28 de June de 2009 00:00

La fama es una enfermedad contemporánea

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La Nación Argentina, GDA

Cuantas más lágrimas, más humillación, más conflicto y más confusión, más disfruta el público, escribió en el diario The Daily Mail el psicólogo David Wilson, tras la caída de la escocesa Susan Boyle en el concurso Britain’s Got Talent .



Coelho escribe de la fama fácil 
La pérdida de valores y el camino hacia la fama fácil es el tema central de The Winner Stands Alone, la reciente novela de Paulo  Coelho.
“Todo el mundo quiere ser famoso por el simple hecho de serlo. Existe una diferencia entre ganar fama y fortuna a través del talento o la pasión por escribir, dirigir o actuar, y querer ser famoso por serlo”, explica Coelho
El escritor quiso escribir una novela sobre la locura colectiva por  alcanzar la fama sin más ni más.

Boyle, cuya interpretación de I dreamed a dream fue vista en YouTube por 20 millones de personas durante apenas una semana, cantaba así su propia historia: “El sueño de que mi vida podría ser/ muy diferente de este infierno en el que vivo/ y ahora la vida ha matado el sueño que soñé”.

El mes último, esa mujer que se convirtió en un fenómeno global no soportó el éxito inmediato y, luego de quedar en el segundo puesto en el concurso, debió ser internada en una clínica de Londres especializada en tratar a los famosos que sucumben ante las presiones del éxito. En menos de dos meses, el ascenso y la caída de Susan, de 48 años, que vivía con su gato y cuya imagen está bien lejos de los cánones establecidos de belleza, fueron vistos en la Web 185 millones de veces.

“Debemos detenernos y pensar en la importancia que se le da en la cultura actual al hecho de ser famoso. Todos quieren que te conozcan, porque eso es sinónimo de éxito -reflexiona la psicoanalista Gabriela Prinsich-, pero esto habla de un vacío cultural y familiar. Lo que importa es lo inmediato, la instantaneidad con la que se deben conseguir las cosas, dejando de lado el estudio, la formación y hasta la vocación. En definitiva, queda descartado todo aquello que da seguridad, porque lo otro, esa fama inmediata, suele estar sustentada solo por lo ilusorio. Creés estar preparado para ganar, y si no lo conseguís sos un fracaso. Y, sinceramente, muy pocos pueden vivir con ello”. 

Este exhibicionismo, que bordea el afán de voyeurismo de mucha gente, encuentra en Gran Hermano -el formato que nació en Holanda en 1999 y que cambió la TV mundial- el inicio de un fenómeno de ascenso a la fama sin escala. “Por lo general, las personas que acuden a este tipo de programas o que muestran al mundo sus videos contando alegrías y penurias deben hacer frente a un vacío que es anterior al de la fama, un vacío que se pone en evidencia cuando dejan de ser el centro de las miradas -comenta la psicoanalista Gabriela Prinsich-.

Vivimos en una sociedad exitista; no se perdonan los fracasos”.

Con más de 25 años en el medio como RR.PP., Sofía Neiman destaca la importancia de la trayectoria a la hora de hablar de fama. “Podemos hacer una generalización y decir que está la fama mediática, esa inmediata que surge de un concurso, de un escándalo, de un reality; y la otra, la que deviene de una trayectoria”.
 
“Toda esta cultura de la exposición mutó con la llegada de los reality shows y obligó a que la gente del medio se replanteara el concepto de promoción -explica Neiman-. Tengamos en cuenta que basta un importante juego de estímulos publicitarios, o sea, una campaña de marketing, para crear a un personaje popular sin importar lo que hay detrás. Se necesita estimular para vender, y esto también se aplica a aquellos personajes que tienen una historia detrás”.
 

“Famoso, yo quiero ser famoso”, gritan los chicos cuando se les pregunta qué quieren ser cuando sean grandes y, lo que es peor, sus padres también quieren que sean famosos. “Los padres no inculcan a sus hijos la idea del estudio, del esfuerzo o la apuesta por la vocación”, destaca la licenciada en psicología Cynthia Rodríguez Novillo, especialista en niños.

“¿Sabés cuántas veces se acercaron a mi oficina diciéndome: ‘Mi hija es muy linda, ¿la podemos recomendar para modelo?’. Esto es más frecuente de lo que uno quisiera”,  se lamenta Neiman. 

“Desde hace varios años venimos observando este fenómeno de que todos quieren ser famosos”, explica la licenciada Nora Schulman, directora ejecutiva del Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (Casacidn). “Los chicos copian a los adultos, que en definitiva son el modelo a seguir. En los castings, en el deporte,  uno escucha barbaridades en boca de madres, padres, tíos, y es testigo de la angustia de los más chiquitos, que están sobrepasados, con miedo de  fracasar”.

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