19 de noviembre de 2019 22:29

Dubái cría salmones en pleno desierto

Bader bin Mubarak, director ejecutivo de Fish Farm, mientras mantiene un salmón en sus instalaciones en Dubái. Foto: AFP

Bader bin Mubarak, director ejecutivo de Fish Farm, mientras mantiene un salmón en sus instalaciones en Dubái. Foto: AFP

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Agencia AFP

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Desde el centro de control en pleno desierto de Dubái, se pueden recrear las condiciones climáticas de Noruega y las frías corrientes del Atlántico para garantizar la supervivencia de una industria salmonera incipiente pese al abrasador calor reinante.

Dubái sabe de ambiciosos proyectos surgidos, como la construcción de una isla con forma de palmera frente a las costas o unas pistas de esquí dentro de un centro comercial.

Pero “nadie se hubiera imaginado” que se puedan criar salmones en el desierto, reconoce Bader bin Mubarak, jefe ejecutivo de la piscifactoría. “Es exactamente lo que estamos haciendo en Dubái”, asegura.

En las instalaciones, el agua y las temperaturas fluctúan para crear las condiciones que necesitan los salmones para crecer en cuatro tanques gigantescos en pleno desierto.

“Simulamos la salida y la puesta del sol, las olas, las corrientes marinas o simplemente el agua dulce de los ríos y tenemos aguas profundas y poco profundas”, explica Mubarak. 

Incluso para un país conocido por sus extravagantes empresas, construir una piscifactoría en la frontera sur del emirato, fue un auténtico desafío.

El salmón vive normalmente en las aguas frías de Islandia, Noruega, Escocia, Alaska o Chile, por lo que criar salmón en un país donde las temperaturas alcanzan los 45º es como mínimo arriesgado.

“Crear el entorno para el salmón fue lo más difícil”, reconoce Mubarak.

“Pero tuvimos la idea de hacer agua oscura que se parece a las aguas profundas, una fuerte corriente como el océano con el mismo nivel de salinidad y la temperatura del Atlántico”.

'Excelente producción' 

La granja compró unos 40 000 alevines en un criadero en Escocia y miles de huevos en Islandia para criarlos en tanques abiertos en el distrito de Jebel Ali, en el sur del país.

El salmón nace en agua dulce pero vive en agua salada la mayor parte de su vida antes de regresar a los ríos para desovar.

En su nuevo hogar en Emiratos Árabes Unidos, los tanques se llenan con agua de mar limpia y filtrada.

La piscifactoría produce entre 10 000 y 15 000 kilos de salmón mensualmente.

Un trabajador alimenta a los salmones en una instalación de piscifactoría en Dubái. Foto: AFP

Un trabajador alimenta a los salmones en una instalación de piscifactoría en Dubái. Foto: AFP

Se construyó en 2013 con el apoyo del príncipe Sheikh Hamdan bin Mohammed bin Rashid Al-Maktoum, para criar salmón y otros pescados como la serviola japonesa, utilizada en la preparación del sushi.

Pese al desafío tecnológico, la “mayor producción” de la piscifactoría es el salmón, que se vende en Dubái y en el resto de los Emiratos Árabes Unidos, donde viven millones de expatriados.

“Los UAE importan cerca del 92% del pescado que consumen, y el objetivo es sustituir estas importaciones con producción interna para tener seguridad alimentaria”, explica Mubarak.

“En caso de interrupción, ciclones o inundaciones, los UAE podrán abastecerse solos. Este es el principal objetivo”, reconoce.

Pros y contras 

Otro objetivo de la piscifactoría es ser respetuoso con el medio ambiente. Dada la enorme necesidad energética, la piscifactoría tiene planes para abastecerse con energía solar.

Los pros y contras ecológicos de la industria pesquera en tierra, en comparación con la cría en ríos y mares, genera un vivo debate, como es la alternativa de criar pescado salvaje.

“Existe preocupación sobre el bienestar de los peces en tanques cerrados cuyo comportamiento natural es nadar libremente en mares y ríos”, dice Jessica Sinclair Taylor, de Feedback Global, un grupo medioambientalista con sede en Londres.

“También preocupan las necesidades energéticas y por tanto las emisiones de carbón”.

Pero también reconoce que estas pesquerías en tierra evitan la contaminación de lagos y mares donde suelen estar instaladas las piscifactorías salmoneras, y donde los desechos pueden alterar los ecosistemas marinos.

Según la Cámara de Comercio e Industria de Dubái, UAE importaron USD 630 millones en pescado, crustáceos y moluscos en 2017 y exportaron 280 millones.

La única piscifactoría de UAE espera producir al menos el 50% de las necesidades del país en dos años, dice Mubarak.

En abril, empezó a vender sus productos en supermercados. Pese a sus orígenes, el salmón está etiquetado como 100% orgánico “por la alimentación del pescado y la ausencia de antibióticos”.

“Es más caro, pero también pienso en la calidad, he probado diferentes salmones antes y este es el menos graso y mi familia lo prefiere”, dice Katja, una alemana que vive en Dubái.

Dice que los UAE están “haciendo realmente enormes esfuerzos para producir no solo pescado sino también verduras y otros alimentos localmente. Pienso que deberíamos apoyarlo”, asegura.

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