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El tratamiento de covid-19 en la terapia intensiva se complica

En una cama de terapia intensiva del Hospital Docente de Calderón, meses atrás. Foto: cortesía Salud

En una cama de terapia intensiva del Hospital Docente de Calderón, meses atrás. Foto: cortesía Salud

En una cama de terapia intensiva del Hospital Docente de Calderón, meses atrás. Foto: cortesía Salud

Por cada día en terapia intensiva, un paciente con neumonía severa por covid-19 necesita al menos tres ampollas de 50 miligramos de midalozam. Es una de las soluciones intravenosas para mantenerlos sedados con respiración asistida.

Si el tratamiento dura unos siete días, una persona en estado crítico requeriría 21 frascos de un fármaco que cada vez es más escaso en el mundo. Sin medicación de este tipo, el riesgo de mortalidad aumenta.

A escala global, la pandemia por SARS-CoV-2 ha sobrepasado la capacidad de los sistemas de salud. Las farmacéuticas no logran cubrir la demanda de sedantes y gran parte de los países productores ha suspendido las exportaciones para abastecerse. La situación se agrava en América Latina; y Ecuador no es la excepción.

“Hay dinero, pero no a quién comprarle”, anota Cristian Cevallos, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Cuidados Críticos de Pichincha. “El Ministerio de Salud (MSP) probablemente pueda abastecer el 30% de lo que se necesita”.

Midazolan, propofol, fentanilo y rocuronio son los fármacos que escasean, según los especialistas. El problema es generalizado y afecta más a centros públicos que a los privados. “Los hospitales públicos tienen un stock crítico. Significa que en un mes y medio se va a terminar”, afirma Cevallos.

Este Diario solicitó información al MSP y al IESS sobre el abastecimiento de sus unidades, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Los intensivistas reconocen que desde la Dirección Nacional de Medicamentos se realizan gestiones para superar la crisis. Incluso se les indicó que hubo un intento de compra en bloque pero la negociación se cayó por falta de producción.

Así que se plantean opciones. Juliet Cevallos, presidenta de la Sociedad Ecuatoriana de la Cuidados Críticos del Guayas, explica que se pueden usar otros anestésicos, hipnóticos y opiodes, aunque algunos podrían generar efectos adversos como alteraciones metabólicas y baja presión arterial.

“Otra alternativa, que no dependiente de fármacos, es el uso de cánula de alto flujo en pacientes que respondan al tratamiento”. Para aplicar esta técnica, los casos deben diagnosticarse tempranamente.

Ecuador registraba hasta ayer 360 personas con pronóstico reservado por covid-19. Y hay riesgo de un aumento.

Wilson Tenorio, presidente del Colegio de Médicos del Guayas, advierte la posibilidad de rebrotes a inicios de 2021 si se relajan las medidas sanitarias en diciembre. “20 días después de los últimos feriados hemos visto repuntes”.

Brasil, Argentina, Uruguay y México son los países de la región que producen sedantes. Generalmente, lo hacen bajo lineamientos de farmacéuticas americanas y europeas.

El exministro de Salud, Luis Sarrazín, dirige procesos de adquisición de fármacos para hospitales de la Junta de Beneficencia. Y desde abril, dice, en el pico de contagios, ha recurrido a negociaciones periódicas para evitar el déficit.

“Hacemos compras directas de forma continua, sin problemas, pero el sector público no tuvo la precaución de contactar a los proveedores antes de que la crisis se produzca”.

La Defensoría del Pueblo solicitó al MSP información sobre la disponibilidad de sedantes en los hospitales del país. Y exhortó al Servicio Nacional de Contratación Pública para que viabilizara la compra.

Con la pandemia, la demanda de sedantes aumentó en un 300% en la UCI, en donde labora Stenio Cevallos en una clínica privada de Guayaquil. El intensivista explica que este paciente crítico requiere 150 mg de midazolam al día.

Los sedantes se usan en mínimas dosis para la intubación, que toma de 30 segundos a cinco minutos, dice este médico. En el procedimiento el paciente debe estar dormido, quieto, con sus músculos relajados para introducir un laringoscopio que dirigirá un tubo hasta la tráquea. Este luego se conecta al ventilador mecánico.

La principal preocupación es mantener al paciente bajo un sueño profundo en la ventilación. Se lo intuba para mejorar la oxigenación, pero es necesario tenerlo completamente dormido para que los parámetros del ventilador funcionen -aclara-. Si se mueve va a oxigenar menos y puede morir más rápidamente”.

En contexto

En el mundo, el 90% de infectados de covid-19 presenta síntomas leves. El 10% restante requiere hospitalización; de estos, el 5% necesita una cama en cuidados intensivos. En general, los adultos mayores y con comorbilidades son los más afectados.

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