1 de September de 2009 00:00

Maldonado cifra su obra en la S

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 Edwin Alcarás
Redactor de Cultura

Detrás de la letra S se esconde el secreto de la sabiduría. Las culturas prehispánicas lo sabían y el artista Estuardo Maldonado (Píntag, 1930)  ha peregrinado  toda su vida detrás de ese misterio.



En Europa asimilé  todos los ‘ismos’ que encontré, pero  siempre  escuché el  llamado interior de mis raíces La figura enroscada del enigma ha moldeado  la propuesta del casi octogenario creador,  reconocido con el Premio Eugenio    Espejo, en Actividades Artísticas.

Para él,  esa S -esa línea recta que se retuerce sobre sí misma, recorre sus ángulos y llega a su final como si llegara a un nuevo principio-   es un símbolo   de la conexión entre la vida y la muerte. “En la cultura Valdivia la S es angular.   Las partes verticales simbolizan la vida, la actividad;   mientras  las horizontales,  la muerte, el estado yaciente”.
 
El maestro sonríe con   un gesto muy  suyo, entre la pedagogía y la impaciencia, mientras recorre, por enésima vez,  los cuatro niveles de su galpón taller, en el   Centro  Histórico de Quito, en las calles Guayaquil, entre  Loja y Ambato.
 
Maldonado compró la casona, hace 25 años,   y  luego la  adecuó   como una   torre que aísla el  último piso -donde vive el artista-  de los demás  cuartos, muchos de ellos deshabitados.  Los dos patios y las habitaciones inferiores  están llenas de esculturas y piezas   arqueológicas que   colecciona desde  los 18 años.

“Luego de que terminé la Escuela de Bellas Artes, en Guayaquil,  conseguí un auspicio de la  Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, para viajar  por  Manabí y Esmeraldas.  Uno de esos días me llevaron a una excursión a La Tolita. Cuando llegamos, los pobladores nos mostraron unas fuentes llenas de efigies. La exuberancia del paisaje y la exquisita sensibilidad de las formas me marcaron para siempre”. 

En su memoria, ese  episodio de descubrimiento de la iconografía precolombina  está adosado   a otro  en el que un joven   Maldonado  descubrió los peligros del box.

“Estaba a punto de  enrolarme en una   flota mercante que se llamaba Grancolombia. En el puerto me detuvieron porque vieron que no había hecho el servicio militar.   Así que me cogieron. En el servicio militar, a veces,  se armaban cuadriláteros de box.  Un día  me pusieron frente a un boxeador profesional, fornido y terrible. ¿Qué podía hacer uno?   Pues enfrentarlo, me cubrí bien  y me dediqué a esquivar. Tenía que estar bien parado porque si me llegaba un golpe  me mataba ahí mismo”.  

Esa fortaleza de carácter es  anterior  (cuando tenía 13 años el artista se escapó de la casa paterna por lo que juzgó un castigo injusto, no volvió) y proverbial entre los artistas jóvenes  que  alguna vez arrendaron uno de sus cuartos para convertirlo en   taller  artístico.

El pintor Mellington Oña recuerda a un hombre   disciplinado. “A las 06:00 se levantaba a hacer ejercicio, desayunaba  e inmediatamente se  ponía a trabajar. Casi nunca  salía a la calle”.

“Un hombre introvertido, meticuloso y muy preocupado por los detalles”. Es la imagen que recuerda la directora del Centro Cultural Metropolitano,   María Elena Machuca. Una mezcla de científico y artista, un alquimista que logró sacar color al acero. “Fue el primero en  explorar esa posibilidad técnica”.
 
A sus 79  años,  Maldonado  se ve a sí mismo como un artista de vanguardia y mira con una mezcla de tristeza  y frustración el trabajo de  los artistas jóvenes.   “El arte contemporáneo ecuatoriano está decaído,  demasiado cómodo”.
Desde el arte contemporáneo, el artista Diego Arias, catedrático de Artes Visuales de la Universidad  Católica de Quito,  opina sobre el  trabajo de Maldonado.

“Sigue siendo muy clásico, en el sentido moderno del término. Sus piezas están trabajadas  como  piezas de museo. Su trabajo no ha sido confrontado lo suficiente  con las nuevas generaciones de artistas o teóricos del arte. Pertenece a una élite artística que  logró viajar y posicionar su  propuesta en Europa y EE.UU.”.  De cualquier modo, entre la vanguardia conceptual  y el pasado  visual más antiguo,  Maldonado es un referente  del arte nacional y de América Latina. Un hombre que halló el sentido enigmático  y plástico de esa S   indescifrable,  a la que aún persigue, en Quito, en Roma -donde vivió 40 años y su obra fue muy cotizada.

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