5 de septiembre de 2020 00:00

La frontera agrícola de Azuay y Cañar se amplió durante la emergencia sanitaria

La microempresa Fresco y Sabroso laboraba con seis personas antes de la pandemia y ahora tiene 15. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

La microempresa Fresco y Sabroso laboraba con seis personas antes de la pandemia y ahora tiene 15. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (I)
ecuador@elcomercio.com

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La actividad agrícola despuntó durante la pandemia del covid-19. En Azuay y en Cañar, por ejemplo, más familias se dedican al trabajo en el campo e incorporaron 12 000 hectáreas de productos.

Esta cifra representa un incremento del 10% de la superficie agrícola en ambas provincias, de acuerdo con información de la Zonal 6 del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Hasta antes de la crisis, Azuay y Cañar tenían cerca de 120 000 hectáreas para la producción de alimentos.

Los dueños de los terrenos abandonados no los hacían producir por falta de demanda en los mercados de la región, pero en este momento, por el desempleo y mayores pedidos de alimentos, se han dedicado al campo, dijo Polivio Gomezcuello, responsable de Producción del Ministerio.

Son albañiles, obreros, artesanos y hasta profesionales quienes salieron a las ciudades; y tras quedarse sin empleo, por la crisis económica, regresaron al campo para cultivar sus tierras, aseguró Gomezcuello. “Hay quienes se unieron a redes de producción para cumplir con los pedidos de productos”.

Es el caso de Félix Morocho, quien perdió su trabajo como contador en una empresa cuencana; ahora cultiva moras y hortalizas en su propiedad de 1 500 metros en el cantón Nabón. A esta labor se dedica desde mayo pasado.

En San Martín de Puzhío, ubicado en el cantón azuayo de Chordeleg, 25 familias dejaron de tejer sombreros de paja toquilla porque no tenían compradores; en la actualidad se dedican a la agricultura. Desde abril cultivan papas, granos y hortalizas.

Amada Naranjo, presidenta de la Asociación Sembrando El Futuro (Chordeleg), señaló que identificaron que la prioridad de las ciudades era garantizar la alimentación de la población, por ello aumentaron su producción. Tienen ­3 hectáreas cultivadas y en­tregan la producción en los mercados de Cuenca.

Otro caso es el de Sebastián Torres, quien es socio de la microempresa Fresco y Sabroso. Según él, antes de la emergencia sanitaria la mayor cantidad de productos que vendían en los mercados de Cuenca provenían del norte del Ecuador. En la actualidad, ese requerimiento es cubierto con los alimentos que se producen en el Austro.

Su agrupación cuenta con 4,5 hectáreas, donde siembran brócoli, coliflor, lechuga, col, apio, perejil, cilantro de diferentes variedades y plantas
aromáticas. Están en el sector de Los Álamos, en la parroquia cuencana de Cumbe.

También trabajan con redes de agricultores de Guachapala, Oña, Paute y Cañar, que les proveen de los productos que no tienen. Les compran esas cosechas para atender la demanda de sus clientes, que son 25 tiendas y cadenas de supermercados de Cuenca, Guayaquil, Machala y Loja.

Torres dijo que con la pandemia las personas prefieren una alimentación saludable y productos frescos. “Por la cercanía, los cultivos del Austro tienen más demanda”.

Él puso como ejemplo, que hasta febrero vendían un máximo de 800 lechugas cada semana y, en la actualidad, superan las 2 000 unidades.

A sus proveedores les brindan asesoramiento en la siembra, cosecha, normas, políticas de calidad y uso de abonos, contó Torres. Es decir, les transfieren conocimientos y les compran cada semana para que tengan capacidad de crecimiento.

En la provincia vecina de Cañar creció la producción de papas, principalmente.

Además, en mayo pasado, técnicos de la Prefectura iniciaron el proyecto de reproducción y mejoramiento de la semilla de la papa superchola, en la granja experimental de Burgay, que es un espacio de investigación.

Desde entonces se cultivan en 3 hectáreas de ocho comunidades de los cantones de Cañar, Azogues y Biblián. De esa cosecha se seleccionan los mejores tubérculos para las próximas siembras, y se entregan a otros agricultores.

En este trabajo se centró la Prefectura de Cañar, tras identificar que la falta de semillas de calidad certificada es el mayor problema de los agricultores. “Tenemos buenas condiciones de suelo y clima para su cultivo”, señaló el prefecto Byron Pacheco.

En contexto

Los gobiernos locales de Azuay y Cañar capacitan sobre técnicas de cultivo, abonos y ventas. Mientras que las autoridades del Ministerio de Agricultura firmaron convenios con 60 de las 63 juntas parroquiales de Azuay, para impulsar el cultivo orgánico.

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