16 de julio de 2018 00:00

Palora, la tierra de la pitahaya que va a Estados Unidos

Wilson Shucad entrega la pitahaya a su prima Anabel Jara, en San Vicente de Tarqui. Fotos: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Wilson Shucad entrega la pitahaya a su prima Anabel Jara, en San Vicente de Tarqui. Fotos: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Redacción Sierra Centro

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Palora es un poblado enclavado en las riberas del río Pastaza. Está amurallado de planicies, donde crece la pitahaya, una variedad de fruta exótica de color amarillo y comida blanca, dulce y exquisita.

Desde el 2012, este producto se exporta a Asia y la Unión Europea (UE), y desde julio del 2017 a Estados Unidos.

En el pueblo, de calles estrechas y adoquinadas, sobresalen grandes construcciones de ladrillo que revelan el boom del cultivo en este cantón de la provincia de Morona Santiago.

La zona comercial la conforman locales que ofertan materiales de construcción, de insumos agrícolas, abarrotes, comida, ropa, calzado y bisutería.

En el lugar, un grupo de vecinos carga los costales con semillas, pesticidas y materiales de construcción en una camioneta todoterreno.

El material será llevado a una finca de pitahaya en la parroquia Sangay. Para dirigirse a este sector, a San Vicente de Tarqui, a Arapicos y a 16 de Agosto, deben recorrer caminos de tierra que están llenos de baches.

Washington Hidalgo es presidente de la Asociación de la Pitahaya de Palora. El productor, de 43 años, es uno de los pioneros en exportar esta fruta al mercado asiático y la UE.

“La fruta crecía en el monte de forma silvestre. Un día llegó un empresario y comenzó a venderla en el mercado nacional. Años más tarde se envío a Hong Kong. Hubo trabajo y muchos de los obreros que cosechaban comenzaron a sembrar y ahora son productores”, cuenta Hidalgo.

Datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería indican que en el 2012 se registraron 250 hectáreas de la fruta y en la actualidad ya suman 755. Los sembríos requieren un suelo con buen drenaje, temperatura, luminosidad y abundante materia orgánica.

Los agricultores de la parroquia San Vicente de Tarqui recorren todos los días los extensos sembríos de pitahaya. Llevan un machete con el que retiran las malas hierbas, limpian los surcos y verifican las trampas de la mariposa.

Wilson Shucad cultiva cuatro hectáreas y construye un centro de lavado. El agricultor, de 25 años, terminará la obra con las ganancias de la segunda producción del año que será entre agosto y septiembre.

Dos de las cuatro hectáreas están en producción y calcula vender 16 000 kg este año. El kilogramo de la fruta no tiene un precio fijo, pero oscila entre los USD 2 y 8. “En la primera producción logramos vender 8 000 kilos que nos representaron USD 16 000”.

El productor se asoció con siete familiares y dos amigos, que cuentan con sembríos en los sectores de San Vicente de Tarqui, Arapicos y 16 de Agosto, para formar una compañía de exportación, denominada Dragón Fruit Palora.

Ya invirtieron USD 2 500, pero necesitan USD 18 000 adicionales para el centro de acopio y empacado, y otro rubro similar para adquirir materiales para la exportación, como cartones y mallas para la fruta.

Mónica Jara es representante legal de Dragón Fruit Palora. Su padre Ángel tiene una hectárea en San Vicente de Tarqui, que sembró en abril del 2017.

El precio, la rentabilidad y los mercados a donde se exporta lo incentivaron a sembrar. Invirtió USD 16 000 en la compra de semillas, postes de cemento y alambres.

La inversión no se elevó porque ya contaba con el terreno y la mano de obra.

A lo largo de la vía hacia Nudayme están las fincas con los sembríos de pitahaya. Las casas de construcción mixta (madera y cemento) son de un piso, con pequeños jardines.

Jorge Hidalgo es uno de los productores y exportadores del cantón. Hay ocho en total. Comenzó la producción en el 2012 y dos años más tarde se convirtió en exportador.

El mercado asiático es su principal destino y, desde el año pasado, vende también hacia EE.UU. Para enviar el producto invirtió USD 50 000 destinados en la edificación de un centro de acopio y empaque, con acceso restringido.

Unas 385 fincas en Palora, de entre 1 y 19 hectáreas, cuentan con trampas para la mosca de la fruta y son visitadas a la semana por 12 técnicos de Agrocalidad. Estos controles se hacen contra las plagas como la muruja, ácaros, nematodos, caracoles y babosas.

Por ahora, los vecinos de Palora esperan la nueva cosecha. Cuando esta etapa arranque vendrán trabajadores y empresarios de otras zonas de Ecuador, para llevarse la fruta y enviarla al extranjero.


Rectificación a pedido de Coordinación de Sanidad Vegetal de Agrocalidad

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