Policía halló 25 casquillos en el sitio donde fue as…
Romo, Sonnenholzner y Hervas participaron en los Con…
Crisis, Pandora y descontento, la bomba que Guillerm…
Protestas contra certificado covid reúnen a 40 000 p…
Capturan al jefe del ‘Clan del Golfo’, e…
‘Actuación del CNE fue transparente’ dic…
Miembros de mesas de votación podrán cobrar su compensación
Sismo de 4.9 en La Palma, donde volcán permanece activo

Testimonio de un Ingeniero Mecánico del Metro de Quito: ‘Ya hemos probado al Metro a 100 km por hora’

Damián Bolaños uno de los primeros operadores del Metro; empezó a trabajar en enero del año pasado. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

El ingeniero mecánico Damián Bolaños, de 34 años, es uno de los ocho operadores del Metro de Quito. Su misión es conducir los trenes y encargarse de que los equipos funcionen en óptimas condiciones. Él y sus compañeros se encargan de probar las máquinas y otros dispositivos que conforman el sistema de transporte.

“Ahora somos ocho operadores del Metro de Quito, pero luego se sumarán 46 más, para los 18 trenes que integran nuestra flota. Yo soy uno de los primeros e ingresé a trabajar en enero del 2020. En ese momento, otros dos compañeros ya eran parte del proyecto y se habían ­capacitado en España.

Antes de ser contratado, recuerdo que primero encontré un anuncio en la prensa, apliqué y me tomaron pruebas de electricidad, análisis lógico, matemática y un poco de mecánica. Pasé la primera fase y luego tuve que rendir más evaluaciones técnicas. No recuerdo las preguntas con exactitud, pero se relacionaban con hacer operaciones y cómo puedes involucrarte con una máquina, que en este caso son los trenes.

Ahora somos ocho ingenieros en total los que nos capacitamos de forma permanente. Los colegas que viajaron a España nos ayudan al resto. Tenemos que prepararnos constantemente para estar a la vanguardia. Analizamos los 11 subsistemas que funcionan dentro del tren. Revisamos la información del Metro, cómo trabajan el equipo ferroviario, las comunicaciones, entre otros detalles.

En realidad es muy complicado aprender a operar un tren con una capacidad de 1 500 pasajeros; es decir, diez veces más que la capacidad de los trolebuses. No solo se necesita estudiar lo que te enseñan en el trabajo, también se requiere una fuerte dosis de autopreparación.

Siempre busco información que se difunde por Internet, como videos. Leo libros en inglés técnico y se me hace fácil. También reviso textos en castellano elaborados por especialistas españoles, quienes conocen mucho sobre la instalación y las operaciones de trenes.

Nuestro trabajo consiste en hacer un ‘check list’ de la liberación del tren, también estamos pendientes de cualquier error que pueda presentarse en las cabinas, ejecutamos pruebas y hacemos recorridos en los túneles. Asimismo, nos involucramos en manejar todo lo que corresponde al material rodante.

Entre los compañeros operadores del Metro sumamos más de 1 000 horas al frente de las operaciones. Lo hemos probado a 100 kilómetros por hora y con 10 personas a bordo. No hemos tenido mayor complicación, pero lo más difícil ha sido adaptarme a un nuevo trabajo que no cuenta con referencias en el país, pero creo que trabajando día a día se lo logra dominar completamente.

Con la pandemia, el trabajo cambió mucho para nosotros. Por ejemplo, ahora los protocolos de bioseguridad son muy exigentes para preservar nuestra salud. Yo creo que por eso, pocos compañeros se han contagiado de covid-19 y no se han dado muertes hasta ahora, nos cuidamos demasiado aquí.

Mi familia es un puntal en mi trabajo, mi inspiración. Mi esposa, Estefanía Rivera, es increíble. Siempre me entrega buena vibra, las ganas y el amor como para seguir aquí adelante. Ella es ingeniera en Gerencia y Liderazgo, la conocí cuando ambos estudiábamos en la Universidad Salesiana; nos casamos hace tres años. Me ha acompañado en todo mi desarrollo profesional y somos un equipo.

Nuestro hijo se llama Sebastián y tiene 1 año y 8 meses. Cuando yo estoy fuera del turno de la noche, lo cuido y pasamos tiempo juntos. Jugamos con sus carritos y le acompaño todo el tiempo. Cuando me toca trabajar en horas de la madrugada, él se queda junto a su madre. La verdad es que me gustaría que se involucrara en los temas de máquinas y la mecánica, pues trabajar en el Metro es algo muy apasionante.

Desde que era niño sentía una fuerte atracción por las máquinas y la tecnología. Desarmaba mis juguetes, les sacaba el motor y revisaba cómo funcionaba cada una de las piezas. Estoy seguro que a partir de esos momentos comencé a forjar mi pasión por los aparatos y siempre soñé con ser un gran inventor.

Alguna vez incluso me imaginé lo hermoso que sería estar al frente de un ferrocarril y conducir maquinaria de esa magnitud a través de las montañas… Ahora, a mis 34 años esos sueños se han convertido en realidad, porque soy uno de los operadores del Metro de Quito, lo cual llena de orgullo a toda mi familia.

A diferencia de una locomotora tradicional, nuestros trenes funcionan con tecnología de punta y con mis compañeros nos encargamos de dar vida al proyecto más emblemático en la historia de la capital. La gente debe aprender a cuidar y a valorar lo que tenemos con esta obra. Debemos ser mucho más responsables. Es un orgullo para la ciudad, aprendamos a ser empáticos con el nuevo servicio que el Metro nos va a ofrecer”.

Su trabajo

Su labor consiste en hacer un ‘check list’ de la liberación del tren, identificar cualquier error que se presente en las cabinas, ejecutar pruebas y recorridos en los túneles. A diferencia de una locomotora tradicional, se destaca el uso de tecnología de punta.

Suplementos digitales