Escaparate Cultural

Este es un espacio en el que se exhibirán ideas y reflexiones sobre libros, arte y series de televisión. Parafraseando a Jorge Luis Borges: Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído y lo que he visto Twitter: @itoflores84

Gabriel Flores

Gabriel Flores

Licenciado en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Colabora con grupo EL COMERCIO desde el 2014. Escribe para la sección Cultura e Ideas.

‘El agente topo’ y el mundo olvidado de los ancianos

La cámara sigue a Sergio Chamy por todos los rincones del hogar para ancianos San Francisco, ubicado en El Monte, una ciudad de la Región Metropolitana de Santiago de Chile. Lo registra entrando y saliendo de la sala de estar, del comedor y de los cuartos, caminando por los pasillos y la entrada que da a la calle, o tomando el sol en el jardín.

La cámara también lo acompaña en la penumbra de su dormitorio, donde todas las noches escribe, a mano, un informe para su jefe que luego lo envía a través de un mensaje de voz de WhatsApp. Al inicio, le cuenta sobre sus nuevas amigas, las actividades y terapias que realizan y la atención que recibe de las enfermeras, pero muy poco del trabajo que le encomendó.

Chamy fue contratado por una empresa de investigaciones privadas, para vivir tres meses como agente encubierto, en este hogar para personas de la tercera edad, con el objetivo de averiguar si una de las ancianas era maltratada. En medio de esta empresa, él se convierte en una especie de voyerista, un hombre atento a todo lo que ocurre a su alrededor.

El mundo al que el espectador accede gracias a este hombre de 83 años es parte de la trama narrativa de ‘El agente topo’, la cinta chilena nominada a Mejor Película Documental en la edición de los Premios Oscar 2021.

El mérito de la directora Maite Albderdi en esta cinta es doble, porque logra que Chamy sea creíble como agente encubierto novato, pero también deja que se convierta en la persona que conecta al espectador con la vida olvidada de los ancianos, ese mundo del que siempre evitamos hablar o escribir, quizás por miedo, pero más por indiferencia.

Asimismo, la presencia de Chamy permite que el espectador no extrañe la figura del entrevistador, que por lo general es el que tuerce la narrativa a favor de las premisas que se plantean en el guion. Gracias a su presencia, la vida de estos ancianos fluye de una manera más orgánica frente a la pantalla, al punto de estremecer por su crudeza.

También está el tema de los datos, porque una cosa es saber que la mayoría de ancianos tienen problemas con el manejo de la tecnología, pero otra es ver a Chamy luchando para entender el funcionamiento de un teléfono celular.

De igual manera, una cosa es mirar los datos sobre la tasa de mortalidad de los ancianos que viven en estos hogares y otra muy distinta que el protagonista nos ponga de frente con la muerte de una de sus nuevas amigas y nos muestre el silencio y la soledad en la que vidas como esas se apagan lentamente todos los días.

La capacidad de empatía que Chamy tiene con algunas de las personas de esta casa para ancianos estremece, sobre todo, cuando a través de sus preocupaciones cotidianas muestra la complejidad de problemas como la demencia senil o los trastornos psicológicos. Asimismo, abre un espacio para mostrarnos que en la vejez también hay lugar para la amistad y el amor.

El ‘agente topo’ se estrenó el año pasado en el Festival de Cine de Sundance y hace unas semanas en Netflix, acumulando miles de nuevos espectadores. La crítica la ha catalogado como una obra insólita, por la forma en que es narrada pero probablemente haya que ajustar un poco la mirada, para observar que lo realmente insólito es el abandono al que la sociedad contemporánea ha sometido a sus ancianos.