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En el aula y en casa, las dos caras de la educación

Dilan usa doble mascarilla, como parte de su uniforme para ir al colegio, tres veces a la semana. Foto; Julio Estrella / EL COMERCIO

Dilan usa doble mascarilla, como parte de su uniforme para ir al colegio, tres veces a la semana. Foto; Julio Estrella / EL COMERCIO

Dilan usa doble mascarilla, como parte de su uniforme para ir al colegio, tres veces a la semana. Foto; Julio Estrella / EL COMERCIO

La mañana del pasado miércoles, mientras Dilan corría por la pista del colegio para completar un test deportivo de 12 minutos, Diego se sentaba frente a su celular. Organizaba libros y abría páginas de Internet para avanzar en tareas.

Ambos son parte del grupo de tercero de bachillerato técnico en deportes, de la Unidad Educativa Fiscal Tumbaco, en Quito. Hace tres semanas Dilan y su madre decidieron que lo mejor era que volviera a clases presenciales. Diego y su familia prefirieron continuar con formación telemática.

Sus padres -cuenta Diego- se sienten más seguros con él en casa, pues allí también vive su abuelo, de 88 años. “No sabemos si los demás se cuidan”.
En cambio para Dilan, quien vive con su hermano mayor y su madre, era tiempo de dejar a un lado el miedo y poner en práctica medidas de bioseguridad. Los lunes, miércoles y viernes, además de su uniforme se coloca doble mascarilla y guarda un frasco de alcohol para salir a sus clases prácticas.

El plantel público, donde están inscritos ambos chicos, registra 3 278 estudiantes. Su Plan Institucional de Continuidad Educativa (PICE) contempla la asistencia presencial en materias prácticas de bachilleratos técnicos en deportes e industria de la confección. De 204 en estas áreas, asisten 45.

El retorno es voluntario. La rectora de la institución, Ruth García, relata que la postura de las familias cambió desde la aparición de la nueva variante de coronavirus.

Antes de enero -cuenta- 780 hogares aceptaron el retorno a clases presenciales. Tras la aparición de la variante londinense ese número bajó a 240.

Diego se ha acostumbrado a la educación virtual y sus implicaciones. Para sus prácticas deportivas hace videos con ayuda de sus familiares y después los envía a sus maestros.

A Dilan esa no le parece la mejor opción. Aprecia los 15 minutos de receso en los que ha vuelto a reír y compartir con amigos. Diego se ha resignado a graduarse así este año.

En este mes, otros tres países de la región dieron ese paso: la vuelta a las aulas en pandemia. En Argentina, Chile y Uruguay se retomaron las clases presenciales, tras el inicio de la vacunación masiva anticovid.

Al igual que en Ecuador, el retorno se ha dado en medio de la preocupación de familias y docentes, según recogen medios internacionales.

Aquí, los chicos que siguen como Diego en casa son aún mayoría, desde que se permitió el retorno a 17 104 chicos de 449 instituciones (0,38% de 4,4 millones de alumnos).

En la capital azuaya, el único centro autorizado para volver a las actividades presenciales es el Alemán, que también mantiene clases virtuales.

En la provincia hay 851 planteles educativos públicos y privados que tienen una población de 293 725 estudiantes. Un año después del confinamiento, la mayoría de alumnos de la zona urbana se acopló al sistema educativo virtual.

Pero las dificultades y necesidades no han faltado. María Paz Figueroa cursa el octavo de básica, en la Unidad Isabel Moscoso de Cuenca. Con un préstamo, su mamá le compró una portátil en este año lectivo.

A diario tiene entre dos y tres materias, de 40 minutos cada una. Antes de la pandemia era de las mejores alumnas de su grado, pero ahora admite dificultades para entender matemáticas. “A los profesores los conozco por una pantalla, siento vergüenza de pedir que repitan, cuando no entiendo”.
En cambio, Sebastián Ordóñez, de 12 años, valora las destrezas desarrolladas en el uso de herramientas digitales.

En la zona rural, los niños no tienen herramientas tecnológicas. Las familias cuentan con una computadora o teléfono, y los chicos se turnan para recibir las clases virtuales. “Así pasan el año con grandes vacíos, ya deben volver”, opina Daniela Espinoza, madre de familia.

Con estudiantes en ambos escenarios hay que fortalecer los aprendizajes híbridos, sostiene el especialista de la Universidad Nacional de Educación (UNAE), Diego Apolo.

Como medida pedagógica, recomienda, por ejemplo, que entre las estrategias de los docentes se incluyan los trabajos grupales en los que participen estudiantes de ambas modalidades, en un mismo equipo.