13 de September de 2009 00:00

Ubú Rey boceto para un déspota

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Basta una palabra para tener el mundo a los pies: ‘mierdra’. De la misma manera, solo se necesita una palabra para describir  cuando la vida se cae a pedazos y desaparece: ‘mierdra’. A veces, es una muletilla innecesaria, pero es muy común cuando funciona como un arma contundente.

En lugar de trinar con su pico de pájaro, Padre Ubú lo único que puede decir es ‘mierdra’ con su boca sucia de hombre corrupto.

Padre Ubú está casado con Madre Ubú. Ostenta los títulos de: Capitán de dragones, Oficial de confianza del rey Venceslas, ha sido condecorado con la orden del Águila roja de Polonia; además, ha sido el antiguo Rey de Aragón, que nadie sabe cómo lo obtuvo  y mucho menos cómo lo perdió. ‘Mierdra’.

Padre Ubú es un hombre traicionero. Mata al rey Venceslas para quedarse con su trono y su corona, asesina a dos de sus tres hijos,  la madre de estos muere en una cueva por el frío y la tristeza. Solo sobrevive Brougrelas, de 14 años (aunque en la puesta en escena se dice que tiene 16),  a quien los fantasmas de sus antepasados se le presentan para exigir venganza.

Padre Ubú es un ser egoísta, calculador y avaro. Una vez en el poder, cuando ya disfruta de las comodidades del palacio real,  se niega a repartir oro y carne para que su pueblo se sienta feliz por la entronización.

Todavía no sabe lo que es el populismo. Padre Ubú piensa que para los ‘marranos’ del pueblo es suficiente matar  tres caballos viejos. Sin embargo, cuando su esposa y su oficial le hacen entrar en razón (para que él pueda mantener el poder) manda matar 150 bueyes y corderos, además regala tres millones de ‘rixdales’ (moneda de plata de Austria) para unas festividades por el feliz advenimiento.

Padre Ubú es un ser ruin y malvado. Quiere todo el poder y la gloria que el trono le puede ofrecer. Para ello llama a los nobles y los expropia de sus bienes de la forma más efectiva: enviándolos al subsuelo del Pichapuercos y de la Sala de Calderilla, en donde se les sacará el cerebro.

Cuando acaba con los nobles,  Padre Ubú tiene los siguientes bienes: Principado de Podolia, gran ducado de Posen, ducado de Curlandia, condado de Sadomir, condado de Vitepsk, Palatinado de Polock y el margraviato de Thorn. Obviamente, por la naturaleza de Padre Ubú, ninguna de estas posesiones le satisface, por eso, cuando acaba con todos los nobles, enseguida va por los magistrados.

Reorganiza la justicia, acaba con todos los jueces para impartir su ley. Reorganiza las finanzas con nuevos impuestos: diez por ciento sobre la propiedad, otro impuesto sobre el comercio y la industria,  un tercer impuesto  sobre los casamientos  y finalmente un cuarto impuesto sobre los fallecimientos, de  15  francos cada uno. Pero nadie se muere ni se casa.

Como Padre Ubú ha matado a 300 nobles y 500 magistrados  tiene que salir a cobrar él mismo los tributos,  a pesar de que es vago y cobarde. Ha duplicado (y a veces triplicado) los impuestos por lo que su pueblo pobre no puede pagarlos.

Padre Ubú es ambicioso.  Esa es su ruina. Los pobladores saben que el joven Brougrelas está vivo y confabulan para que retome el trono que le fue usurpado a su padre, que le llega después de batallar en una sangrienta guerra.

‘Mierdra’, Padre Ubú, lo estropeaste todo y si no escapas te cortarán las ‘onejas’ tal como se las cortabas a tus adversarios. Solo tenías que seguir la receta del poder que tus allegados intentaron que sigas, aunque ellos buscaban solo su propio bienestar  y en realidad te utilizaban.
 
Por eso, Padre Ubú, que no te sorprenda que tu esposa te haya robado el tesoro que te correspondía, tampoco te sorprenda que te haya sido infiel con uno de los guardias. Igual que ella, tus tropas tampoco te respetan ni obedecen. No has ofrecido un enriquecimiento rápido.

Padre Ubú es traicionero y cobarde. Para llevar a cabo los planes de asesinar al rey Venceslas ofreció a su capitán Bordure el ducado de Lituania. Cuando todo estuvo hecho, cuando fue el momento de pagar las deudas adquiridas, lo más fácil fue olvidar lo pactado.

Al final, Padre Ubú tuvo que correr como un desaforado, después de escuchar a los ángeles en sus sueños, después de probar las mieles del Cielo en la Tierra,  porque fue rey de Polonia, pero no fue rey en su vida. ¡Mierdra!

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