21 de enero de 2021 18:38

Entre lágrimas Luis: 'Yo tengo a la mejor esposa del mundo', él va todos los días al Hospital en Portoviejo

El hombre lleva 52 días pidiendo por la recuperación de su esposa. Foto: Tomada de la cuenta Twitter Hospital de Especialidades Portoviejo

El hombre lleva 52 días pidiendo por la recuperación de su esposa. Foto: Tomada de la cuenta Twitter Hospital de Especialidades Portoviejo

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El Diario (Manabí)

Cada mañana, antes de salir de su casa, Luis Aguilar mira a Taira, le hace una caricia y le repite la promesa: “Tu dueña pronto vendrá”.

Por su dueña se refiere a Leslie Pino, su esposa y “madre” de Taira, una perrita french que adoptaron hace varios meses y que es la adoración de ambos.

Por ahora y desde el 27 de noviembre, Leslie se debate entre la vida y la muerte en el Hospital de Especialidades Portoviejo, allí permanece intubada en la sala de terapia intensiva, luchando por vencer al covid-19.

El drama para ellos empezó a mediados de noviembre. El 14, Luis sintió los síntomas de la enfermedad y aunque se aisló en otra habitación, no entiende por qué su esposa también se contagió. El coronavirus afectó más a Leslie, fue deteriorando su salud hasta que fue necesario internarla.

Su caso es muy complicado. Hace ya varias semanas, uno de los médicos le informó que era necesario llevarla a Cuidados Intensivos con sedación y respirador artificial.

Alertada por la fatal noticia, la madre de Leslie tomó el primer vuelo de Estados Unidos a Ecuador para estar pendiente de la evolución de su única hija. Junto a su esposo también aguardan con el corazón en la boca cada noticia.

Leslie permanece en el piso dos de uno de los grandes bloques de la casa de salud; no la ve hace ya 50 días, sin embargo se dio cuenta de que su amada está en una habitación cuya ventana da a uno de los patios internos del hospital.

El espacio queda entre dos bloques. Es un área húmeda, fría, solitaria y que para él se convirtió en el lugar perfecto para pedirle a un poder celestial que interceda por la salud de su esposa.

Así cada día, después de despedirse de Taira, llega a las 08:00 al hospital y se pone de rodillas, siempre en dirección a la habitación, con la cabeza baja y cerrando los ojos empieza a orar: “El Señor es mi pastor; nada me faltará. En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce, me da nuevas fuerzas…” repite una y otra vez entre susurros, lágrimas y más emociones. Luego, pide y ruega a Dios que le conceda el milagro de la sanación. Asegura que la palabra tiene poder, que por más complicada que sea la misión “la fe mueve montañas”.

Su imagen rezando cada día se ha convertido ya en una postal y símbolo de esperanza para los familiares de otros pacientes y de visitantes que llegan a la casa de salud. Allí permanece el tiempo que sea necesario, no se impone ningún plazo y ora hasta que cree que ha descargado todo su pedido y sus promesas.

Su misión va sumando participantes, pues en ocasiones lo acompaña el pastor de la iglesia cristiana a la que asistían con su esposa. Ambos se arrodillan y dan inicio a una especie de ceremonia. Están seguros de que Leslie siente esa fuerza positiva en la habitación cercana y se mantendrá en la lucha.

Luis cada vez está más convencido de que los ruegos van haciendo efecto, pues en estos últimos días los médicos le han dado una noticia alentadora: Leslie ha mejorado, es un progreso mínimo, pero un avance en definitiva.

Cuando le dieron esa noticia no pudo contener las lágrimas y feliz, en la noche, le contó a Taira que su dueña ya está mejor. La perrita lo lamió como si compartiera su alegría.

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