26 de octubre de 2018 00:00

Médicos posgradistas autofinanciados

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Francisco Sánchez Guerrero

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Para convertirse en especialista de Medicina en el Ecuador, aparte de las dificultades para acceder a las escasas plazas disponibles normadas por el CES y el MSP, que son ofertadas por universidades públicas y privadas del país, al ser declarado ganador en el concurso se llega a una encrucijada que, además de permitir lograr la especialización, puede definir el destino de centenares de médicos ecuatorianos en cuanto a su vida misma, pues se debe escoger: entre una beca (si se ha logrado acceder a ella) que obliga a “devolver” con trabajo por el doble del tiempo del posgrado (hasta 8 años) en el lugar donde el auspiciante decida, sin contemplar la situación familiar y personal del médico, o convertirse en posgradista autofinanciado, que aparenta ser una opción atractiva al no estar obligado a devengar al Estado u otra entidad, pero la realidad del autofinanciado es totalmente diferente, pues esta opción exige contar con solvencia u holgura económica suficiente para cubrir el costo del posgrado y “sobrevivir” entre tres y cinco años sin empleo, seguridad social e ingresos, para el médico y su familia.

El 95% de los que optamos por esta modalidad, lo hacemos por nuestro afán de mejorar, superarnos y contribuir para acrecentar la calidad de la atención medica en el país; sin embargo, muchos durante el camino no pueden soportar la presión económica y deben abandonar el sueño de especializarse y los que continuamos, para lograr el milagro financiero debemos desprendernos de los pocos bienes logrados en el ejercicio de nuestra profesión médica en los años precedentes o recibir el soporte de la familia, pues está prohibido trabajar durante el posgrado con la advertencia de ser excluido en caso de hacerlo, pero curiosa y contradictoriamente somos condicionados a trabajar de manera gratuita para beneficio del Estado y otras sociedades privadas, ejerciendo nuestra profesión con todos los riesgos legales y laborales, excediendo las horas normadas por el CES y desconociendo los derechos laborales, hasta sin recibir una mínima alimentación y contar con un lugar de descanso en algunos hospitales durante la guardia. Ante el cúmulo de inequidades hemos creído justo reclamar que se cumplan los derechos elementales del trabajador y se reconozca una remuneración, pero en respuesta se nos ha tildado únicamente de estudiantes, a pesar de que atendemos emergencias, pacientes graves, consulta externa, realizamos procedimientos quirúrgicos, etc. Hemos invocado al diálogo al CES, al MSP (IESS, ISSFA, ISSPOL y sector privado, inclusive) y hasta ahora solo hemos obtenido respuestas vagas y nuestras peticiones en cuanto a derechos de trabajo y humanos han sido desechadas. Es intolerable que en pleno siglo XXI, en Ecuador profesionales médicos que ejercen su título sean sometidos por el solo hecho de querer ser mejores. Hasta ahora, solo conocemos los oídos sordos que no escuchan y los ojos vendados que no ven, de las autoridades.

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