7 de abril de 2019 00:12

Cena de Blanco en Cuba: picnic francés y ambiente estadounidense

Unos 500 comensales de diversos países participan por primera vez en "Le Dîner en Blanc" (La cena en blanco), celebrada en el jardín de un céntrico hotel, en La Habana (Cuba). Foto: EFE

Unos 500 comensales de diversos países participan por primera vez en "Le Dîner en Blanc" (La cena en blanco), celebrada en el jardín de un céntrico hotel, en La Habana (Cuba). Foto: EFE

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Agencia AFP

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“Vestirse todo de blanco, el ambiente, el champán, el brillo, ¡me encanta!” : al igual que Kay Barns, que viajó desde Florida, cientos de estadounidenses participaron en la primera Cena de Blanco de Cuba, un picnic gigante y chic de inspiración francesa.

Ignorando las tensiones diplomáticas entre La Habana y Washington, el evento tuvo lugar en los jardines con vista al mar del Hotel Nacional de La Habana, un lugar emblemático visitado por Ava Gardner, Frank Sinatra o Marlon Brando el sábado 6 de abril del 2019.

Como lo exige el protocolo, el lugar se mantuvo en secreto hasta el último minuto.

Trajes extravagantes, máscaras y sombreros de plumas se desempolvaron para esta cena, animada por una orquesta, y en la que participaron unas 500 personas, el 80% de ellos estadounidenses y unos 70 cubanos.

“Miren qué hermoso, un mar de colores, un mar de nacionalidades, todos reunidos aquí, en Cuba, qué maravilloso símbolo de unidad”, dijo emocionada Kay, que lucía una corona de plumas blancas.

A sus 43 años, es casi una profesional de las Cenas en Blanco ('Diner en Blanc') , pues este sábado participó en la número 47.

90 cenas en el mundo

Nacido en Francia, este picnic se ha convertido en un suceso internacional, que hoy se organiza en 90 ciudades, entre ellas Nueva York, Bangkok y Sidney.

“La Cena de Blanco nace por la falta de espacio en mi jardín”, recordó a la AFP François Pasquier, quien viajó especialmente a la isla para el festín.

Fue precisamente Pasquier quien, en 1988, tuvo la idea de invitar a sus amigos a un picnic en Bois de Boulogne, en las afueras de París, con instrucciones de vestirse de blanco para que todos pudieran encontrarse fácilmente. Con el paso de los años, el número de invitados creció y también la fama del evento.

Después, fue su hijo Aymeric, también presente en La Habana, quien lanzó la aventura internacional, primero en Montreal en 2009 y luego en Nueva York en 2012.

“Fue un éxito y muchas personas quisieron hacer lo mismo. Así que decidimos ayudarlos, y en lugar de tratar de organizar Cenas en Blanco en todo el mundo, les dimos el derecho a usar la marca”, devenida en una franquicia, contó Aymeric.

En Cuba se presentó una dificultad adicional: la mayoría de los participantes eran estadounidenses, quienes no pueden viajar como simples turistas a la isla comunista.

“Una bofetada a la historia” 

Para poder clasificar en las categorías de autorizados a viajar a la isla, los invitados estadounidenses debieron participar en talleres de música o de danza, como parte de su estadía. La agencia de viajes les ofreció paquetes todo incluido por unos USD 1 000.

Dada la particularidad de la isla, los invitados no tuvieron que traer mesas, sillas plegables o platos, ni cocinar sino que eligieron entre diferentes menús ya pagados.

Prevista inicialmente para finales de noviembre de 2018, la Cena de Blanco debió posponerse debido a múltiples cancelaciones de estadounidenses, espantados por el discurso de Washington, que ha arreciado en los últimos meses el embargo que aplica contra la isla desde 1962, y amenaza con nuevas sanciones.

Pero esta vez, los estadounidenses llegaron al Hotel Nacional para agitar la servilleta blanca, la señal que tradicionalmente da inicio a la cena.

“Hay una mayoría de estadounidenses aquí, lo cual es aún más placentero porque son símbolos históricos que se unen: Francia, Estados Unidos, y los cubanos, todos sentados a la misma mesa, todos de blanco: es un hermoso símbolo y una buena bofetada a la historia”, dijo Aymeric.

Entre los pocos cubanos presentes en la cena, Maricela Alvaro, de 56 años, vino con ocho miembros de su familia y se dijo “fascinada” por el evento: “¡Es maravilloso!”.

Aunque las tarifas fueron más bajas para los cubanos, la mujer reveló que fue “un sacrificio de toda la familia (...) poder participar”, en un país donde el salario promedio es de USD 30 al mes.

Pero estaba encantada de ver esa mezcla entre cubanos y estadounidenses: “Hay que construir el futuro, no vivir en el pasado”.

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