27 de abril de 2019 22:29

Continúa la toma de la embajada de Venezuela en EE.UU. con el lema 'Maduro sí, yanqui no'

Una treintena activistas continuó con una movilización que comenzó hace dos semanas, durante las cuales han estado durmiendo en la sede diplomática en Estados Unidos. Foto: AFP

Una treintena de activistas continuó este 27 de abril del 2019 con una movilización que comenzó hace dos semanas, durante las cuales han estado durmiendo en la sede diplomática en Estados Unidos. Foto: AFP

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Agencia AFP

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Los activistas estadounidenses que están viviendo en la embajada de Caracas en Washington para impedir la llegada de la delegación del líder opositor venezolano, Juan Guaidó, reconocido por Estados Unidos como presidente, siguieron este sábado 27 de abril del 2019, su movilización gritando “Maduro sí, yanqui no”.

Con consignas como “Diablos no Juan Guaidó” y “Maduro sí, yanqui no” (en español), una treintena activistas siguieron con una movilización que comenzó hace dos semanas, durante las cuales han estado durmiendo en la sede diplomática, con la anuencia del gobierno de Nicolás Maduro.

“Estados Unidos intentó un golpe y falló”, dijo durante una protesta en la puerta de la embajada la codirectora de la organización Popular Resistance, Margaret Flowers, que sostenía una pancarta que decía “¡Fuera Guaidó!”, también escrita en español.

Los activistas - que se organizaron en una plataforma llamada Colectivo para la Protección de la Embajada desde la salida de los últimos diplomáticos venezolanos el 24 de abril - ahora viven en las instalaciones y mantienen el edificio.

En las mañanas se organizan para limpiar las instalaciones y distribuir otras tareas logísticas.

En una sala presidida con un mural que muestra al fallecido expresidente venezolano Hugo Chávez hablando en la tribuna de las Naciones Unidas organizan conciertos de música latinoamericana y charlas.

“El gobierno de Estados Unidos está tratando de orquestar un golpe de Estado contra un gobierno legítimo en otro país y por legítimo lo que quiero es que es reconocido por la ONU”, explicó a la AFP Brian Becker, militante de la organización ANSWER Coalition, un acrónimo para Actúa Ahora para Detener la Guerra y el Racismo.

“Es inaudito”

El edificio de cuatro plantas, ubicado en el elegante barrio de Georgetown, está cerrado al público, después de que la mayoría de los diplomáticos dejaran el país tras perder su estatuto, después de que Estados Unidos se convirtió en uno de los primeros países en reconocer a Guaidó en enero.

En los últimos días también se ha convertido en un lugar de peregrinación de opositores a Maduro.

Blanca Gruber, una venezolana de 56 años, acudió a la embajada el sábado por segundo día consecutivo, esta vez con una pancarta gigante compuesta por un colaje en blanco y negro con las palabras “Maduro Genocida” escritas en rojo.

“Es inaudito, están ellos hablando y reconociendo un régimen que lo que es es un genocida y está matando a los venezolanos, los mata con hambre, los mata con falta de medicinas”, dijo la manifestante que gritaba a los paseantes mientras los activistas estadounidenses tocaban el clarinete y un bongó.

Los últimos funcionarios que quedaban oficialmente como emisarios extranjeros, por ser representantes ante la Organización de Estados Americanos (OEA), ya abandonaron la instalación antes de perder su fuero que caducaba el jueves.

La OEA votó el 10 de abril por 18 votos a favor aceptar al enviado de Guaidó, Gustavo Tarre, como representante de Venezuela hasta que haya nuevas elecciones, con lo que los funcionarios perdieron su fuero diplomático.

Según Estados Unidos, corresponde al delegado ante Washington de Guaidó, Carlos Vecchio, determinar el momento para la salida de los activistas.

Ambos países rompieron relaciones diplomáticas después de que Estados Unidos reconociera a Guaidó, por considerar que el segundo mandato de Maduro, que comenzó el 10 de enero es ilegítimo.

Desde entonces, Washington ha impuesto una escalada de sanciones progresivas para socavar el poder del mandatario venezolano.

Venezuela enfrenta además de la crisis política una debacle económica sin precedentes, con una hiperinflación prevista por el FMI en 10 000 000% este año y una escasez de bienes básicos que ha provocado la migración de más de 2,7 millones de personas desde 2015, según la ONU.

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