15 de octubre de 2019 00:00

Cabildo evalúa daños al espacio público y Metro

La obra del Metro, ubicada en El Ejido, es una de las más afectadas por las protestas. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

La obra del Metro, ubicada en El Ejido, es una de las más afectadas por las protestas. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal y
Diego Bravo

Las mascarillas todavía tenían gasas -antes humedecidas con agua y bicarbonato-, para soportar la intensidad de los gases lacrimógenos. Pero ayer 14 de octubre del 2019, comerciantes autónomos las vendían a 25 centavos a los miles de quiteños que, con escobas, palas o solo con sus manos, intentaban borrar la huella de la violencia en lo que llamaron la ‘zona cero’: el parque de El Arbolito y sus alrededores.

No se daban abasto, pues la gente quería protegerse mientras participaba en la minga por amor a Quito, que comenzó muy temprano con los vecinos de la zona y poco a poco consiguió más apoyo.

En sus redes sociales, el Municipio había convocado a su personal y a la ciudadanía a la medianoche, después de que se anunciara el acuerdo entre la Conaie y el Gobierno. El alcalde Jorge Yunda declaró a Quito en minga permanente.

Las labores empezaron a las 02:00, contó Pubenza Fuentes, jefa de Despacho de la Alcaldía. Los primeros en sumarse fueron los indígenas. “A las 00:00, la gente de la Conaie decidió empezar a salir de la capital, pero limpiándola.

Tuvimos una minga de madrugada”. Ellos acomodaron los desechos y desde las 07:00, agentes de tránsito y personal municipal se los llevó en camiones.
Más tarde llegaron los chicos del Mejía y de la Universidad Central, quienes gritaron arengas típicas de sus instituciones. También, familias que trabajaban juntas bajo un sol intenso y un aire pesado.

En la Contraloría aún se sentía olor a gas y en vías como la 12 de Octubre, 6 de Diciembre y Tarqui se levantaba una mezcla de polvo y cenizas de llantas, madera y ramas quemadas que se adhería en la piel.

Eran tantas las manos que querían resucitar el área devastada que los camiones no se daban abasto. A las 09:00, 100 winchas que en días normales arrastran autos mal parqueados, se usaron para llevar los escombros. La Epmmop rescataba adoquines que los manifestantes no lograron romper.

Hasta hace 14 días, esta era una área de trámites, recreación y cultura. Luego parecía una zona de guerra. Pero ayer 14 de octubre, fue el centro de un nuevo inicio en el que aún había tensión. Cadetes de la Policía llegaron con escobas para ayudar. Algunos les aplaudieron y otros les insultaron. Ellos hicieron una cadena humana en una acera destruida, para acomodar los adoquines en una plataforma. En el Centro Histórico, los militares retiraron las concertinas y vallas, y la Plaza Grande volvió a recibir a sus visitantes.

Sara Hurtado está en la Facultad de Psicología de la Central. Sintió que ir a la minga era un deber, porque duele ver a la ciudad destruida. También llegó un grupo de Enfermería. Durante el paro, fueron voluntarias en varios puntos de socorro en la Cruz Roja, El Dorado y Av. Patria. Marjorie Jaramillo contó que se convocaron por WhatsApp y trabajaron desde las 08:00. Otros chicos ayudaban en la América. Desde El Arbolito salió una marcha hacia el Centro Histórico con voluntarios para limpiar.

También los jóvenes de la Católica y la Salesiana, en donde descansaban familias de comunidades indígenas, salieron a limpiar el vecindario de sus universidades. Un grupo retiraba pintura roja de la pileta y un monumento en la Madrid.

Lejos de las zonas más afectadas, la normalidad empieza a volver. La mayor parte de buses no operó durante el paro, por las tarifas y luego por seguridad, pues decenas de buses sufrieron ataques. Pero ayer volvieron a las calles y hubo congestión en zonas como La Marín, Patria, Napo o Maldonado.

A los buses, taxis y autos particulares se sumará el transporte escolar, pues hoy 15 de octubre del 2019 se reinician las clases. También regirá nuevamente la restricción del Hoy no circula, que los martes se aplica a los vehículos cuyo último dígito sea 3 y 4.

Para mantener operativos el Trole y la Ecovía, el equipo hizo maromas durante el paro. El día más crítico fue el domingo, pues la cantidad de tramos viales paralizados superó los 90 y hubo ataques a sus estaciones, paradas y unidades durante los 12 días de medida de hecho.

Ayer, salvo por las zonas donde se realizaba la minga, el servicio se mantuvo activo y contó con alimentadores. Su personal también se unió para retirar vidrios, latas y piedras de las paradas. La más afectada fue la Eugenio Espejo, de la Ecovía, frente al hospital.

Desde hoy, varios de los trabajos de repavimentación se retomarán, luego de que los indígenas de la Conaie que permanecían en la ‘zona cero’ volvieron a sus comunidades.

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