralizar sus actividades y conseguir que los amantes de este deporte puedan también practicarlo en las zonas rurales del país, donde a día de hoy todavía reside casi el 40% de sus dos millones de habitantes.

Quienes allí viven, se ven en muchas ocasiones privados de este ocio debido a la ausencia de instalaciones próximas y a la dificultad que supone desplazarse hasta la capital, donde tienen lugar la mayoría de competiciones nacionales.

Así, con la idea de suplir esta deficiencia y de reunir a algunos de los numerosos niños que a diario practican este deporte en la calle, Yaffa fundó el pasado agosto el Club de Karate Sutukoba, con capacidad para unos 60 alumnos.

La idea le viene de lejos. Tras ganar el campeonato nacional de karate en 2016, Sikou se dio cuenta de que, como él, muchos otros jóvenes de su aldea también podrían triunfar en este deporte si tuvieran la oportunidad de ser entrenados.

“Desde niño me encanta el karate. Crecí viendo películas chinas y eso me inspiró mucho. Sin el Club de Karate Sutukoba (aprender este arte marcial) sería un sueño imposible”, dice a EFE Sarjo Yaffa, de 18 años, agradecido con esta iniciativa.

Además de fuerza física, gracias a esta actividad los pupilos de Saikou trabajan también su capacidad de concentración, disciplina y autoestima; cualidades imprescindibles para sobrevivir en un competitivo mercado laboral, donde la tasa de paro juvenil ronda el 13 %, según datos del Banco Mundial de 2017.

Este club de karate organiza también una competición anual en Sutukoba, cita a la que acuden cientos de espectadores -muchos padres de los alumnos- con el fin de conocer de primera mano las habilidades marciales que los jóvenes han adquirido durante el año.

La víspera de esta competición, celebrada el 16 de febrero del 2019, Saikou reunió a todos sus estudiantes para un último ensayo en la escuela de la aldea, donde ultimaron sus patadas, puñetazos y movimientos defensivos imitando cada uno de los gestos que adelantaba el maestro.

“Mañana es su gran día. Deben recordar las tácticas aprendidas y respetar las reglas”, alentó Saikou a los adolescentes sentados en el suelo de una de las clases, al tiempo que les recordó que el ganador recibiría un premio y un certificado.

El alcalde de Sutukoba, Kumuntung Jabai, presente el día de la competición, se comprometió a entregar al club un terreno donde construir un pabellón de karate propicio para sus entrenamientos, tras mostrarse entusiasmado con esta competición.

“Estoy encantado de ver lo lejos que han llegado. Sus habilidades no solo les serán útiles a modo de autodefensa, sino también para proteger nuestra aldea en caso de ataques externos”, bromeó el edil.

Sin embargo, el camino hasta aquí no ha sido fácil. Sin patrocinadores y escaso apoyo gubernamental, ni siquiera todos los alumnos cuentan con su propio quimono, ya que sus familias no pueden permitírselo.

“Las dificultades son numerosas. Nos falta equipamiento y un espacio adecuado para entrenar. Hasta ahora lo hacemos en las aulas de la escuela, por lo que el ambiente no es el adecuado”, se lamenta el instructor.

Con o sin quimono, muchos de los jóvenes que hoy imitan los pasos de Saikou -a quien, más que a un maestro, consideran un ejemplo de vida- se aproximan cada día más a su sueño de convertirse en campeones de karate.