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Los campesinos se inclinan por los productos de ciclo corto

Redacción Esmeraldas

Ramón Jaén llega a las 06:00 a su finca, en la parroquia Tabiazo, 18 kilómetros al sur de la ciudad de Esmeraldas.

A través de los sembradíos de  plátano y  cacao, llega a uno de  pimiento. “Las plantas tienen 20 días”, dice  señalando unos brotes. Aprovecha para cortar la maleza y  camina unos metros más  hacia el  fréjol. Ahí se inclina y  usando el machete amontona la tierra sobre la raíz.

Esta es la mejor época para sembrar maíz, pimiento, fréjol y arroz. Desde mayo se siembra tomate, pimiento, maíz y tabaco, asegura. “Lo bueno de estos productos es que se cosecha a los  tres o cuatro meses.

Los agricultores de Esmeraldas aprovechan el invierno para sembrar cultivos de ciclo corto y así no solo depender del cacao, plátano o maracuyá.

Frente a su parcela, María Delgado, una vecina, cosecha habillas, una leguminosa típica de la Costa, con la ayuda de dos niños. Se  cosechan en 90 días, señala Jaén.  La ventaja de los productos de ciclo corto, comenta, es que garantizan dinero rápidamente.

Sin embargo, estos cultivos necesitan un cuidado permanente. El tiempo  vuela, dice Jaén. Son las 08:18 y el campesino regresa a su casa. Mercedes Loor, su esposa, le espera con un  bolón de verde y café pasado.

Según  Carlos Hernández, titular del Centro Agrícola de Esmeraldas, la importancia de los productos de ciclo corto radica en que aseguran la alimentación de las familias. Y el excedente va al mercado.

Pero para aprovechar los mejores precios hay que tener olfato. Eso lo sabe  Jaén, quien alista 80 libras de habas. “La libra está a USD 1”. Es un precio excelente si se compara con los USD 0,20 que alcanzó en octubre pasado.

Igualmente el quintal de maíz, que demora 90 días, está en USD 18. Mientras que un solo pimiento está en USD 0,25. Son buenos precios, dice.

En la provincia, la mayoría de cultivos de ciclo corto está en el sur de la capital, Atacames, Muisne y, sobre todo, en Quinindé.   “Son cultivos mínimos en comparación a los de Manabí, Guayas y Los Ríos, que  están tecnificados”, expresa Hernández.
Dice que eso se debe en gran parte a la tradición cultural, ya que históricamente los esmeraldeños vivieron atados a la  recolección de productos que les ofrecía el bosque.

Ahora por la acelerada deforestación, una alternativa es sembrar el campo. El maíz duro es el producto que ocupa la mayor cantidad de terrenos cultivables en Esmeraldas.

Iván Estupiñán Echeverría, técnico del Ministerio de Agricultura y Ganadería (Magap),  señala que  5 720 hectáreas están sembradas, aunque puede haber 10 000. Le sigue el arroz con 3 620 hectáreas. Y en menos de 50 hectáreas están los cultivos de melón, pimiento, fréjol, tomate, yuca, maní…

Pero esto pudiera cambiar. Estupiñán comenta que el Magap analiza un programa para impulsar la producción de alimentos de la canasta básica. El objetivo es  motivar a los pequeños y medianos productores a hacerlo. Se les  entregará  semilla, asistencia técnica y se les buscará mercados para la venta.

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