10 de octubre de 2019 10:01

Los indígenas pasaron la noche, en la Salesiana, sin inconvenientes, tras el impacto del gas lacrimógeno

La comunidad indígena pudo descansar las bombas lacrimógenas lanzadas por efectivos de la Policía Nacional, para dispersar a los manifestantes, a lo largo de la av. 12 de Octubre y dentro de los centros universitarios. Foto: Roberto Peñafiel/ EL COMERCIO

La comunidad indígena pudo descansar las bombas lacrimógenas lanzadas por efectivos de la Policía Nacional, para dispersar a los manifestantes, a lo largo de la av. 12 de Octubre y dentro de los centros universitarios. Foto: Roberto Peñafiel/ EL COMERCIO

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Valeria Heredia

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Debajo de unas gruesas cobijas de tigre y cobertores, grupos de indígenas de las diferentes localidades de la Sierra descansaban la noche de ayer, miércoles 9 de octubre del 2019, dentro del Coliseo de la Politécnica Salesiana, de Quito. Otros reposaban en los exteriores en carpas, también envueltos en cobijas. Ellos llegaron a la capital para mostrar su descontento frente a las medidas económicas anunciadas por el Gobierno Nacional, el 1 de octubre.

La mayoría usaba gorros de lana, gorras, mantas y sacos para protegerse del frío de la noche quiteña. Lucían más tranquilos, superando el nerviosismo generado tras las bombas lacrimógenas lanzadas por efectivos de la Policía Nacional, para dispersar a los manifestantes, a lo largo de la av. 12 de Octubre y dentro de los centros universitarios. La ministra de Gobierno, María Paula Romo, lo admitió, se disculpó y reiteró que no volverá a ocurrir.

Este hecho se registró pasadas las 18:30 en el estacionamiento de la Salesiana y en los patios de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Ambos centros educativos son desde el lunes 7 de octubre, zonas de protección humanitaria y de paz, para los indígenas, en especial, niños, mujeres y adultos mayores. Llegaron para sumarse a las protestas de los trabajadores.

Universitarios recolectan alimentos y ropa para los indígenas que llegaron a Quito. Captura video


En la Salesiana, por ejemplo, los encargados de la organización son chicos de la Federación Estudiantil y docentes. Ellos han conformado brigadas para receptar y entregar donaciones, ayudar en el cuidado de niños y en la atención médica, entre otras comisiones, explicó Javier Herrán. Él es el rector de la Salesiana. “Los jóvenes han organizado y han distribuido al personal. Asumieron su responsabilidad”.

En total hay 150 voluntarios que atienden a entre 2 500 y 3 000 indígenas que permanecen en ese espacio. Es por ello que se rechaza toda forma de agresión y uso excesivo de la fuerza, se explica en un comunicado emitido cerca de las 23:00 del miércoles 9 por los dos centros de educación superior. Piden “se respete la autonomía universitaria”.

Darwin Reyes es docente y forma parte del equipo logístico de la universidad. En el momento de la caída de la bomba, el catedrático estuvo dentro del coliseo. Tras hacer una evaluación -señaló- que no hubo heridos, pero sí asfixiados, producto de los gases. Además intranquilidad porque los indígenas esperaban que las universidades sean zonas seguras. “Afortunadamente no tuvimos mayores novedades, pero hemos atendido a los heridos de las protestas en el centro médico, en el que están doctores en formación de esta universidad y de la Central”.


La Salesiana, Central, Católica y Politécnica además se han unido, con una propuesta. Sus rectores pusieron a disposición del país toda su capacidad y propusieron ser mediadores, en medio de la conflictividad social, que vive el país, desde hace ya una semana.

La presidenta del Consejo de Educación Superior (CES), Catalina Vélez, recorrió la noche de ayer las dos universidades afectadas por las bombas lacrimógenas. Recordó que estos espacios son de acogida y por ello deben ser considerados zonas de paz. “He visitado la Católica y la Salesiana y he comprobado que todo está organizado, para dar acogida, ofrecen un servicio importante a las comunidades, por lo que actos como estos (lanzamiento de bombas lacrimógenas) son condenables, porque son espacios de ayuda humanitaria y las universidades son recintos con autonomía y no pueden ser espacios de ataque”.

Vélez insistió que se rechaza estos ataques violentos. “Hacemos un llamado para construir la paz y que el orden vuelva al país. Pedimos que se respete estos espacios”.

La comunidad indígena recibida en centros universitarios pudo descansar después del impacto de bombas lacrimógenas lanzadas por efectivos de la Policía Nacional la noche del miércoles 9 de octubre del 2019. Foto: Roberto Peñafiel/ EL COMERCIO

La comunidad indígena recibida en centros universitarios pudo descansar después del impacto de bombas lacrimógenas lanzadas por efectivos de la Policía Nacional la noche del miércoles 9 de octubre del 2019. Foto: Roberto Peñafiel/ EL COMERCIO

La titular del CES señaló que ya transmitieron la preocupación de las autoridades educativas a los representantes del Gobierno Nacional. La Secretaría de Educación Superior también se pronunció anoche, se sumó al rechazo por lo ocurrido. Sobre posibles daños en estos centros educativos, Vélez señaló que “no he podido constatar afectaciones en la infraestructura de las dos universidades”.

Pasadas las 22:00, el movimiento en el interior de la Salesiana fue disminuyendo. Algunas personas dormían bajo las mantas, otro grupo jugaba fútbol, en la zona de los parqueaderos, en donde cayeron las bombas lacrimógenas. Profesores y estudiantes también descansan, en un salón para continuar con su trabajo esta mañana.

A esa hora también llegaron vehículos, que traían más donaciones: ropa, zapatos y más cobijas, para los indígenas. Una cadena humana formaron, estudiantes, docentes e indígenas, para movilizar los cartones, hasta la universidad. Minutos después se repartió todo en el coliseo. ¿A quién le hace falta ropa de niño?, preguntaban. También se distribuyó alimentos, para la comida de hoy, y pan, colas y jugos.

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