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Mantra retratos para la contemplación

Los retratos son parte fundamental y está en los orígenes de la fotografía como arte.

La fuerza de la mirada directa se ha vuelto para mí un recurso muy potente de conexión con el alma. Un ejercicio de contemplación profunda, que no deja de alimentarme.

Contemplar a un ser vulnerable -a veces rebelde, otras manso– es potente y mas aún cuando esto se repite.

La mirada del ser humano, cruda, directa, sin adornos ni disfraces (a blanco y negro), sin elementos que nos distraigan, nos deja mirar el alma que habita dentro de cada contextura, de las facciones, mas allá de su estructura ósea y de la piel vivida.

Me mueve la idea de retratar una realidad que se presenta incierta, sin rumbo; y de poder identificarme con todos esos matices complejos que forman parte del ­espíritu humano.

De esto se trata este proyecto: una serie de retratos realizados durante el primer año de pandemia, que encuentra un sentido a medida que voy fotografiando. Poco a poco encuentra un rumbo dentro de un ritmo propio.

Básicamente es una memoria gráfica (fotográfica) de la gente de la ciudad de Quito y sus alrededores durante la pandemia.

Son miradas con una cadencia que va tomando fuerza. A medida que estas se repiten, van formando un mantra silencioso que sacude el alma.

Contemplar el rostro humano durante un buen rato se convierte en un acto de amor, es mirarse a uno mismo y encontrar una razón.

El primer plano  
Sebastián Cordero

El primer plano siempre ha sido la herramienta más potente que tiene un cineasta. El retrato, el acercamiento a los ojos es lo que nos da una visión del alma de
la persona.

Las fotos de Simón Brauer nos invitan a meternos en ojos ajenos. Y, de alguna forma, logran que esos ojos se metan dentro de los nuestros también. Miramos y nos vemos mirados, y de esa forma interiorizamos.

Son fotos directas, simples, potentes. Esta serie empezó durante la pandemia, en un momento de mucha introspección en cada individuo. Y en las fotos no solo se siente esa introspección del sujeto… se siente también la del autor.

Un ‘mantra’ es un instrumento mental que, a través de la repetición, invita a la interiorización. La repetición del mismo recurso es esencial en esta serie. No hay distracciones entre las fotos: se usa el mismo lente, se trabaja en blanco y negro, con una única profundidad de campo corta y con el mismo encuadre.

Las mascarillas son circunstanciales, no siempre presentes, pero siempre parte del personaje, igual de importantes que cualquier prenda o accesorio, y no obstaculizan el retrato. Nada obstaculiza el retrato.

No sabemos nada de la persona que nos está mirando en cada foto. Tenemos mucha y poca información a la vez. Sin embargo, la entendemos profundamente.

Comunión  
Lorena Cordero

Miro tu rostro, te miro de cerca. Percibo tu piel, te siento. Me acerco más y entonces los poros de tu piel se abren ante mí, y las líneas de tu rostro caen como cascadas, desnudándose, llevándome por los caminos de tu vida.

Cada una de ellas me cuenta una historia, a veces oscura, a veces luminosa, a veces torcida, a veces fluida, cada una tiene su importancia, cada una conecta con otra. La profundidad de tus rasgos me envuelve y comulgo con tu laberinto, en tu laberinto.

Esos surcos, que parecen cortezas, me seducen: quieren develar tu edad, quieren mostrar tu alma. Recorro una línea, después otra, y otra más, infinitamente, repetitivamente. Me pierdo y me encuentro una y otra vez.

Hay poros tan inmensamente pequeños y líneas que me llevan a tus sentidos. Te siento tan cerca que hasta puedo escuchar las voces de tus demonios. Cierro mis ojos y tu respiración me calienta. Respiro a tu ritmo, lento y profundo. Me quedo ahí unos segundos, sintiendo…

Al abrir mis ojos me encuentro con tu mirada, tus pupilas que me muestran luz, y tus párpados pesados que, en cambio, ensombrecen, me atrapan y nuevamente me llevas al viaje por tu vida. Miro tu rostro, te miro de cerca. Percibo tu piel, te siento. Eres mantra y yo ­comulgo en ti.

Gracias, Simón, por ser un puente profundo e infinito, llevándonos a conectar con cada alma, develando el mantra de cada uno, el mantra que llevamos en la piel.

La Neurona Digital

La carrera de Brauer como director de fotografía y fotógrafo vira hacia lo artístico, donde la experimentación es una herramienta fundamental. Por eso creó Neurona Digital, junto a su esposa y colega fotógrafa Lorena Cordero, en 2005.

Brauer fue de los primeros en luchar para estudios cinematográficos en Ecuador cuando las películas locales eran escasas. En 2014 se presentó en Variety, como uno de los talentos más interesantes de Ecuador (junto al director Diego Araujo y al actor Víctor Aráuz).

Como director de fotografía ha colaborado con reconocidos cineastas ecuatorianos como Sebastián Cordero, Mateo Herrera, Iván Mora Manzano, Ana Cristina Barragán y Diego Araujo.

Brauer, a lo largo de su carrera, ha conseguido varios premios. Desde 2007 ha recibido galardones en algunos de los concursos de fotografía más importantes a nivel mundial.

Su obra ha sido expuesta en museos y galerías de prestigio, como Museo de la Fundación Portuguesa de las Comunicaciones en Lisboa, Portugal; La Fábrica en Madrid, España o el Museo Municipal de Arte de Puerto Llano, España.

Simón Brauer 

Nació en Quito el 22 de junio de 1973. Es fotógrafo y director de fotografía. También es autor del primer libro ecuatoriano sobre fotografía 3D, ‘Quito Profundo’.

Colaboró ​​en varias agencias de publicidad, revistas, películas y libros. Su carrera, donde la experimentación es una herra­mienta fundamental, ha estado constantemente
enfocada en el arte.