18 de diciembre de 2018 15:52

La misión es cambiar prácticas sobre la caridad en la Navidad

En Romerillos (Mejía), niños realizan actividades lúdicas para no salir a las calles.

En Romerillos (Mejía), niños realizan actividades lúdicas para no salir a las calles. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

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Valeria Heredia
Redactora (I)

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La vía E35, a la altura de Romerillos (Mejía), luce despejada, solo se observan autos. Esta escena era diferente hasta hace al menos dos diciembres, cuando los niños pedían a los conductores que les “regalen las navidades”.

La mendicidad es una problemática social vinculada a la pobreza extrema o indigencia y al trabajo informal. El 9% de la población ecuatoriana estaba en situación de indigencia hasta junio del 2018.

Entonces de los 17,1 millones de habitantes: 1,5 millones vivían en esta condición, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Este porcentaje se ha mantenido en los últimos años (ver gráfico). Sin embargo, en el mes de diciembre, por la temporada de Navidad y Fin de Año, se puede ver a más personas que piden ayuda en las vías de Quito, Guayaquil y Cuenca.

Marquito es un niño, de 11 años, que vive en Romerillos. Él y sus hermanos acostumbraban ubicarse a los lados de la E35 (seis carriles), para obtener un regalo o caramelos.

mendicidad

Cuando un vehículo se detenía, él, sus hermanos y otros niños esperaban que les den un dulce, pelotas o carritos, recuerda. Pese a la emoción que sentía por tener un juguete nuevo, no le gustaba salir. “Sentía mucho miedo”.

Esos cuadros se observan no solo en las periferias de las ciudades sino también en calles y avenidas principales.

Evolución de la población en indigencia

En sectores comerciales de la capital es frecuente ver a padres con niños en brazos, acercándose a los autos, en busca de dinero o dulces. Por ejemplo, en las avs. Naciones Unidas y La Y, en el norte. También se los ve alrededor de parques, plazas, terminales y mercados.

Una estrategia para erradicar la mendicidad es el acercamiento y también el seguimiento a las familias que se ubican en las calles con niños. Y también visitas a poblados rurales en condición de pobreza, para detener la migración.

En las avs. Orellana y Diego de Almagro hay personas que piden ayuda con sus hijos.

En las avs. Orellana y Diego de Almagro hay personas que piden ayuda con sus hijos. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Eso es parte de Misión Navidad, que reemplaza a la campaña Da Dignidad, que el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) implementó en el 2012. El objetivo es que los niños y adolescentes de familias pobres dejen de pedir caridad. Lo dice Marcia Toca, analista de Servicios Sociales, en el Distrito Rumiñahui.

Otra de las entidades a cargo de evitar que los chicos sean usados por sus padres u otros adultos, para pedir caridad, es la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños y Adolescentes (Dinapen).

Marcelo Parra, su titular, señala que los niños que mendigan en las calles y avenidas se exponen a riesgos: atropellamientos, explotación, maltrato e incluso pueden ser víctimas de trata de personas.

Los agentes de la Dinapen se acercan a las familias que piden caridad y les hablan de los peligros. “Hay quienes prefieren seguir mendigando en lugar de buscar otra opción”.

Marco y sus amigos de Romerillos ya no salen a pedir caridad en Navidad. En estos días serán parte de un programa navideño preparado por delegados del MIES. La danza será la actividad central la mañana y tarde del lunes 24 de diciembre. Y desde el 22 habrá ferias productivas, pambamesa y campeonatos deportivos.

Ese tipo de actividades, en las que se comparte comida, son estrategias del MIES, para que las familias con menos recursos desistan de mendigar. Otras acciones tienen relación con sumarlos al registro social, para la entrega de subsidios económicos.

Otro objetivo de Misión Navidad es que los ciudadanos hagan conciencia sobre el verdadero significado de la solidaridad. Por eso se decidió refrescar Da Dignidad, en la que se detectó inconvenientes como donaciones en mal estado.

El 70% de lo que les dejaban era desechado, según Silvana Haro, coordinadora de la zona 9 del MIES (Quito).

El Ministerio ya no recibirá donaciones. Habrá centros móviles de información, en 10 zonas de Quito. Se activarán el 23, 24 y 25. En esos puntos se compartirán contactos de fundaciones que reciben ayudas. Si llegan donaciones serán dirigidas a las organizaciones que trabajan con el MIES.

Otra preocupación es que algunos de los niños que trabajan también suelen ser obligados a mendigar. Lo apunta Silvana Haro. En el país hay 4 millones de niños, niñas y adolescentes, entre 0 y 18 años. El 8,3% de ellos está en condición de trabajo infantil en este 2018.

En el 2017, en la capital se detectó que unas 5 000 personas que se dedican a la mendicidad. Pero en diciembre, cada año, se registra un aumento de ciudadanos que piden caridad, las cifras suben un 10%, es decir, 500 personas más.

En diciembre del 2016, los agentes de la Dinapen abordaron a 477 niños y adolescentes. En el 2017 la cifra creció en 24%, es decir, llegaron a 591. Este año se espera una cifra superior, por la migración interna y también de extranjeros.

Hace dos meses, el venezolano Kevin llegó con sus tres hijos, de 5 a 15 años, a Ecuador.

No ha logrado conseguir trabajo, por lo que decidió ganarse unas monedas en una esquina del sur de la capital. Cuando el semáforo cambia a rojo, el hombre de cabello cano, se mueve entre los autos y muestra un letrero, a través del que pide le regalen dinero.

Así, la familia de Maracaibo obtiene un ingreso. Además recibe ayuda de una fundación internacional.

En un informe del Observatorio Social del Ecuador, del 11 de este mes, se indica que la mendicidad es una de las peores formas de trabajo infantil. Por ello debe ser controlada por el Ministerio de Trabajo, entre otras entidades. Además se habla de los riesgos de la explotación laboral, servidumbre y esclavitud a infantes y también a adolescentes.

Para prevenir hay que educar a las familias, coinciden Parra y Toca. En Romerillos, María Avendaño, madre de nueve hijos, recuerda que salían a pedir caridad en las calles, más que nada en Navidad. Dejaron de hacerlo debido a que uno de sus niños fue atropellado. Ahora prefiere sumarse a las actividades navideñas del MIES.

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