19 de enero de 2019 11:19

Daniela, testimonio de acoso en Quito que estremece en redes sociales

Una joven universitaria de Quito denunció por acoso a un hombre, que la contactó a través de redes sociales. Foto: Pixabay

Imagen referencial. Daniela, joven universitaria, ha sido acosada cinco años por un hombre 20 años mayor en Quito. El caso está en la Fiscalía. Foto: Pixabay

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Redacción Elcomercio.com

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Durante una cena, Diego le confesó que no era la primera vez que la veía. Aquella noche del 30 de junio del 2018, el hombre de contextura delgada llevaba gafas, gorra, la barba crecida, veinte años mayor. La cita había sido acordada a través de una red social para conocer a personas.

Daniela no sabía que aquella reunión en un restaurante del norte de Quito era solo una pieza en una historia de vulneración, acoso, violencia... perpetrada por un hombre que utilizó las fotos de un tercero para acercarse.

Desde el único encuentro consentido, que terminó de forma repentina en ese restaurante, el hombre, Diego Rodrigo H. aparece en lugares frecuentados por Daniela, la hostiga, la persigue.

El 15 de enero del 2019, Daniela, joven universitaria, acudió a la Fiscalía tras encarar a su acosador en la avenida Portugal, cuando la seguía. Ella guarda palabras que le decía: "La única persona que podría amarte, con lo usada que estás, soy yo. Tú no mereces amor y únicamente yo soy quien te va a amar como tú eres, así de superficial y vacía, porque tienes una cara que dice 'úsame'".

Con valor, Daniela también narró su historia en Facebook. En los comentarios, los usuarios de redes sociales se solidarizan, lamentan su vivencia, narran historias de acoso. “Juntos somos más”, le dicen, aplauden su valentía.

Daniela accedió a dialogar con EL COMERCIO. Ahora tiene miedo de salir de casa. Este es su relato:

“Hace unos meses usé la aplicación Tinder. Yo le di like a esta persona que se llama Diego, él tenía su nombre en la aplicación, pero utilizaba fotos falsas. Empezamos a conversar y me pidió el número de teléfono. Luego eliminé la cuenta. Pero él me seguía llamando, todo estaba bien.

En su WhatsApp tenía la foto de su mamá, lo que se me hacía normal. Entonces el día que nos conocimos me dijo antes de vernos: “Pero tiene que ser en un lugar público, porque no te voy a hacer nada”. Se me hizo raro su comentario, le dije que obviamente íbamos a un lugar público.

Nos encontramos como a las 16:00 del día 30 de junio para ver el partido Uruguay - Portugal en la (plaza) Foch. Se me hacía raro verle, porque no recordaba haberle dado 'like' (en Tinder), pero ya no podía ingresar a ver sus fotos, porque ya había eliminado la cuenta. Él estuvo con gafas y gorra, durante todo el tiempo.

Vimos el partido en la Foch y de ahí me dijo vamos a cenar. Él quería que yo le contara de mí; entonces como me encanta hablar me puse a conversar, estaba tranquila. Él se portó perspicaz, empezó a tratar de ver cómo estaba, mi lenguaje corporal, y yo hice lo mismo.

Nos fuimos caminando hasta un local donde me agredió. Estábamos comiendo pulpo cuando empezó a decirme que yo era una persona vacía, que me habían usado tanto que ahora yo usaba a los hombres. Que yo no merecía amor, por tantas cosas que había hecho, y que si es que me moría al día siguiente yo nunca había amado a alguien y nunca alguien me había amado. Que porque soy voluptuosa y por mi cara y mi cabello llamo la atención, creo que tengo el derecho de hacer daño a los hombres, pero que todo eso se me va a regresar. Y que la única persona que puede amarme es él, que la única persona que puede perdonar todo lo que yo hice es él y que él podía ser el padre de mis hijos, que él podía casarse conmigo, que yo solo tenía que aceptar que ese era mi destino y que Dios lo había enviado a él.

