24 de January de 2012 00:04

Su artesanía tiene nichos en el mundo

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Juntos, recorriendo las calles y golpeando puertas se abrieron mercado. En una mochila guardaron, con cuidado, 20 figuras elaboradas por sus hábiles manos y en los almacenes de Sangolquí los aceptaron bajo consignación. A los pocos días se enteraron de que se vendieron todas. Así empezó el negocio de los esposos René Ñacato y Verónica Loachamín.

Desde 1993, esta pareja se dedica a elaborar a mano figuras hechas con bronce, metal, cerámica y huevos de avestruz. En el taller, ubicado en el valle de Los Chillos, vía Píntag, se escucha el sonido de la maquinaria. También el golpe de un martillo, que se utiliza para repujar las figuras. Allí, las manos dan forma a ángeles, quindes, tortugas, pavos reales, garzas, mariposas, peces y otras figuras.

Ñacato tiene 38 años y aprendió el oficio hace 20 años, cuando fue contratado para trabajar en un taller en Sangolquí. Daba forma a la plata. Su esposa Verónica, en cambio, se especializó en pintura y en cerámica. La fusión de las dos técnicas les ha permitido sacar al mercado figuras que funde metal, huevos de avestruz y cerámica. Con ellos trabajan Elizabeth Ñacato, Enriqueta Chuqui y Pilar Catagña.

La arcilla y el metal con los cuales elaboran sus figuras, las adquieren en almacenes de Quito. Cada mes compran las planchas de metal y cada dos meses, la cerámica. Las figuras alcanzan una altura máxima de 30 centímetros y las partes se ensamblan sobre el huevo de avestruz.

Cada mes compran entre 20 y 40 huevos al mes, dependiendo de la demanda. “Nos venden los huevos que están rotos o los que ya están sacados la comida”, comenta Loachamín.

Para elaborar una figura, primero colocan en un molde la cerámica, la pulen y la rayan con un señalador. Con un pincel lo alisan, ponen el color de base y luego van plasmando formas de colores. Para aplicar el metal, primero lo calan con una cierra.

En hacer un tucán, por ejemplo, se demoran mediodía. Delinean con pintura negra los detalles y lo meten al horno. Al final colocan las partes de bronce niquelado.

Los costos de las figuras van desde los USD 8. Algunas llegan a costar USD 95. Ñacato y Loachamín trabajan con sutileza y extremo cuidado, para evitar que el huevo se rompa. También reparan los huevos que están trizados. Eso es parte de su arte.

En el taller hay restos de metal regados por todo lado. Hace calor y con un soplete, que funciona a gas, se suavizan las láminas de bronce. En otro cuarto están los moldes de cerámica. Antes de ser enviadas al horno, las figuras reposan sobre mesas.

Las artesanías de esta pareja se han vendido en Estados Unidos, Israel, Brasil, Chile, Argentina, Perú, Bolivia y más países. Sus clientes más frecuentes son diplomáticos y agregados que han querido llevarse un recuerdo de Ecuador a su tierra natal.

Ñacato y su esposa tienen las manos marcadas. Dicen que es por la manipulación de las herramientas para cortar el metal. “Ya estamos acostumbrados. Una vez casi perdió el dedo, con una laminadora a motor”, dice Ñacato, mientras resalta que trabajar en cerámica es más moldeable, pero que hay que tener más paciencia.

Al mes venden, en promedio, 10 figuras de huevos de avestruz y 100 figuras de cerámica.

Esta pareja de artesanos lleva 16 años de casada. Tiene cuatro hijos: Isaac, Coralía, María Fernanda y Anahí. Él es de Sangolquí y ella de Cashapamba. Ñacato dice que su mayor logro se refleja cuando crea nuevos diseños y satisface al cliente. “Antes de hacer una figura pienso en ofrecer un buen producto al cliente. Todo lo que hacemos es de nuestra creación, no apelamos al plagio de modelos”, comenta Ñacato, al reconocer que desde pequeño disfrutaba del arte.

Aunque todavía no tienen un taller en Quito, cuenta que su mayor anhelo es hacer a futuro una galería que contenga todo su arte hecho a mano.


Sus artesanías

René Ñacato y  Verónica Loachamín son esposos y elaboran figuras de aves mezclando metal, cerámica y huevos de avestruz. Su taller está ubicado en Sangolquí.


Hay figuras de  diferentes precios. La más barata cuesta USD 8 y la más cara, USD 95. Se expenden, principalmente, en  almacenes de Sangolquí.
Cada  mes venden,  en promedio, 110 figuras.

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