18 de June de 2009 00:00

La moral de Correa

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Carlos Vera Rodríguez

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De Rafael, no de Fabricio. Hace rato está evidenciada: “Moral cuando me favorece; inmoral cuando me perjudica”. Así podría resumirse. Y a él,  cuando le favorece a él, ni siquiera al Gobierno. En virtud de eso, le parece nefasto que una empresa esté constituida en el Caribe pero no que dos de su hermano lo estén en Panamá. Pregunta si su hermano se vio favorecido. ¿Qué significan estas palabras de Fabricio?: “La posición en que estoy me abrió las puertas, como me abrió las puertas en Mazar y Baba, para ser subcontratista de Odebrecht”. El Presidente habló de que lo importante era si había perjuicio al Estado: ¿lo va a determinar el Contralor amigo de  Gutiérrez, escogido por Correa?

El único perjuicio no radica solo en hacer obras tarde, de baja calidad o desmedido precio. Lo es también desalentar a quienes podrían hacerlo mejor, porque no se presentan al competir con desventaja ante el hermano del Presidente; o, alentar a quienes participan solo para llenar formalidades, como ocurrió con seis empresas invitadas por Petroecuador para una contratación en el Campo Auca: tres se excusaron de intervenir, dos no presentaron ofertas y solo una entregó la suya. ¿Cuál? Sí, esa: Quality Outsorcing, vinculada a Fabricio Correa, con experiencia recién desde  2007 en servicios petroleros.

Pero el lenguaraz de Carondelet no sabe nada. ¿Ignora también que la Ley de Contratación Pública aprobada por la Asamblea el 22 de julio de 2008 prohíbe la firma de convenios entre el Estado y familiares de funcionarios públicos y de elección popular? No se aplica a él. Cierto. Con alguna interpretación torcida de Alexis Mera saldrá, como aquella excusa de averiguar los negocios en los hermanos de otros ex presidentes. O sea, si ellos lo hicieron, ¿por qué este no?

Olvida que la prensa independiente indagó en todos ellos; Borja cerró Radio Sucre por la acusación a un hermano; Nicolás Febres-Cordero fue evidenciado al incursionar en temas petroleros y Ricardo Noboa Bejarano en telecomunicaciones.

Pero el caso de Fabricio no es el único, ni el último ni el más grave. Peor son las concesiones a Chávez, quien por donar una silla de ruedas a un desvalido afuera de Carondelet y una solidaridad mezquina al Estado ecuatoriano, está a punto de quedarse con la operación y administración de nuestro pozo Sacha. Le adecúan alguna modalidad contractual destinada a encubrir el regalo: 48 000 barriles diarios, el 26% de nuestra producción, con 452 millones de reservas probadas como remanente, o sea para 25 años más al ritmo actual de explotación. Ante eso, Fabricio es niño de pecho.

Irina Cabezas, asambleísta por la 35, pedirá datos a las instituciones públicas. ¡Qué ingenua! Mejor no fiscalicen nada: llamen a Juan Carlos Calderón, de Expreso. Dejen de verle la cara de cojudos a los ecuatorianos. Algunos parecen, pero no lo son.

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