13 de January de 2010 00:00

La caída de ceniza aumenta en 2 comunas

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Redacción Sierra Centro

La ceniza y los fuertes bramidos  que se escuchan en las comunidades que rodean al volcán Tungurahua preocupan al campesino   Polibio Samaniego.

Ayer, desde las 08:00,  limpió con una rama de eucalipto el pasto cubierto de ceniza.    Él cuida nueve vacas  y vive en el  sector  Chonglontus, a 12 km del cantón Penipe (Chimborazo).

Esta población está habitada por 35 familias.  Se encuentra en la zona de alto riesgo.  Samaniego  cobra USD 5 diarios por cuidar a las reses. Por ello, se levantó temprano para limpiar el pasto. Para hacerlo,  cubrió su nariz con una bufanda de lana.

“Por lo menos hay trabajo, en este momento que el volcán Tungurahua se reactivó. Gracias a Dios, no me he enfermado con la ceniza que cae desde el 1 de enero”.

Hugo Díaz es el  propietario de los animales que están a cargo de este campesino. Cuenta  que está desesperado, porque el alimento para las vacas  comenzó a escasear. Más de 200 hectáreas de pasto, en esta comunidad, están cubiertas por la ceniza.

“Es lamentable lo que  está pasando. Pensé que el volcán se apagó y por eso compré ganado y volví  a sembrar”.

Díaz invirtió USD 1 500 para cultivar  maíz y tomate de árbol en 2 hectáreas.   “La ceniza que cae es fina, se pega en las hojas de las plantas y no se desprende. Temo que los cultivos se dañen”.

El hombre de 45 años cuenta  que desde  hace ocho días la ceniza cae en  Chonglontus, Bilbao, El Manzano, Cahuají y otras poblaciones. Pero desde el martes, las explosiones son continuas. 

“Esperamos que el volcán disminuya la actividad, para cosechar. Caso contrario perderemos nuevamente nuestro dinero”, dice,  mientras observa    al volcán Tungurahua que ayer seguía expulsando columnas de ceniza que llegaron a  un 1 km de altura.

Los bramidos del volcán son muy fuertes en Chonglontus.  Esto asusta a Rosa Hinojosa.

Cuenta que sus ocho vacas no se alimentan desde la semana pasada, porque el pasto está con ceniza.   Sus animales pastan en los alrededores del volcán. Ayer madrugó  para cuidar a las reses.

“Fueron tres horas de caminata. No tengo otro sitio para que pasten.  Por ahora,  les doy agua mezclada con melaza, eso evita que se enfermen por la mala comida”.

Hinojosa también mira  las constantes emisiones de gas. Han pasado 10 años y el volcán sigue activo. “Diosito, hasta cuándo seguirá esta situación”.

De las 35 familias que viven en Chonglontus,  nueve  se quedan por las noches. El resto duerme en las casas que construyó el Gobierno para los damnificados del volcán, en el centro de Penipe.

Al igual que en El Manzano, una comuna vecina a Chonglontus, los campesinos que se quedan monitorean el volcán y cuidan las casas donde los techos lucen grises por la caída de ceniza.

“La gente, poco a poco, sale del pueblo por seguridad. Quieren proteger a sus hijos”, explica Víctor Zumba, vigía y presidente de la comunidad.

El dirigente asegura que en los siete meses que el coloso permaneció tranquilo, las familias retornaron para reactivar  la agricultura y la ganadería.

Según los datos del censo realizado por los dirigentes de Chonglontus, el sábado anterior, se determinó que en el pueblo hay 265 reses. 16 hectáreas están sembradas  con  maíz y fréjol,  8  con  tomate de árbol, 6 con  papas y 200 con  pasto. Además, hay 300  gallinas y cuyes.

“No queremos que nuestros  cultivos se pierdan, tampoco  la producción de leche. No sabemos qué hacer. El  dinero invertido lo conseguimos trabajando como  jornaleros en otros sitios”, dice el campesino  Zumba.

En El Manzano también la ceniza ha cubierto los cultivos.  Segundo Toapanta  cuenta que en octubre compró  34 reses. Además, sembró maíz en una  hectárea.

Invirtió  USD 10 000 en la compra de los animales y de la  semilla de  maíz. “No hay comida para alimentarlos. Las  autoridades deben ayudar  para sacar a las vacas  a otro sitio. No pensamos venderlas,  porque perderíamos el dinero. Eso ya ocurrió en 1999”. Ese año se inició el proceso eruptivo.
 
En El Manzano y Chonglontus las vías están  cubiertas por una gruesa capa de ceniza.

Los campesinos caminan sin mascarillas. Cada vez que circula un carro, se levanta el polvo. 

Ellos se protegen con chalinas, suéteres o bufandas. Uno de esos caminos es utilizado por el campesino   Samaniego. Hoy, nuevamente, usará una rama de eucalipto para limpiar la ceniza.

Una reunión en Quito

Ayer, en Quito,  se reunieron los alcaldes de los cantones afectados por la reactivación del volcán Tungurahua con la representante de la Secretaría de Gestión de Riesgo.

En la cita, los  burgomaestres solicitaron la declaratoria de la alerta naranja y la entrega de recursos económicos para ayudar a los afectados y activar los Comités de Operaciones de Emergencia en cada cantón.

Los funcionarios de la  Secretaría de Gestión del Riesgo propusieron la elaboración de un plan para proteger las fuentes de agua potable. También la implementación de albergues, especialmente, en la zona de Penipe, a donde se llevaría a las personas que habitan en las faldas del volcán. 

Para hoy está prevista  otra reunión entre los alcaldes, pero en la Gobernación de Tungurahua. En la cita se definirán las acciones de emergencia. Además, se redactará una carta para el presidente Rafael Correa.   

Adicionalmente,  se reforzará el trabajo de los 75 vigías  que monitorean al volcán.

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