1 de September de 2009 00:00

La palabra presidencial

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Marco Arauz Ortega. Subdirector

El enlace presidencial del sábado fue inusual, pues no solo trajo un nivel de violencia verbal más alto que el ‘normal’, sino porque Rafael Correa trató con ligereza y poca reflexión el supuesto cierre de un canal privado, así como el contenido de un canal en manos estatales.  

Es verdad que el  pedido contra Teleamazonas pudiera quedar en manos de un ministerio que depende del Ejecutivo, pero el debido proceso va más allá de las consideraciones legales y de los deseos del Primer Mandatario, obligado por su misma condición a respetar las instancias y a no usar a su antojo el poder.

Por otro lado, probablemente todos coincidimos en los reparos al programa de  Laura Bozzo, pero, que se sepa, Correa no es gerente de programación de TC Televisión ni puede simplemente increpar al responsable con un “¿qué te pasa? (...) ahora mismo me quitas esa porquería del aire”.

Esa fue la tónica de la violencia verbal que usó reiteradamente los adjetivos porquerías, tonterías e imbecilidades para  referirse al trabajo de la prensa. También usó más de una vez el calificativo “periodiqueros” y afirmó que la mayor parte de periodistas es de “tontos arrogantes” o “brutos agenciosos”, aparte de sinvergüenzas, inmorales, mala fe.

En cuanto a algunos analistas, tontos con entusiasmo; a algunos articulistas, enfermos;  aparte de un largo memorial de agravios a periodistas con apellidos (tipejos, pobres hombres). La guinda fue la amenaza a Emilio Palacio, al mejor estilo pendenciero, de encontrarlo en la calle.

Difícil interpretar esa actitud como un simple estado de ánimo, pues son las expresiones de un Presidente que, paradójicamente, hizo en su enlace un largo alegato a favor de la honra personal...     

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