27 de agosto de 2017 00:05

Yani guarda secretos medicinales

Los recorridos por la selva. Las familias se capacitaron sobre el cuidado de la reserva. Ellos trabajan con los guardaparques del Ministerio del Ambiente. El recorrido e ingreso cuesta USD 2,50. Foto: Raúl Díaz/PARA EL COMERCIO

Los recorridos por la selva. Las familias se capacitaron sobre el cuidado de la reserva. Ellos trabajan con los guardaparques del Ministerio del Ambiente. El recorrido e ingreso cuesta USD 2,50. Foto: Raúl Díaz/PARA EL COMERCIO

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

En una calurosa tarde de verano, Johanna Miranda recorrió a pie más de un kilómetro del río Yani (color verde en español), aguas arriba, para llegar a la laguna Escondida.

Es una garganta tallada en la roca que desciende por la cordillera que limita entre el cantón Otto Arosemena Tola y el Parque Nacional Llanganates, que se reparte en las provincias de Tungurahua, Cotopaxi, Pastaza y Napo.

El santuario está tapizado de un verde intenso, por lo exuberante de su naturaleza. Adentrarse en las entrañas de esta frondosa selva de 120 hectáreas es toda una aventura para Miranda, de 19 años.

El bosque primario aún guarda árboles gigantes de cedro, laurel, hacha caspi y chuncho, maderas consideradas duras o resistentes, de más de 30 metros de altura y de un gran espesor. “Son árboles milenarios; no los rodearíamos en círculo ni entre cinco personas.
Este espacio no ha sido intervenido por el hombre. Hay colombianos que nos ofrecen dinero para talar, pero es un tesoro que guardamos las familia kichwas. Esta zona es monitoreada por el Ministerio del Ambiente”, dice Hugo Andi, guardaparque y uno de los propietarios de esta reserva.

El área está localizada en la vía a la parroquia Tena-San Jorge-Talag-Cando. Está a 25 minutos al oeste de la capital de la provincia del Napo. Los 35 habitantes de esta área protegida cuidan este espacio para evitar la tala, la caza y la pesca furtiva. Todos los días recorren varios kilómetros resguardándolo.

Este enclave natural es el santuario de especies como el tapir, venados, osos, entre otras. Los nativos lo conocen como el lugar para el avistamiento de loros, tucanes y demás. La caminata hasta la laguna Escondida tarde una hora.

Andi dice que en una hora y media más de camino se encuentran los saladeros donde se concentran los animales después de alimentarse. También se pueden realizar campamentos en el sitio.

La riqueza natural que ­guarda motivó a los pobladores, hace dos años, a emprender en un proyecto de turismo comunitario. Construyeron senderos que llevan a este santuario que es considerado como la ‘farmacia natural’ del pueblo y adonde acude Rosalina Cerda, la chamán o curandera, para utilizar las plantas medicinales.

La mujer, de 65 años, aplica sus conocimientos para curar la inflamación de ovarios, riñones, vejiga, próstata, espanto o malaire a través de recetas y brebajes que ofrece a sus pacientes. Esos conocimientos los absorbió de sus abuelos y padres, quienes eran los sanadores de la comarca.

Mientras camina por la selva, una espesa hojarasca, similar a un colchón, cruje al romperse las ramas y hojas secas a cada paso que da un grupo de exploradores. Ellos decidieron caminar en esta área verde cubierta por la espesura del bosque que regala a los sentidos una mezcla de colores, texturas y aromas que se esparcen en el ambiente.

En la comunidad Yani, las familias cuentan con sus huertos para la producción de yuca, verde y otros productos que sirven para su alimentación y la comercialización en las ferias que se realizan en los mercados de Tena.

Entre las ramas y hojas de los inmensos árboles se movilizan, silenciosos, pequeños animales como gusanos, saltamontes, arañas, hormigas... Otros se confunden con las hojas verdes. Solo son visibles para Andi, quien conoce estas especies que abundan en el bosque protector Yani.

Cerda cuenta que depende de la época del año, la tonalidad de la vegetación puede variar y dejar a la vista impresionantes paisajes, similares a pinturas al óleo. El olor a hierba húmeda, a madera y los aromas que las flores emanan, despiertan los sentidos de los caminantes.

El silencio, solo interrumpido por el viento, el crujir de las ramas o el sonido de las especies que lo habitan, como las cigarras, acompañan en todo el recorrido. El esfuerzo tiene su recompensa, ante sus ojos la cascada de la laguna Escondida. Una especie de paila formada por rocas.

El agua cae con fuerza y se desplaza por toboganes naturales. Andi escala por una roca gigante y desde ahí hace un salto y luego nada a la orilla.

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