29 de July de 2012 00:08

El cáncer de piel aparece en Quito a edades cada vez más tempranas

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El aumento de pacientes con cáncer de piel en Quito es progresivo y se debe al debilitamiento de la capa de ozono, que permite una mayor filtración de rayos solares perpendiculares. Y a esto se suma la mayor exposición de la gente al sol.

A la Fundación Ecuatoriana de Psoriasis (Fepso) acudieron 21 000 pacientes nuevos y subsecuentes, en el 2009. De este universo de casos, uno de cada 700 presentó esta patología, según su presidenta, Cecilia Cañarte. Para el 2011, uno de cada 200 recibió este diagnóstico.

Pero las cifras cobran otra dimensión en lo humano: A María Alejandrina Vaca, de 82 años, le diagnosticaron cáncer de piel hace un año. “Parecía un granito normal, pero luego evolucionó y se le hizo una especie de hoyo. Empezó en la mano izquierda y ahora le brotó en la derecha”, cuenta su hijo Erasmo C., quien la acompaña a su consulta en Solca. “Me duele mucho, me come por dentro”, expresa la mujer, que durante décadas fue vendedora de frutas y verduras.

La radiación solar se acumula en una persona desde que nace, se expone al sol en la juventud sin adecuada protección y el daño es progresivo; la piel se va oxidando y las células se dañan, explica Patricio Freire, jefe de Dermatología del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM) del Seguro Social. “No hay un repunte salvaje (de casos), más bien hay un ascenso progresivo, porque hoy las personas que tienen 40 y 50 años son quienes, en los años 60 y 70, jugaban más en el parque, no había TV y es lógico que ahora presenten esta enfermedad”, explica.

Lo curioso es que el precáncer (queratosis actímica) aparece a edades más tempranas: 28, 30, 35 años y el cáncer se produce entre los 40 y 50 años.

Más jóvenes afectados

Cuatro médicos consultados coinciden en que los jóvenes buscan broncearse más y en algunos casos lo hacen porque es un signo de estatus. Hasta fines de los 90, para Cañarte los más afectados promediaban los 65 años. Pero desde hace tres años el promedio bajó a 45 años.

Esteven Hoyos, de 26 años, es otra víctima de la excesiva exposición al sol. Su enfermedad avanzó silenciosamente.

“No le di importancia porque seis meses antes de que me detectaran que era maligno estuve en el Oriente y creía que era un picado”. Es taxista y reconoce que otro error fue automedicarse pomadas, en lugar de ir al médico.

Entre el 2004 y el 2008 se registraron 2 836 casos de cáncer de piel en el Registro Nacional de Tumores de Solca y es la última estadística oficial disponible.

Cada año se presentaron 567 casos, y 47 por mes, (solo de consultas de residentes en Quito), indicó Patricia Cueva, directora del Registro. En este lapso, este tipo de cáncer ocupó el segundo lugar de patologías en mujeres y hombres. Y en este período se presentó en 32 mujeres y 37 hombres por cada 100 000 habitantes.

Actualmente, en Ecuador la incidencia del cáncer de piel está por encima del de próstata en el hombre y de seno en la mujer.

Hay tres tipos de cáncer de piel: carcinoma basocelular, carcinoma espinocelular y melanoma (ver cuadro adjunto).

El primer síntoma evidente de los tumores escamosos y basocelulares es la formación de una especie de espinilla que crece hasta que se hace úlcera. El oncólogo Fernando Checa dice que primero se cubre de una costra, cae, sangra y vuelve aparecer.

En el Hospital Andrade Marín se registra un promedio de 1 200 nuevos precánceres y 200 cánceres al año, el melanoma es menos frecuente: dos o tres anuales.

Desde el 2009, cuando se creó el servicio de Oncología del Hospital Eugenio Espejo, se atienden entre cuatro y cinco pacientes cada 15 días con carcinomas y dos de melanomas. El aumento de estas patologías dermatológicas alcanza entre el 20 y 30%, que está dentro de los índices de tendencia mundial, señala Walli Mustaq, oncólogo y jefe de esta área.

Enfatiza que una de las causas es el uso excesivo de cabinas de bronceado y una prolongada exposición al sol, entre las 10:00 y 16:00, cuando se debe tener más protección y buscar la sombra.

La cantidad de radiación

Para Marco Bayas, profesor de la Politécnica Nacional, no depende de dónde ni cómo se reciba radiación solar, sino de la cantidad. Las máquinas de bronceado y focos incandescentes tienen la misma radiación que se recibe del sol.

El índice UV es una escala que varía linealmente con la intensidad de radiación, esto significa que, por ejemplo, una hora de exposición en un lugar con índice 10 (muy alto) es equivalente a dos horas de exposición en un lugar con índice 5 (moderado).

Diego Endara fue diagnosticado con cáncer de piel luego de 12 años de vender periódicos en el parque La Carolina, norte de Quito. “Me salió un grano cerca de la nariz, pensé que era una espinilla. Al mes creció y cuando fui al médico me dijo que tenía un melanoma maligno”, relata el hombre de 47 años. Quienes tienen tez morena abusan más del sol porque tienen una protección natural llamada melanina, que los vuelve más resistentes.

El tratamiento para los precánceres incluye cremas que destruyen las células malignas en fase de multiplicación. En el cáncer, la intervención quirúrgica es la mejor opción y la mayoría, según los galenos, se cura.


La radiación sobre el límite


 En  junio pasado, la radiación más alta registrada en Quito fue de 18 puntos, entre las 12:00 y 12:30, y en enero se reportaron 23 puntos.  Ambos niveles son una señal de precaución y fueron registrados por  el monitoreo atmosférico de la Secretaría del Ambiente de Quito,  que realiza la medición de la radiación ultravioleta cada 30 minutos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite tolerable de radiación  (UVI) para el ser humano es 11. 

Ramón Chango, especialista del Inamhi, señala  que la radiación depende de la nubosidad. “Cuando hay nubes  disminuye. Estamos protegidos por una atmósfera más gruesa y por nubes que se forman gracias a bosques amazónicos y vientos”. En Ecuador se registran 4 845 voltios  de radiación, en promedio anual.  

Ronnie Nader, de la Agencia Espacial Ecuatoriana, añade  que la zona ecuatorial es la más afectada por la destrucción de la capa de ozono, que ocasionó un  hueco  en el Polo Sur.  Otro riesgo es que al estar en latitud cero los rayos caen  perpendicularmente  todo el año.

Los rayos solares alteran la estructura celular, especialmente del ácido desoxirribonucleico (ADN), componente de los genes. Eso provoca una reproducción incontrolable de las células, dando origen a los tumores, luego de varios años de exposición.

Las áreas del cuerpo y órganos más afectadas son los  labios, párpados, nariz y la parte palpebral (ocular).  De 60 países de cinco continentes que desarrollan cáncer, Ecuador  ocupa el puesto 17.

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