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Un tradicional negocio de venta de frutos secos en el Centro Histórico de Quito logró sobreponerse a la crisis causada por el covid-19

Foto: Julio Estrella / El Comercio

Foto: Julio Estrella / El Comercio

“Es doloroso, pero algunos locales de nuestra competencia han tenido que cerrar y a nosotros no nos ha pasado eso”, dice la propietaria.

Los esposos Nelly y Manuel Álvarez, de 56 y 58 años respectivamente, son los propietarios del local Harinas & Cereales Álvarez ubicado en las calles Rocafuerte y Chimborazo del Centro Histórico de Quito.

Ellos venden maní, frutos secos, nueces y almendras, así como toda clase de granos secos y en polvo. Antes allí funcionaba Molinos San Martín, pero sus propietarios alquilaron el local a los Álvarez.

La crisis económica causada por la covid-19 afectó los ingresos económicos de la familia, pero lograron superar los problemas con trabajo y perseverancia.

A continuación el testimonio de Nelly Álvarez:

“Desde hace 40 años nos dedicamos con mi familia a trabajar en la venta y producción de harinas y cereales que son 100% naturales. Nuestro primer local se ubica hasta hoy en las calles 9 de Octubre y 5 de Junio de Saquisilí, provincia del Cotopaxi. Recuerdo que mi papá compró un molino y poco a poco comenzamos a recibir los granos para molerlos y distribuirlos en varios sectores.

Manuel Álvarez ordena las harinas en los estantes. Foto: Julio Estrella / El Comercio

También éramos proveedores del Molino Artesanal San Martín que se localizaba en las calles Chimborazo y Rocafuerte del Centro Histórico de Quito. Les entregábamos morocho, máchica, entre otros productos. Con el pasar de los años, los propietarios de ese negocio fallecieron y trabajábamos con sus hijos.

Sin embargo, hace un año y medio, ellos nos propusieron que nos hiciéramos cargo del negocio porque estaban cansados y nos arrendaron su almacén. Incluso pensaron en cerrarlo, pero nos solicitaron hacernos cargo.

Con mi esposo lo pensamos mucho y finalmente decidimos venir a la capital para trabajar juntos. Él me convenció a aceptar el reto porque tuvimos que dejar nuestro negocio en Saquisilí a cargo de otras personas. Nuestros hijos también nos ayudan mucho desde sus conocimientos. Uno es ingeniero en marketing y la otra es experta en contabilidad y auditoría.

Así llegamos con ‘Harinas & Cereales Álvarez’ a la capital y ofrecemos toda clase de productos como frutos secos, tostado, quinua, pinol, mote, entre otros. Ahora, viajamos a Cotopaxi únicamente los sábados y domingos para descansar. También entre semana para comprar materia prima para el molino.

La atención al público se realiza con las medidas de protección. Foto: Julio Estrella / El Comercio

Antes de la emergencia sanitaria del covid-19, nuestro negocio en Quito crecía sin problemas. No obstante, todo cambió a raíz de los confinamientos ya que las autoridades pusieron muchas restricciones para evitar la propagación de la enfermedad. Eso nos afectó mucho, incluso pensamos en cerrar definitivamente el negocio. Estábamos muy asustados porque temíamos contagiarnos de covid-19, pues en la calle Rocafuerte siempre se producen fuertes aglomeraciones de transeúntes y comerciantes informales.

Los ingresos económicos bajaron siquiera en un 50%. Por suerte pudimos llevar toda la mercadería que teníamos a Saquisilí y la vendimos sin problemas. Incluso las ventas bajaron en el Mercado Mayorista de Quito en donde también somos proveedores.

La clave para no sufrir ha sido ser constantes, no desmayar, luchar, no perder la fe, no desanimarnos. Es doloroso, pero algunos locales de nuestra competencia han tenido que cerrar y a nosotros no nos ha pasado eso. La clave es vender producto 100% natural.

También nos ha tocado bajar el precio de los productos en USD 0,05 y 0,10. Por ejemplo, la harina de haba o arveja se redujo de USD 0,85 a 0,80. El mote pasó a venderse a 0,80, antes valía 1 dólar. La quinua se vende a USD 1,50, antes era 1,60.

Ahora, la gente ha regresado de a poco y nosotros les atendemos aplicando todas las medidas de bioseguridad”.