30 de junio de 2019 00:00

Canonización del cura Tuárez

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Víctor Romero Peñafiel

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Siendo católico, pero no apostólico, peor romano, no tengo la más mínima intención de blasfemar contra mi Dios Eterno, sin embargo los últimos acontecimientos acaecidos aquí en la sucursal mayor del Olimpo, ahora con su dios tonante criollo escondido en algún lugar diferente a su habitual ático belga, y con sus diosas sumisas transmutadas en “perseguidas políticas”; no deja de llamarme la atención el desempeño terrenal del cura Tuárez.

En efecto, si el Maestro, con toda la omnipotencia de su divinidad, en el sermón de la montaña solo fue capaz de multiplicar los panes y peces por miles, el cura Tuárez por obra y gracia de las matemáticas cuánticas del bendito CNE, fue capaz de hacerlo multiplicar sus votos, vivitos y coleando, por millones. Ya solo con ese “milagro” bastaría y sobraría para que el Vaticano aceptare sin remilgos la solicitud que como testigo presencial de tal portento lo planteo a través de este prestigioso medio de comunicación: la canonización del cura Tuárez. Pero si alguna duda hubiese respecto a su capacidad milagrera, basta con prestar atención a lo que los medios nos informan respecto a que tiene la capacidad de desempeñar altos cargos administrativos, sin que nadie lo vea, pero que sin embargo le sirvieron milagrosamente para hacer calificar su postulación en el CNE con una hoja de vida llena de falsedades; que a pesar de su comprobada afiliación oficial a un partido político reconocido por su servilismo al correato, hasta poco tiempo antes de su postulación, según su palabra, no fue él sino algún ángel caído que lo suplantó por maldad; que a pesar de sus votos de obediencia a su orden sacerdotal, cada vez que su prior le recodaba que su condición sacerdotal le exigía mantenerse alejado del “mundo, carne y demonio”, es decir, de la política corrupta y demagógica instaurada durante la década inquisidora, él con su divinidad multiplicó el número de unidades de ese tubérculo conocido como yuca y le envió por quintales para mejorar en algo sus frugales cenas dominicas.

De atender votos de pobreza, ni hablar, un patrimonio declarado de USD 372.000, vivir en un departamento de lujo y conducir un auto de alta gama, indefectiblemente nos recuerdan para que pueden servir los conocidos diezmos. Y así, cada día continúan haciéndose evidentes sus “milagros”, pero con lo dicho basta, y antes bien, me permito hacer un llamado a aquellos infieles que aún dudan de su divinidad y exijo que él en persona los exorcice y los exija volver al redil, tal como lo hacía con su infinita “bondad” su santo San Rafael, quien solo quien, en algún lugar ahora desconocido de Bélgica.

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