17 de January de 2010 00:00

El Yasuní es el mayor tesoro biodiverso del país

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No explotar el crudo del bloque ITT ayudará a evitar que se emitan 407 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, uno de los gases con mayor injerencia en el calentamiento global.

Sin embargo, la importancia de conservar el Parque Nacional Yasuní (PNY) va más allá. Los científicos lo consideran uno de los lugares de mayor diversidad en todo el planeta.

Por ejemplo, con 2 274 clases de árboles y arbustos, alberga en una sola hectárea a 655 especies, más que el total de variedades nativas de árboles de Estados Unidos y Canadá.

Además, se calcula que es el hábitat de 100 000 especies de insectos por hectárea, el mayor en el mundo. Entre estos se han descubierto 64 tipos de abejas sociales.  Adicionalmente hay mamíferos, aves, anfibios... Los biólogos aseguran que es una fuente de incalculable información genética.

Así, al navegar por ríos como el Tiputini (es  una de las principales vías para ingresar al bloque ITT) aún se puede observar a los delfines rosados. Y al caminar entre los bosques del Yasuní se puede encontrar a manadas de animales como los monos. Es común escuchar el aullido de los monos songosos, chorongos y aulladores, que se deslizan juguetones por las ramas y copas de los árboles en busca de algún alimento, que escasea ante la incontrolable deforestación y  la explotación petrolera.  

A eso suma que al Parque  Yasuní actualmente se lo considera como uno de los principales pulmones del planeta y una gran reserva de agua dulce.

Su valor es incalculable por tratarse del último refugio para los pueblos tagaeri y taromenane. Aunque se calcula que no son más de 300 miembros, su sobrevivencia se basa en la estrategia de mantenerse alejados del resto de la población.

El Estado ecuatoriano creó una Zona Intangible Tagaeri-Taromenane (ZITT), de 758 000 hectáreas, con el propósito de darles un espacio mínimo para vivir. No obstante, ese territorio ha estado en permanente acecho de los intereses de las empresas petroleras y madereras.

El Yasuní también es el territorio de  las comunidades huaorani y los kichwa o naporuna. Los primeros ocupan la mayor parte del Yasuní y se caracterizan por su fama de guerreros. Desde sus orígenes dependieron de la caza y recolección de frutos.

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