30 de noviembre de 2020 00:00

Siete trabajadores de primera línea relatan cómo se cuidan y cuántos test se han hecho

Susana Espinoza, enfermera, alista equipos para atender casos graves en el hospital

Susana Espinoza, enfermera, alista equipos para atender casos graves en el hospital. Foto: Julio Estrella / El Comercio

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Valeria Heredia
Redactora. (I)

Su trabajo los obliga a convivir con el covid-19. Mientras otros se han quedado en casa, ellos han estado a diario exponiéndose al contagio. Sin embargo, luego de nueve meses de la pandemia sus pruebas siguen saliendo negativas.

Una enfermera, un médico, un funcionario de alto nivel, un militar, un policía, un agente de control y un trabajador del servicio de limpieza han seguido ‘al pie de la letra’ las recomendaciones sanitarias para protegerse y cuidar a sus familias del nuevo coronavirus.

Susana Espinoza, de 33 años, es enfermera en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Metropolitano de Quito. Allí llegan pacientes con dificultades respiratorias graves, por lo que debe permanecer con su equipo de protección personal.

Mascarilla, overol descartable, visor, cubrezapatos y guantes son parte de la indumentaria. “Debemos usar correctamente el vestuario para evitar la transmisión”.

El cubrebocas N95, por ejemplo, es ideal para el personal sanitario. Reduce el contagio entre 79% y 90%, frente al 50% del quirúrgico y el 40% de los de tela. Los datos constan en un estudio publicado en octubre por investigadores de la Universidad de Tokio, citado por Agencia EFE.

Además, se debe conocer cómo se saca el equipo. Si no se hace correctamente hay riesgos de infección. Lo explica el infectólogo y catedrático Byron Núñez.

“Hay protocolos internacionales para el retiro del traje; primero deben sacarse el overolylos guantes; alfinal,la mascarilla y el visor; y deben desin­­fectarse con alcohol o gel”.

Susana dedica más de cinco minutos a quitarse este vestuario. “He tenido mucho cuidado, por lo que las ocho pruebas PCR que me he realizado han dado negativo”.

Freddy Maldonado, de 38 años, intensivista del Hospital Carlos Andrade Marín, del Seguro Social, concuerda en que es importante el retiro correcto de las prendas de protección e, incluso, la vestimenta y el calzado personal.

Cuando llega a su casa, primero pasa por la llamada ‘zona gris’. Es un espacio en donde deja -dentro de una funda-su ropa de calle, calzado y el tapabocas. Luego va directo a la bañera, para ducharse con jabón antibacterial. “Cumplido ese protocolo, puedo saludar a mis hijos y esposa”.

El galeno anota que pese a que ha estado en contacto con pacientes positivos, no ha tenido síntomas respiratorios. Sin embargo, se ha realizado seis exámenes: cuatro rápidos y dos PCR, por prevención.

Juan Manuel Aguirre, de 44 años, tampoco ha presentado sintomatología relacionada con covid-19. Él es director de la Agencia Metropolitana de Tránsito y a diario colabora en los operativos de control vehicular en las calles quiteñas.

Revisión de papeles a conductores de autos, buses y motos son parte de sus actividades, por lo que los riesgos de contagio -señala- son altos.

Por ello, optó por hacerse pruebas cada 10 o 15 días para confirmar o descartar. Sabe el peligro al que está expuesto.

“No he tenido síntomas respiratorios, pero sí he estado en contacto con positivos, por lo que me he realizado 27 test: 17 moleculares o PCR y 10 rápidos; todos negativos”.

Carlos Fernández, capitán de las Fuerzas Armadas y encargado del área financiera en el Hospital Militar, de Guayaquil, se ha aplicado en total 10 pruebas: dos rápidas, cinco PCR y tres cuantitativas. “Todas han dado negativo, por lo que confío totalmente en estas recomendaciones que nos han dado los médicos: distanciamiento, uso de mascarilla e higiene de manos”.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), de Estados Unidos, cumplir con estos protocolos es esencial en esta pandemia, en especial el lavado de manos con agua y jabón.

Con esta práctica se reduce la transmisión de este y otros virus causantes de patologías respiratorias -como el covid-19- y gastrointestinales. Si no se cuenta con estos insumos -dicen los CDC- el ciudadano puede usar gel con un mínimo de 60% de alcohol.

Santiago Vargas, policía, y Carlos Germán, subinspector del cuerpo de agentes metropolitanos de Quito, acostumbran llevar gel o alcohol en su bolso. Lo usan luego de cada revisión de papeles a conductores o del contacto con transeúntes y habitantes de calle.

“Usualmente tenemos contacto cercano con las personas, por lo que debemos cuidarnos de esta forma. En algunos lugares no hay agua y jabón, por lo que el gel es una buena opción”, recalcan.

Mientras Iván Guerrero, trabajador de la Empresa Pública Metropolitana de Aseo (Emaseo), decidió llevar en su mochila una botella con agua y un pedazo de jabón. Además, tiene alcohol y gel.

Durante la jornada laboral, el funcionario se asea más de 10 veces. “Vivo con mi madre y mi suegra, que tienen diabetes, por lo que están dentro de la población vulnerable. Me cuido bastante por ellas y por mí; no quiero perder a ningún miembro de mi familia”.

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