1 de octubre de 2018 00:00

El 30-S se conmemoró con misa y tributo a cinco fallecidos

Flor Granda, madre de Froilán Jiménez, colocó flores en el sitio donde murió su hijo. Foto: cortesía

Flor Granda, madre de Froilán Jiménez, colocó flores en el sitio donde murió su hijo. Foto: cortesía

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Redacción Quito
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Una ofrenda floral al pie del altar principal de la iglesia de San Francisco fue el recordatorio de la revuelta policial ocurrida hace ocho años.

Los procesados por el 30-S y sus familiares acudieron al lugar y hablaron de la amnistía que buscan. Llevaban en el pecho listones negros y tricolores, como una señal de que la insubordinación no debió pasar nunca. Esa jornada dejó cinco personas muertas.

Ese día hubo enfrentamientos entre policías y civiles. El entonces presidente Rafael Correa recibió bombas lacrimógenas y mientras era sacado del hospital de la Policía se registró una balacera en el cual falleció Froilán Jiménez.

Ayer, 30 de septiembre, hubo personas que lucían camisetas negras con la inscripción: “30-S amnistía” o “30-S libertad”, y carteles con la frase “Ocho años de la gran farsa correísta”.

Asistieron policías dados de baja a raíz de la protesta por la Ley de Servicio Público, que según ellos afectaba los reconocimientos que recibían en el avance de sus carreras.

La capitán Paola Mafla fue acusada de haber participado en la organización de la revuelta policial. Luego concluyeron que había abandonado su lugar de trabajo. Ella lo niega. Pero bajo esa causa le dieron la baja. Además, estuvo detenida tres meses, luego de que la declararon culpable. Después dictaminaron su inocencia.

Mafla asistió a la misa junto con sus hijos Israel, de 13 años, e Isaac, de 10. “En esa época había muchas cosas que no entendía, hay muchas que no entiendo ahora, pero sé que mi madre es una mujer que siempre hace el bien”, dijo Israel.

Para Mafla, han sido años de silencio y miedo, pero ahora siente que se abre una ventana. “Aspiraría que me devuelvan lo que me fue quitado. Tengo derecho a volver a mi institución, a recuperar mi carrera, mi profesión. Regresar el tiempo ya no se puede, pero por lo menos es el momento de que se haga justicia”.

También forma parte de la Asociación de Víctimas 30-S la teniente coronel Patricia Santillán. Ese día era jefe de la central de radiopatrullas. “Es una lástima que se hayan perdido vidas, las esperanzas, hasta los sueños en ese 30-S. Muchas personas salimos de la institución y ahora ni siquiera encontramos trabajo”.

Santillán presentará el recurso de revisión ante la Corte Nacional de Justicia, puesto que en el proceso judicial le declararon culpable. Espera así lograr que la sentencia de tres años que le dictaminaron quede sin efecto y que ella y otras siete personas de la central de radiopatrulla sean declaradas inocentes.

En la misa, lució una chaqueta con detalles que recuerdan al uniforme de camuflaje policial. Su pequeño nieto vestía una igual. Para ella, el primer gran impacto fue la baja administrativa que le dieron en enero del 2011. El segundo fue el proceso penal que se inició poco después.

En la eucaristía recordaron sus pedidos de que la Asamblea otorgue una amnistía y que otras entidades como el Consejo de la Judicatura, la Contraloría y el Consejo de Participación investiguen supuestas irregularidades, trabas e injusticias durante los procesos en su contra.

La oficiales son parte de un grupo de 450 personas afectadas por lo ocurrido aquel jueves. Santillán se solidariza con las familias del civil Juan Pablo Bolaños, los militares Jacinto Cortez y Darwin Panchi y los policías Froilán Jiménez y Efrén Calderón. “El dolor, así como la alegría, une a la gente. El pedir la justicia y buscar la verdad nos ha unido a todos los familiares y a los afectados”.

Algunos acudieron al sitio donde cayó el comando Froilán Jiménez mientras resguardaba el auto en el que sacaban al expresidente Rafael Correa del hospital policial.

En la av. Mariana de Jesús, en el norte de Quito, permanece una placa en memoria del uniformado nacido en 1982.

Su madre, Flor Granda, colocó una ofrenda floral junto a las que dejaron otros como el presidente del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio, Julio César Trujillo, y el coronel César Carrión, quien fue director del hospital.

Allí también estaba Ramiro Panchi, padre del militar Darwin Panchi, quien recibió un disparo en la cabeza mientras estaba en una furgoneta cumpliendo labores de Inteligencia antes del operativo para sacar a Correa.

El hombre colocó sobre el muro de piedra una foto de su hijo y una bandera negra con una inscripción igual a la de su camiseta: “30S, olvidar jamás”.

El homenaje a los fallecidos aquel día fue empañado cuando una mujer llegó con una bandera con fotografías de Correa y del exvicepresidente Jorge Glas, y colocó sobre la fotografía de Jiménez.

Carrión, molesto, retiró la bandera. Un grupo de policías pidió a la mujer que se retirara, pero ella se negó y respondió a gritos: “No, yo no me voy a ir, porque no tienen derecho a sacarnos. No venimos a pedirles nada. Mátenme si quieren”. Los asistentes respondieron: “Fuera, Correa, fuera”.

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