20 de September de 2009 00:00

La bici, el vehículo de tres mensajeros

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Fernando Criollo

Eran  las 09:30 del pasado  viernes. El calor mañanero hacía sudar a Javier Camacho, quien recién iba a empezar su jornada laboral. Por debajo del casco rojo, el sudor corría  por su frente.
 


Agenda
Muestras
La Feria de la movilidad sostenible en Los Shyris
El acto se realizará en la av. De los Shyris, entre la Portugal y Holanda, entre las 10:00 y las 15:00. Habrá exposiciones de fotografía, biciesculturas, grafitis en vivo y otras actividades.
El ciclopaseo
Pedalee junto al Alcalde
en el ciclopaseo, hoy
A las 10:00, el alcalde Augusto Barrera recibirá la Bicicleta oficial de la ciudad. Los directivos de Ciclópolis harán la entrega en las inmediaciones de la Universidad Católica.
El día sin carro
El martes  hay invitaciones para no usar autos
Este día más de 700 ciudades del mundo celebran el día sin auto, para incentivar a  la gente que deje el carro en casa y utilice el transporte público, salga en bicicleta o camine.
El auto comunitario
La Asociación de Peatones promociona el ‘carpooling’
La organización promoverá el uso del auto compartido entre los estudiantes de la universidad San Francisco, UDLA y PUCE.Pedaleó  desde su casa en  la Cima de la Libertad hasta su trabajo en La Gasca. El trayecto lo realiza en aproximadamente 40 minutos. “La mitad del tiempo que me haría en bus”.

Desde aproximadamente dos años, este joven, oriundo del Puyo, se desempeña como mensajero para la Fundación Acción Ecológica. Pero, a diferencia de la mayoría de personas que realizan este oficio, él hace los mandados  a bordo de su bicicleta Upland roja.
 
El viernes en la mañana, Natalia Campaña, recepcionista de la organización ecológica, tenía listo el primer encargo de Camacho: ir a entregar unos documentos cerca del estadio Olímpico Atahualpa, en la avenida 6 de Diciembre; pero antes debía pasar por un banco en la Fray Antonio de Marchena.

Antes de salir, Camacho se colocó una mascarilla para reducir los efectos de la polución  y se tomó un minuto para planificar su ruta. “El banco está a dos cuadras, luego tomo la Colón hasta la 6 de Diciembre”.

A la entrada del banco, Camacho aseguró su bicicleta encadenándola junto a unas rejas. Antes de tomar el rumbo planificado, una llamada a su celular le informó de un cambio de planes. “Así es la rutina de este trabajo, si pasa algo toca cambiar de ruta”.

Ahí decidió tomar la avenida Colón. Pero ahí es muy complicado circular. “No puedo ir por los costados de la vía porque hay muchos vidrios que ‘ponchan’ las llantas. Por eso, tengo que ir en medio de los dos carriles”.

En menos de 10 minutos, Camacho llegó a la esquina de la Orellana y Reina Victoria, donde debía  dejar unos documentos. Esta vez, su bici  se quedó encadenada a un poste. “Los estacionamientos para bicicletas casi no existen”.  Eran las 10:30.

A esa hora, José Luis Rodríguez (no el ‘Puma’), también acababa de entregar un sobre en el colegio Dillon, en la 9 de Octubre. El joven de 28 años también es otro ciclista que trabaja como mensajero. Él lo hace desde hace dos años para la fundación Biciacción. “La oportunidad se me presentó mientras estudiaba una tecnología en electrónica, así que pude combinar el trabajo y el estudio”.

Camino al Centro Histórico, Rodríguez tuvo que hacer una maniobra arriesgada para no atropellar a una mujer que se cruzó la avenida 10 de Agosto,  en medio del tránsito. “La vez que no tuve tanta suerte fue cuando un taxista se cruzó sin ver una intersección. Yo  estaba bajando por la Mariana de Jesús”. El impacto dañó el aro, el pedal y el asiento de la bicicleta.

Sin embargo, a Rodríguez no hay nada que lo detenga. Él lleva, en su maleta,  un equipo de mecánica básica para solucionar un ‘pinchazo’ o una avería en su bicicleta. El recorrido más largo que ha hecho   fue desde la Mañosca, en el norte, hasta Quitumbe, en el sur. “Por eso es importante salir   bien desayunado”.

Esa también es la política de Saúl Paredes, el ciclista mensajero de la Fundación Ciclópolis. Dos sánduches, avena, jugo y fruta le dan suficiente energía para pedalear desde su casa en la Mena Dos, en el sur,  hasta su trabajo en el sector del Hospital Militar, en el centro  norte,  y luego empezar con su trabajo.

Cuando vio el anuncio en el periódico de una vacante como ciclista mensajero, Paredes no lo pensó dos veces y se presentó al llamado. Desde entonces, cada día  disfruta su trabajo montado en su vehículo de dos ruedas.

Aunque aún no tiene bicicleta propia, la de la Fundación también le sirve para ir a clases en el horario nocturno del colegio Benito Juárez, en La Magdalena. “A las 22:00 cualquier sitio es peligroso, por eso casi siempre regreso a la casa con un grupo de compañeros que también va al colegio en bicicleta”.

A Paredes, lo único que no le gusta de su trabajo son los problemas que tiene para circular. “Mientras los conductores nos reclaman que no circulemos por la calle, los peatones reclaman que no vayamos por la vereda”.

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