Me quedé en shock. Me confesó: “No es la primera vez que te veo, nena. Yo ya te veo desde el 2014”. Me dijo que en la (avenida) Patria, subiendo de la 6 de Diciembre a la 12 de Octubre, me vio por primera vez, que ese día me paró para tratar de conversar conmigo, que me había dicho si podíamos hablar un minuto y que yo le había respondido que no, que estaba tarde a clase. Que él me había preguntado ‘¿Estudias en la Católica?’ Y yo en el apuro le había dicho ‘sí’.

No recuerdo ese encuentro, él me dijo “y te voy a describir cómo estabas vestida ese día, porque me acuerdo clarísimo; estabas con un vestido azul, con una chaqueta jean, con una funda café y tenías una maleta negra”.

Después me dijo que me veía en el 2015 y me describía tal cual como yo era en el 2015. Dijo que yo era una persona tan vacía que ni siquiera me había dado cuenta que él era un impostor, que él no era el de las fotos, que había utilizado las fotos de una persona muerta para encontrarse conmigo. Me lo dijo de frente.

Me asusté. Me dije ‘esta persona está loca, me agrede, me dice que soy usada, por poco una puta, después me ofrece amor, que se va a casar conmigo, utiliza fotos de una persona muerta para comunicarse y contactarse conmigo, y utiliza a Dios, loco. Tomé fuerzas, me levanté y me fui.

Llegué a mi casa y le bloqueé de todo y decidí seguir con mi vida. Fue un episodio horrible, pero pensé que iba a quedar ahí. Después de eso me parecía verlo, pero como siempre anda con gafas y gorra yo decía ‘¿será?, ¿no será?’, ‘capaz y estoy loca’.

En octubre del 2018, estaba estudiando para mi examen de grado. Recuerdo que un día estaba con una amiga que me dijo ‘vamos a mi casa, te invito un café’ y yo le dije ‘vamos’ y ahí lo vi en el bus, estaba atrás de mi amiga. Era él, estaba segura. Cuando nos bajamos, él también lo hizo, me asusté muchísimo.

Le dije a mi amiga que a este tipo ya lo había visto antes y que ahora todo cuadraba, que sí era él, que me estaba siguiendo, ella no sabía la historia, me dijo que me calmara y que siguiéramos caminando, que ellos se alimentaban del miedo. Yo me detuve e intenté llamar a la Policía, él se dio cuenta y desapareció.

A partir de ahí, le veo no solo cerca de la universidad, sino por la Portugal, en La Carolina, en la av. De los Shyris, por El Jardín. Yo solo trato de huir, pero es muy raro cómo aparece en el bus, no sé cómo logra ubicar dónde estoy. Eso me tiene mal, no sé si sabe dónde vivo. Le vi en noviembre, le vi en diciembre, yo estaba más enfocada en mi grado.

Me fui de viaje por Año Nuevo. Cuando regresé, lo vi otra vez cerca de la universidad, siguiéndome igual con gafas y gorra. Entonces, me decidí. Fui a la UPC de La Mariscal y le pedí a un policía que me acompañara al lugar en el que cenamos. Le obligué al administrador a que me diera el número de la cédula y todos los datos. Allí conocí quién era.

El viernes 11 de enero del 2019 me despedí de mi mami y me bajé en la parada de la Portugal, de la Ecovía. Cuando iba caminando hacia la Shyris lo vi atrás mío, sola.

Tuve mucho miedo, pero decidí enfrentarlo. Le dije que estaba harta de que me siguiera, que es un maldito enfermo... Y se rió, me dijo “nena, tú vas a casarte conmigo, tú sabes que el único que puede amarte soy yo”. Me sentí terrible. Empecé a gritar 'ándate, ándate' y se fue. Cuando estaba cruzando la calle, le tomé la foto, que ahora pido que se difunda para que me ayuden a sentirme más segura. Con eso pude denunciarlo. Tengo pánico, ojalá que aunque sea por miedo no me haga nada”.

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