Este es un espacio en el que se exhibirán ideas y reflexiones sobre libros, arte y series de televisión. Parafraseando a Jorge Luis Borges: Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído y lo que he visto Twitter: @itoflores84
Gabriel Flores
Licenciado en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Colabora con grupo EL COMERCIO desde el 2014. Escribe para la sección Cultura e Ideas.

‘La carnada’

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Lunes 30 de noviembre 2020

Cuando era niño, Edward Bloom, el protagonista de ‘Big fish’, se acercó al ojo de vidrio de la bruja de su pueblo y vio cómo y cuándo iba a morir. Luego, varios de sus amigos hicieron lo mismo. Para Edward, aquella certeza se convirtió en un impulso para tener una vida llena de aventuras. Para sus amigos significó una condena anticipada que los aniquiló.

Como sucede en la película de Tim Burton, en ‘La carnada’, la nueva novela del escritor guayaquileño Ernesto Carrión, el anuncio anticipado de la muerte marca la existencia de Martín, el personaje principal. Un día, sin mucha parafernalia, un doctor entra a su habitación, abre las cortinas y le dice de qué va a morir y cuánto tiempo tiene de vida.

Martín es un joven guayaquileño de clase alta que vive en Boston. Tiene un trabajo prometedor y una vida cómoda. El anuncio de su muerte trastoca todos sus planes y lo impulsa a regresar a su ciudad natal. No quiere morir solo pero, sobre todo, no quiere morir sin el perdón de la víctima de un crimen que cometió en sus primeros años de juventud.

Desde este punto, la trama de la novela se teje a partir del reencuentro que Martín tiene con varios de sus amigos y la narración de los días que antecedieron a su crimen. En medio, Carrión introduce la historia de Frau Troffea, una mujer que, en 1518, llegó a una calle de Estrasburgo, Francia, donde comenzó a bailar y no paró hasta morir.

Uno de los giros más interesantes de la historia aparece cuando Martín descubre que su víctima no es del todo consciente del crimen que se perpetró en su contra. En ese contexto, el narrador recuerda una idea de Sartre y la cita: “Al hombre no lo condena su maldad, sino su maldad cuando es descubierta por un tercero”.

A partir de ese momento Martín se empeña para que su crimen sea descubierto. Necesita que su maldad sea vista. Le urge que alguien se dé cuenta que detrás de ese joven de apariencia débil y gestos moderados hay un criminal. Un sociópata, al filo de la muerte, que planificó a detalle un crimen por el que finalmente nunca será condenado.

Hubo un tiempo en que, ingenuamente, Martín creyó que podía huir de su pasado, pero como después lo comprobó eso es imposible. También pensó que los cuerpos no tienen memoria y se volvió a equivocar. El de su víctima nunca olvidó la violencia a la que fue sometida y, quizás, el suyo tampoco la violencia que ejerció.

En ‘La carnada’ Carrión hurga en las formas que puede adquirir la maldad, en los distintos discursos que se pueden construir a su alrededor, desde el lugar desde quien la ejerce y también sobre la impunidad de los victimarios.

Martín es un personaje que recuerda al lector que, a veces, la maldad puede habitar el cuerpo de personas monstruosas y desagradables y otras, simplemente, puede esconderse en el interior del cuerpo de un joven que invita a sus amigos a pasar un fin de semana en su casa de la playa.