25 de September de 2009 00:00

La Policía de Alemania sigue el doble crimen en Guayaquil

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Todos vestían de blanco, como un símbolo de paz. Lo hicieron para rechazar la violencia, la inseguridad y, sobre todo, las muertes violentas. Hasta la plaza San Francisco, del centro de Guayaquil, llegaron unas 400 personas.

Las muertes de Claudia Poppe Jaramillo, alemana-ecuatoriana, y de su madre Sonia Jaramillo Durán convocaron la tarde de ayer a sus amigos, familiares y otros.
 
El delegado policial de Alemania en la Embajada de Bogotá, Michael Liebsch, revisa desde inicios de esta semana la investigación que realiza la Policía Judicial de Ecuador sobre los asesinatos de ocurridos hace una semana.

Acudieron estudiantes de la Escuela Politécnica del Litoral (Espol). “No + violencia”, era el texto que Gustavo Salazar escribió en los dos lados de una desgastada camisa blanca. La prenda fue templada en una pequeña cruz, formada por dos maderos.

Esa fue su manera de protestar por las dos muertes  ocurridas hace una semana, en la residencia de las mujeres, en Lomas de Urdesa, en el norte de Guayaquil.

“Ya basta de horror. Dios, sálvanos”. “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. “Ya basta, truncaron dos vidas, un futuro brillante, una líder se fue…”,  fueron otras frases que se usaron.
Y para recordarlas se imprimió en carteles  fotos de los rostros de las dos mujeres. Hasta ayer no había pistas de los autores de los crímenes. Los cuerpos de madre e hija fueron hallados en su departamento del condominio La Vista, en el norte de Guayaquil.

El fiscal René Astudillo dirige la indagación. Ya recibió el testimonio del novio de la joven, quien halló los cuerpos. Hoy, a las 17:00, hace el reconocimiento del lugar de los hechos y   la reconstrucción del doble crimen. 

Al plantón de ayer, que fue convocado por amigos y familiares, llegaron representantes de otros colectivos, como pobladores del Guasmo Central, un popular sector en donde las muertes violentas “son parte de la cotidianidad”.

Jorge Andrade, Alfredo Calero y tres amigos más no dudaron en portar pancartas que cubrían sus pechos y sus espaldas. En un largo texto se referían a este problema social. Su título lo decía todo “Ecuador, camal de América”. 
Redacción Guayaquil

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