10 de mayo de 2019 18:31

Un atleta recorrió 315 kilómetros visitando siete lagunas de Imbabura

Banderas blancas con los principios de la Cruz Roja fueron colocados en siete complejos lacustres de la provincia. Cortesía: Junta Provincial de Imbabura

Banderas blancas con los principios de la Cruz Roja fueron colocados en siete complejos lacustres de la provincia. Cortesía: Junta Provincial de Imbabura

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José Luis Rosales

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Jorge Iván Pérez inmortalizó su nombre entre las hazañas que se han realizado en la provincia de Imbabura, ubicada en el norte de Ecuador. Durante cuatro días, este socorrista de la Cruz Roja Ecuatoriana recorrió a pie 315 kilómetros visitando siete lagunas de esta localidad.

Este corredor de ultratrails, de 24 años, plantó en las orillas de los espejos de agua banderas blancas con los siete principios de la Cruz Roja: humanidad, imparcialidad, neutralidad, voluntariado, independencia, unidad y universalidad. Ese fue su homenaje a esta organización que cumplió 78 años de presencia en Imbabura y a la que se vinculó en el 2011.

Según sus palabras, ahí aprendió a ser mejor ser humano y a vencer los retos que le ha puesto la vida en su camino. Hoy se desempeña como coordinador de Gestión de Riesgos de la Junta Provincial de la Cruz Roja de Imbabura.

Hasta que cumplió 18 años, Pérez no tenía en su plan de vida convertirse en un corredor élite de montaña.

Un día antes del inicio del reto denominado 300 km 7 Lagunas 7 Principios pidió permiso a la naturaleza, para cumplir la travesía. Así concretaba este sueño que le rondaba la cabeza en los últimos años.

La prueba se inició a las 04:00 del 4 de mayo del 2019 en la comunidad de Nueva América, en el cantón Pimampiro. El primer reto fue visitar la laguna de Puruhanta, ubicada a 22 kilómetros de la ciudad. La lluvia, el lodo y la geografía selvática no impidieron que cubra esta primera fase, corriendo y caminando, hasta ese complejo lacustre, entre Imbabura y Sucumbíos, y luego dirigirse a Ibarra. Ese trayecto lo hizo en 15 horas.

Confiesa que el primer día estuvo a punto de abandonar el proyecto. Con los músculos de las piernas inflamados y el corazón palpitando a toda velocidad pensó en quedarse a descansar en el camino y abandonar la aventura.

Sin embargo, cuando llegó a las montañas de Yahuacocha, en el cantón Ibarra, se emocionó al ver una multitud de gente, entre familiares, amigos y curiosos, que lo esperaban a orillas de la laguna ibarreña. Así cumplió los primeros 65 kilómetros.

Luego de descansar en una carpa, durante la noche, inició la segunda etapa a las 05:00 del 5 de mayo. Sin utilizar vehículo ascendió hasta la laguna de Cubilche, situada a 3 200 metros de altura. Optó por ir a un ritmo suave para conservar energías. A pesar del frío y el esfuerzo, continuó hasta el lago de San Pablo, en el cantón Otavalo. Ahí plantó la cuarta bandera con el principio de independencia, a las 14:00 del 5 de mayo. Descansó por cerca de una hora.

Se sintió motivado porque un grupo de voluntarios de la Cruz Roja lo asistió en seguridad y valoración médica, durante todo el recorrido. También Juan Reina, un atleta imbabureño, lo acompañó en algunos tramos.

Ese segundo día, tras seis horas más de trote y caminata llegó a la laguna de Mojanda, ubicada a 16 kilómetros de la ciudad de Otavalo. Este complejo compuesto por tres lagunas, a 3 720 metros de altura, fue el lugar de descanso de la segunda jornada.

Para Jorge Pérez, el tercer día fue uno de los más duros. ¿La razón? El voluntario es un atleta acostumbrado a los recorridos de montaña. Por eso, cuando salió de Mojanda rumbo a la laguna de Cuicocha, situada en el cantón Cotacachi, tuvo que recorrer tramos urbanos de asfalto a los que no está acostumbrado.

Sin embargo, al saber que nuevamente lo esperaban sus familiares y amigos aceleró el paso. Ese día la jornada se extendió de 06:00 a 18:00, en la laguna de Piñán, en Cotacachi, en donde colocó la última bandera que resalta la universalidad de la Cruz Roja. Se emocionó al borde del llanto al ver que su madre Marcia Pinto lo esperaba en el desolado paraje. Ahí pasó la noche en una carpa que armó sobre los pajonales dorados.

Aunque su cuerpo vivía una fuerte lucha entre el cansancio y dolor físico y la mente que quería vencer el esfuerzo, el cuarto salió a las 04:00 rumbo a la capital imbabureña. Lo movía el interés de llegar a tiempo a la sesión solemne de la Junta Provincial de la Cruz Roja, en donde le esperaban para recibir un reconocimiento de sus colegas por esta hazaña.

Luego de dos días de descanso se lo ve renovado. Jorge Iván Pérez sueña que esta ruta de 315 kilómetros sea tomada en cuenta por los amantes de la belleza de la naturaleza y las pruebas extremas.

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