9 de octubre de 2015 00:00

El yoga es un arma de sanación para mujeres en situación de vulnerabilidad

Gurujot Kaur (izquierda) imparte sesiones de kundalini yoga a mujeres en el Centro de Desarrollo Comunitario Carapungo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Gurujot Kaur (izquierda) imparte sesiones de kundalini yoga a mujeres en el Centro de Desarrollo Comunitario Carapungo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Ana Cristina Alvarado
Redactora (I)

El yoga se ha estereotipado como algo referente a lo físico y al ‘fitness’; sin embargo, los testimonios de mujeres que han practicado por varios meses esta disciplina crean un relato sobre autoconocimiento.

Con el servicio de 20 profesoras de kundalini yoga, la fundación Mujer de Luz coordina cuatro programas sociales con el fin de apoyar el desarrollo integral de mujeres en situación de vulnerabilidad.

Uno de estos es el trabajo junto a las Mujeres Privadas de Libertad, que tiene el objetivo de acompañar el proceso de rehabilitación social. Durante ocho meses, 368 mujeres privadas de la libertad asistieron a las clases al menos una vez y 85 lo hacen regularmente los viernes (por el estado actual del volcán Cotopaxi se ha suspendido el programa). La Fundación entrega materiales para que las alumnas puedan continuar
con la práctica de esta disciplina por sí mismas.

Las pruebas realizadas por el Departamento de Psicología del Centro de Rehabilitación han demostrado que los niveles de ansiedad, estrés y depresión de las mujeres que asisten regularmente a las clases se encuentran en un rango normal y moderado, los niveles de autoestima son estables, se ha evidenciado progreso en las relaciones interpersonales y en la comunicación consciente.

En el mismo informe en el que se presentan los resultados expuestos anteriormente, se recogen los testimonios de varias alumnas. “Me ayuda a proteger mi sistema nervioso y todo mi cuerpo”, “Me puedo mantener en calma y más tranquila conmigo misma” y “Me siento con más entusiasmo y alegría” son algunas de las frases recogidas en el documento facilitado por Mujer de Luz.

“El trabajo que hacemos no es simplemente dar clases de yoga”, afirma Gurujot Kaur, directora ejecutiva de esta organización en el Ecuador. Se refiere a que esta disciplina permite el enfoque en la sanación de diferentes problemáticas, tanto físicas como mentales.

Así confirma Clemencia Lara, quien ha estado asistiendo a las clases impartidas en el Centro de Equidad y Justicia Eloy Alfaro un día a la semana, durante ocho meses. Lara es parte del programa dedicado a Mujeres en Situación de Violencia Intrafamiliar y después de terapias conjuntas con psicólogos, reconoce que el principal problema de las agresiones de género es la ignorancia y la falta de autoestima, problemas que la práctica del yoga le han ayudado a superar.

Este programa también se realiza en los centros de Equidad y Justicia de Calderón y Tres Manuelas. La iniciativa se complementa con tratamiento terapéutico, apuntando a la sanación de las mujeres violentadas y al empoderamiento, con el fin de que puedan llevar un estilo de vida estable en lo social y económico.

Mercedes Ortega es otra beneficiaria, quien ya ha convencido a su hija y a su esposo de asistir a las clases, pues ha notado un cambio positivo. “He aprendido a tomar con calma las cosas, a agradecer a Dios y a seguir adelante”, expresó.

Yoga en tu comunidad es otra iniciativa, organizada en conjunto con las mujeres que forman parte de la Red de Organizaciones de Economía Popular y Solidaria.  Las clases se dictan los sábados, a las 07:00, en el CDC de Carapungo y los miércoles, a las 16:30, en la Casa Comunal de Oyambrillo.

Otro proyecto en el que la fundación Mujer de Luz se ha enrolado es en el Yoga con Niñas y Niños en la Escuela Mujeres de Frente. En este espacio, entre otras cosas, se da clases a hijos de mujeres privadas de libertad, apoyándolos en el desarrollo de sus potencialidades y capacidad de resiliencia.

Estos proyectos han llegado a más de 700 mujeres, pero las profesoras también se han sentido beneficiadas. Sat Sansar, una de las voluntarias, dice que este trabajo ha sido maravilloso, pues se ve el cambio en las alumnas, pero también ha sido gratificante para ella por formar parte de esta mejoría.

Todas las clases de los programas sociales son gratuitas. La Fundación se autofinancia con talleres, retiros y cursos pagados. Esta iniciativa puede ser apoyada a través de donaciones o participando en los cursos pagados.

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