6 de mayo de 2018 00:00

La Mariscal, en Quito, celebra sus 100 años en mayo del 2018 

Una de las características del sector es la presencia de edificaciones antiguas en medio de los edificios modernos. Aquí, la Plaza Foch. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Una de las características del sector es la presencia de edificaciones antiguas en medio de los edificios modernos. Aquí, la Plaza Foch. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Daniel Romero

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Bien se puede decir que la llegada del ferrocarril a Quito echó la suerte para que se erigiera en antiguas tierras de agricultura y pastoreo un nuevo barrio, lo que hoy se conoce como La Mariscal,  cumple 100 años en mayo del 2018.

El historiador John Uggen, en un estudio que realizó sobre la constitución de las multinacionales en Ecuador, explica que a inicios de 1900 Quito tenía una falta de servicios bastante marcada. Las reformas del Gobierno liberal permitieron que el Municipio pudiese vender las tierras que poseía al norte. Con ese financiamiento, se esperaba que llegaran obras básicas a la población.

Así, Archer Harmann, el hombre que estaba detrás del financiamiento del ferrocarril con la empresa Ecuadorian Corporation, vio una gran oportunidad de negocios. Por lo que organizó nueve empresas, entre ellas la Empresa Eléctrica de Quito, la Empresa de Tranvía y la Anglo-French Pacific Syndicate. Esta última fue creada en 1905, específicamente para comprar bienes raíces que estuvieran cerca de una gran estación de trenes, que debía estar en la planicie posterior a la av. Colón. Nunca llegó a construirse porque no hubo presupuesto para un puente que cruzara el Machángara, de ahí que Chimbacalle fuera la parada final del tren.

La Anglo-French encargó a Modesto Sánchez Carbo la compra de esos terrenos al norte del parque de El Ejido. De allí surge la avenida Del Ejército, hoy avenida Patria. Esos lotes fueron vendidos por 125 000 sucres, al cambio de hoy serían unos USD 25 000.

En 1918, el Municipio creó un plan para constituir una ciudad-jardín en esos terrenos y las primeras familias, de altas posibilidades económicas, empezaron a mudarse a esos lotes. En 1924, por el centenario de la Batalla de Pichincha, se le da el nombre de Ciudadela Mariscal Sucre que, con esa especial forma de llamar a su barrios, los quiteños lo acortaron a La Mariscal.

La Mariscal cumple su centenario este mes. Lo hace en un momento en el que se debate entre la convivencia de moradores, comercios y su carácter turístico. Hay que agregar que todo eso se vive en medio de bienes patrimoniales.

Como referencia, la Administración Zonal La Mariscal tiene identificadas 200 infraestructuras patrimoniales. Asimismo, el barrio tiene una Ordenanza especial que lo cataloga como Zona Especial Turística y le otorga una administración zonal propia.

Fernando Garcés vive allí hace 33 años. Es el presidente de la Asamblea de moradores, pero está vendiendo la casa patrimonial en la que reside, porque para él es un problema el ruido y la inseguridad asociada a la zona de la Plaza Foch. “Por ejemplo, en una casa patrimonial se pueden encontrar hasta seis bares. No hay cuidado del patrimonio”, dijo.

Consuelo Mancheno, autora del libro ‘Historia y Memoria Colectiva del Barrio La Mariscal’, dice que La Mariscal ha vivido cuatro momentos importantes. El primero cuando en la década de 1950 se conformaron los primeros comercios y llegaron las embajadas.

El segundo cuando, en la década de 1970, el ‘boom’ petrolero abonó para que se construyeran los primeros edificios modernos. “A la par de la construcción de esas edificaciones, se instalaron los bancos y las primeras boutiques en la avenida Amazonas”, dijo.

El tercero, en 1980, cuando se inició cierta decadencia en el sector por la salida de moradores que arrendaron sus casas, las cuales terminaron convirtiéndose en negocios que, según Mancheno, no fueron de la mejor calidad.

Ahora, Mancheno dice que hay un cuarto momento: el del regreso de los residentes. Alfredo León, administrador zonal, dijo que el barrio es una zona consolidada y ahora vive una transición hacia lo cosmopolita.

León señala que en los dos últimos años se ha identificado el retorno de moradores al sector. “Este retorno se debe a la oferta inmobiliaria que existe ahora con la construcción de nuevos edificios en La Mariscal”. Mancheno coincide con León. Para ella, este es un nuevo momento importante en la historia del barrio.

Sin embargo, los moradores sostienen que la inseguridad es un factor que también marca la vida de quienes residen y trabajan actualmente en este sector de la capital.

Esta realidad llevó a que la Asamblea de ese barrio, en el 2017 solicitara al Municipio, con una marcha, un plan integral de seguridad.

Los datos de la Policía muestran que en el período de enero a marzo del 2018 hubo 272 delitos. Entre ellos, robo a personas, domicilios, negocios y vehículos. La cifra es ligeramente menor frene a igual período del 2017, cuando se registraron 278. El delito de mayor incidencia es el robo a personas.

Mancheno, que lleva datos del barrio, dijo que la inseguridad se da en mayor margen en la Plaza Foch. “Ese sector -dijo la autora del libro- no es la totalidad del barrio. El resto de La Mariscal es como cualquier otro barrio de la ciudad. Cuando se creó la Plaza Foch se tenía el objetivo de que sea un punto turístico que contara con servicios de alta calidad. Pero eso no se logró”.

Héctor López, quien se dedica a la investigación histórica, armó recorridos turísticos para los interesados en conocer La Mariscal más allá de la zona de entretenimiento de la Plaza Foch. Sus paseos guiados por las casas patrimoniales del sector hacen que la gente reviva esos primeros pininos que dio Quito para intentar volverse una urbe cosmopolita, con un barrio residencial en el que ahora se vive una delirante actividad nocturna.

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