26 de September de 2009 00:00

Inquietudes nacionales

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Abelardo Pachano

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1. Mucho se habla de que estamos en crisis y que hay desempleo y pobreza. Sin embargo, los fines de semana se ven grandes cantidades de personas en los mercados, supermercados y centros comerciales. ¿El modelo socialista del siglo XXI tiende a promover el consumo?

¿Cuántos son los que hacen estas visitas? ¿Qué porcentaje de la población son? Me parece que en la formulación de la pregunta-conclusión existe un efecto “ilusión” distorsionante de la realidad. Hay millones de ecuatorianos que no caminan por ahí, aunque es cierto que con la urbanización y el mejoramiento de la distribución del ingreso de los últimos ocho años se ha producido un aumento del consumo y de los consumidores, pero estamos todavía distantes de la generalización, que por lo  demás al ser mirada desde el ángulo de la conducta fiscal sí tiene asidero, pues el Gobierno tiene una disposición al gasto muy marcada.

Desde la óptica de los comerciantes, este año no les ofrece resultados positivos en sus ventas. Han decaído. La gente compra menos, lo cual se aprecia en los informes económicos nacionales con bastante claridad. Lo que sí se ve con cierta amplitud son los llamados “mirandas”, es decir aquellos visitantes de centros comerciales que deambulan sin adquirir ningún producto. Para algunas familias, realizar esta rutina es una suerte de paseo de fin de semana.

2. En la Reforma Tributaria convendría insistir en reconsiderar la progresividad y no hacer la doble tributación que se halla en curso.

De acuerdo. El planteamiento de un impuesto que llegaría al 10% de los dividendos que reciben los accionistas de las empresas que ya pagaron el 25%, no es otra cosa que el aumento del tributo que pagan las unidades de producción.

En la práctica, el impuesto a la renta de las empresas pasa del 25 al 35%. La propuesta esconde este hecho disfrazándole como un sistema que cobra a la persona que recibe el dividendo, que para tenerlo muy claro es la misma que aportó el capital para que funcione esa empresa.

Entonces, la discusión de fondo radica en la consistencia de esta propuesta dentro de una economía en recesión, con alto desempleo que necesita de la inversión privada para mitigar estos problemas, pero que se la castiga bajo el argumento de que algunos accionistas pagan cifras irrisorias porque viven de los dividendos. Si esto es así, que puede ser verdad en algunos casos, el SRI está reconociendo su incapacidad para cobrar a los que debe hacerlo, y por esa falta de cumplimiento de sus obligaciones sanciona o castiga a todos los demás.

Este aumento de impuestos y la duplicación del impuesto a la salida de divisas, trabajan armónicamente en el desestímulo a la producción, al ingreso de capitales al país, cuyos efectos se verán de manera muy marcada en aumento de precios en los productos que consume el país y la contracción de la inversión privada con el daño correspondiente en el empleo.

3. ¿Puede el Gobierno, de manera unilateral, negarse a participar en las audiencias de conciliación en los casos de las empresas relacionadas con Fabricio Correa?

Está en su derecho. Como parte de una causa en la cual se busca dilucidar las diferencias producidas por la terminación unilateral de los contratos pertinentes, tiene la posibilidad y libertad de escoger el camino que le parezca más conveniente a sus intereses. Obviamente, las consecuencias de esta actitud se la verá en el futuro cuando los árbitros o jueces dicten las sentencias.

Una postura de esta naturaleza no impide que la causa continúe. La autoexclusión de una parte no produce ninguna ilegitimidad. Recordemos que el Ecuador se negó a participar en el arbitraje del Ciadi con la Oxy. Sin embargo, el proceso continuó y ahora le ha tocado comparecer para defender su punto de vista.

4. Existe una fuerte percepción de que el presidente Obama no está caminando al ritmo que demandan sus electores. ¿Le parece justa esta percepción?

Las tareas que tiene al frente son inusualmente duras y complejas. Lucha contra una crisis de proporciones que amenaza toda la estructura económica en un ambiente cargado de pasiones y tensiones. Las inequidades se han profundizado y los reclamos sociales suben de tono. Las relaciones internacionales perdieron vigor y la presencia de los EE.UU. en los foros mundiales carecieron de peso político. En fin, los retos son enormes y obviamente las expectativas van de la mano. Por eso, algunos reclaman más cambios para que no solo se baje la temperatura sino que se ataque el mal que la aquejó.

En menos de diez meses de gestión muchas cosas han cambiado, y la mayoría para bien. La gravedad de la crisis ha disminuido de una forma muy perceptible. Ya no se teme por la vigencia del sistema financiero internacional y la mayoría de las corporaciones o empresas productivas han logrado superar la amenaza sobre su vivencia. Poco a poco se restablece la confianza y los mercados empiezan otra vez a dar signos de convalecencia. Obviamente la tarea va para largo y los retos demandan un liderazgo que sigue siendo muy fuerte y se lo aprecia en la capacidad de convencimiento que demuestra frente a temas complejos.

Es cierto, también, que la derecha norteamericana está empeñada en una campaña de enfrentamiento y ahora lo hace con motivo de la reforma al sistema de salud pública, que busca resolver un problema profundo de inequidad con 49 millones de personas que no tienen acceso a este beneficio y que Obama se comprometió en las elecciones.

Recordemos que el Gobierno impulsó decisiones de una envergadura tan descomunal para evitar un colapso que hubiera producido una catástrofe mundial, con algunos millones más de despedidos a los que ya existían o están en esa situación.

Los efectos ya se los ve y la producción da algunas señales de recuperación mientras la inflación es baja y el desempleo que llegó al 9.7% es el dolor de cabeza que constituye la prioridad del programa de recuperación económica en vigencia. A esto se suma la existencia de un déficit fiscal muy alto producto de la crisis.

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