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Los ‘sin nombre’ de Portovelo

Caseríos de madera. En los barrios Machala y Buenos Aires de Portovelo es donde habita la mayoría de mineros peruanos. Por sus habitaciones pagan entre USD 20 y 40. Algunos se quedan sólo por seis meses por trabajo.

Caseríos de madera. En los barrios Machala y Buenos Aires de Portovelo es donde habita la mayoría de mineros peruanos. Por sus habitaciones pagan entre USD 20 y 40. Algunos se quedan sólo por seis meses por trabajo.

‘Sin nombre” -¿Por qué? -“Porque aquí no tengo nombre” -Lo llamaremos así entonces’ ‘Sin nombre’ es peruano, minero. Vive en un caserío en el barrio Machala, junto a otras 10 familias peruanas como él, quienes especialmente en estos días no quieren responder preguntas ni hablar.

El barrio Machala está en las afueras de Portovelo, un poblado minero en el sur del Ecuador. En este y en la barriada de Buenos Aires habita la mayor parte de los inmigrantes peruanos, legales y no legales, que llegan a este pueblo atraídos por el sueño minero.El Municipio no tiene cifras oficiales del número. El alcalde de Portovelo, Julio Romero Orellana, se atreve a decir que la población peruana es 50 a 50, en castellano, casi la mitad del pueblo proviene de Perú. “Las operaciones mineras pequeñas contratan a cualquiera. A veces los tienen escondidos para evadir los controles”.

Otras, como Rosa María, quien atiende uno de los restaurantes donde los extranjeros se congregan, piensa que hay más peruanos que ecuatorianos. Portovelo fue el centro de atención nacional por el accidente en que fallecieron cuatro mineros. Luego se anunció el control laboral de los mineros irregulares.

Luis es otro ilegal. Trigueño, de mediana estatura, llegó a Portovelo hace 10 meses. Vive en el barrio Buenos Aires, a pocos metros del cuarto que ocupó Paúl Aguirre, uno de los mineros que quedó atrapado y falleció hace dos semanas en la mina Casa Negra

Aguirre murió, junto a los ecuatorianos Walter y Ángel Vera y Pedro Mendoza.

“A uno lo tienen como esclavo. Los de las minas te ponen multas (USD 30) si faltas un día. Y si quieren botar te dicen que perdiste un pico o una pala y te descuentan. Entonces, sigues ahí para al menos llevar algo. A nosotros nos ponen los trabajos más duros, en las zonas más difíciles”, relata.

‘Sin nombre’ asegura que él ni loco se mete en una mina. Su trabajo es conducir las grúas. Durante la entrevista parece animarse a hablar. Pero luego se hace para atrás. Sus vecinas creen que si hablan los deportarán.

El temor y el miedo son dos palabras comunes entre ellos.

“Les hacen descuentos injustos. Si se lastiman no les dan ni para las medicinas. Un chico peruano falleció electrocutado y lo querían dejar donde sea. Finalmente lo llevaron a Aguas Verdes (Perú). Somos peruanos, no animales para que nos traten así”, dice.

El dinero es la principal motivación para ir a Portovelo. Por guardia, las minas pagan a los peruanos (legales o no), lo mismo que a los ecuatorianos, entre USD 12 y 15 por las ocho horas de jornada.

A la semana, con unas 15 ó 16 guardias trabajadas, se llega a ganar alrededor de USD 260. Al cambio, unos tres soles por dólar, son 780 soles. En Perú, el salario básico por semana es de apenas 120 soles. Luis paga por su habitación USD 30 por mes. Hay lugares más baratos, en los que se cancela 20 y pueden albergar a dos o tres personas. ‘Sin nombre’ paga USD 40 mensuales.

Allí tienen dos baños, que se dividen entre los hombres y las mujeres. Hay una lavandería, que se comparte entre todos. Los cuartos no son más de tres metros cuadrados. Las paredes y las divisiones son de madera.

“Para el que no conoce las minas es feo. Es oscuro. Necesitas lámparas de carburo o no ves nada y te puedes caer en un hueco. Las minas como en la que recién fallecieron los mineros son viejas. Tienen como 100 años. Por eso hay mucho relleno (lodo) que al ir trabajando se puede derrumbar. El calor es mucho, si no llevas agua te mueres”, explica Luis, quien hace poco sacó a un compañero que se desmayó por asfixia.

Los mineros peruanos llegan principalmente de Piura. Aunque también hay de Cajamarca, Cusco, Iquitos’ No todos aguantan. La mayoría permanece solo seis meses.

-¿Pero es bueno que los legalicen? ¿O prefieres trabajar? “Sería bueno que lo hagan. Pero lo que importa es trabajar”’

Luis lo dice a pesar de que sus brazos están llenos de cicatrices y magulladuras. Hace menos de un mes tuvo un accidente y terminó con su espalda casi triturada. “Dios no quiso que me rompiera la espalda”’ Sus jefes no le dieron ni para una pastilla”, dice. Su espalda conserva las marcas producidas por el accidente.

Jhonny Pacheco, presidente de la Cámara de la Pequeña Minería de Portovelo, considera que no se puede negar trabajo a los peruanos en situación irregular. “Sería lo mismo que negarles a los ecuatorianos en España su derecho a trabajar”, recalca.

Reconoció que en las empresas se contrata a peruanos y que no se les puede decir ilegales, porque la mayoría tiene la tarjeta andina. Además, se los contrata porque falta mano de obra.

Luis termina su café. Se levanta y se va caminando despacio de regreso a su cuarto. Mañana será otro día en el paraíso del sueño minero. ‘Sin nombre’, tal vez, en algún momento no tendrá miedo de ser llamado Miguel o Fernando o Roberto’

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