El guapo de la barra

Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.

Alejandro Ribadeneira

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

¡Neutralidad garantizada gracias a BarcePro!

La prestigiosa entidad que se encarga de organizar un no menos eximio torneo ecuatoriano de fútbol hace gala de una inefable neutralidad. Nadie discute que se imparte justicia entre todos los equipos participantes. Nadie se queja de sus decisiones.

¿Cómo es el día a día de BarcePro, la entidad de marras? Los que saben dicen que es más o menos así:

“Buenos días, gracias por llamar a BarcePro, la entidad que aglutina a 16 equipos pero solo uno nos interesa que sea campeón, ¿en qué podemos servirle? Ah, señor Canario, qué gusto saludarlo. Aprovecho para felicitarle por su más que merecido triunfo sobre los siete jugadores que apenas pudo enviar el horrible rival de la otra vez. ¡Ustedes los dominaron! ¡Los aplastaron! Íbamos a suspender el cotejo por cuestiones sanitarias, pero nos dimos cuenta que ustedes tenían tres puntos muy asequibles, ¡así que mantuvimos la programación!

“Y ahora, dígame, ¿a qué debemos el honor de contar con su dilecta llamada? ¿Cómo dice? ¿Que no quiere jugar en un estadio de la Sierra? ¿Que sus jugadores se asfixian? ¿Que sienten mareo y náusea? ¡Pobrecitos! Ya, déjeme ver. Estoy leyendo el reglamento pero no dice nada. El local tiene derecho de elegir su estadio. Y esa cancha en particular pasó la inspección. Sí, señor Canario, entiendo que ustedes son el equipo más importante del mundo,al punto que los confunden con uno de Cataluña. ¡Pero ya encontré una salida! Mire, vamos a establecer que ustedes solo juegan en horario nocturno. Y como ese estadio carece de luminarias, pues no se podrá programar un cotejo profesional ahí. ¿Le parece? ¡Qué bueno, señor Canario, que esté satisfecho! ¡Un placer servirle! Hasta la próxima. Siga nomás que debo atender otra llamada. Adiós.

“Buenos días, gracias por llamar a BarcePro, ¿en qué podemos servirle? Ah, señor Poncho. Le cuento que apenas le oigo, se oye entrecortado, creo que la llamada se va a perder. Huy, se perdió. Qué pena”.