1 de abril de 2021 00:00

Las hermandades y cofradías quiteñas no participarán en procesiones

Darío Hernández muestra los trajes de cucuruchos guardados en San Francisco. Foto: Patricio Terán / El Comercio

Darío Hernández muestra los trajes de cucuruchos guardados en San Francisco. Foto: Patricio Terán / El Comercio

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Betty Beltrán

Como quien no quiere nada, hará un par de semanas que intensificó sus idas y venidas por la iglesia de su pueblo. Tomás Cuichán, de la Agrupación Diablos de Alangasí, está alicaído porque el párroco le ratificó que no podrá participar, por segundo año consecutivo, en la tradicional procesión de Semana Santa.

Para evitar contagios del covid-19, el COE nacional y la Arquidiócesis de Quito prohibieron que este Viernes Santo se realicen aquellas manifestaciones de fe católica que convocaban a miles de fieles en las calles. Solo habrá pequeñas ceremonias de los eventos más emblemáticos de Quito, casa adentro y con aforo reducido.

También en Alangasí, 20 km al suroriente de la capital, se prevé hacer la representación del monte Calvario dentro del templo y con 10 devotos máximo. En ningún caso estarán los diablos, porque basta la presencia de uno solo para desbordar la euforia, dice el sacerdote del lugar, Norbey Tapiero.

No eran los únicos que formaban parte del viacrucis de esa localidad, pues en tiempos normales participaban 32 agrupaciones; allí iban, a más de los demonios, los santos varones, ángeles, turbantes y el cuadro vivo de la Pasión.

Estas asociaciones son sucesoras de las antiguas cofradías que hacían obras de piedad y cuyo apogeo fue frenado por el rey Carlos III de España, a finales del siglo XVIII, porque según la Corona “eran usadas para temas políticos y actos de sedición”, explica Patricio Guerra, cronista de la Ciudad.

Para el siglo XIX, una que otra siguió funcionando; en el XX, no trascendieron. En todo caso, entre sus funciones estaban seleccionar a los personajes del viacrucis, dirigir los ensayos y mantener el vestuario, acota el historiador.

Lo que en la actualidad hace otra de estas agrupaciones, la de Voluntarios de Jesús del Gran Poder, es el arreglo de las andas donde se cargan las imágenes que salen en procesión, comenta su presidente, Pa­tricio Gallardo.

La procesión de Jesús del Gran Poder, que tiene 60 años de historia, se vivirá una vez más solo dentro del convento de San Francisco. Se prevé que haya 60 participantes (entre frailes, voluntarios, estudiantes del San Andrés y fuerza pública). “Esta miniprocesión es un milagro y un signo de renovación”, agrega Gallardo.

Se tiene previsto que a las 11:30, en el claustro del convento, comience el rezo de Verónicas y cucuruchos. Luego se tocarán las dianas y se dictará la sentencia, explica el hermano Darío Hernández.

A las 12:15 habrá un sobrevuelo en helicóptero por la ciudad, con las réplicas de las imágenes de Jesús del Gran Poder y la Virgen de los Dolores.

Dos tallas similares, aunque no tan antiguas como las franciscanas, estarán en la procesión que se planea en el estadio de Chimbacalle, apunta Steve Domínguez, de la Agrupación Jesús del Gran Poder Zona Sur. Esta tradición comenzó en 1997, en el barrio La Unión.

Como no pudieron hacer una convocatoria abierta, los miembros de la agrupación estarán metidos en la piel de los 60 estandartes, almas santas, sahumeriantes, Cristo, cucuruchos, Verónicas, monaguillos y romanos, quienes desfilarán este viernes desde las 12:00. A ellos se sumarán 80 integrantes de las bandas.

Sobriedad y sigilo son los elementos que mejor definen otra tradicional procesión, la Del Silencio, del convento de Santo Domingo, que representa a Jesús puesto en el santo sepulcro. Este será el segundo año que no se lleve a cabo, “aunque sea en pequeño, este rito”, apunta Beatriz Yupangui.

La mujer, de 64 años, es integrante del Grupo de Oración Dominicana. La procesión llevaba haciéndose en la zona desde algo más de 25 años. Empezaba a las 18:00 y se caminaba con cirios encendidos. Ahora -dice- no le quedará más que seguir la pasión y muerte de Jesús por Radio María.

Para este año no se hará ninguna celebración especial, ratificaron desde el convento de Santo Domingo. Todo se limitará a dos o tres misas y a la llamada “adoración de la cruz”. Muy diferente a lo vivido en años pasados, cuando la procesión de Semana Santa era la más esperada del calendario.

Las crónicas de los viajeros dieron cuenta de aquello, en el siglo XIX. En el libro ‘La ciudad y los otros Quito 1860-1940’, de Eduardo Kingman Garcés, se menciona que la Cuaresma comenzaba con una solemne procesión, en donde a más del Presidente y del Ejército también estaban las cofradías y “algunos indios disfrazados de diablitos y sacha runas…”.

Aquellos diablos de antaño perviven en Alangasí, aunque por la pandemia otra vez se quedarán sin teatralizar el viacrucis ni, tras la muerte de Jesús, adueñarse del pueblo hasta el Sábado de Gloria.

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