5 de junio de 2018 00:00

La versatilidad del cacao y el café fue el distintivo del salón

En el Quorum del Paseo San Francisco, esculturas de varios formatos con base en chocolate compartieron espacio junto a emprendimientos como cosméticos, licores y condimentos. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

En el Quorum del Paseo San Francisco, esculturas de varios formatos con base en chocolate compartieron espacio junto a emprendimientos como cosméticos, licores y condimentos. Fotos: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Redacción Tendencias
tendencias@elcomercio.com

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La décima edición del Salón del Chocolate, Cacao y Café dejó una mixtura de sabores y texturas en los sentidos. En este año, la cita no solo estuvo protagonizada por productos provenientes de la repostería y chocolatería: para el 2018, los concursantes pusieron un paso en firme en la versatilidad de estos en cervezas con chocolate, ron de cacao, barras de expreso, granola con cacao, aderezos de café y cacao, productos cosméticos, condimentos, e incluso adornos de chocolate y hasta un vestido con base en el producto ecuatoriano.

Entre el 1 y 3 de junio del 2018, cerca de 100 participantes se reunieron en el Quorum del Paseo San Francisco, a donde llegaron unas 15 000 personas. Una buena parte de los exponentes formaba parte del Consorcio de Gobiernos Autónomos Provinciales del Ecuador.

14 provincias llegaron con el Congope, para exponer sus emprendimientos que están enfocados en el desarrollo comunitario. Edwin Miño, director ejecutivo de la institución, dice que hay que destacar la participación de provincias como Tungurahua o Cotopaxi, que no son productoras de cacao (como es el caso de Esmeraldas, Santo Domingo o Zamora Chinchipe), pero que están dedicadas a la conversión de la materia prima en productos de alta calidad.

Uno de los elementos que más llamó la atención de los visitantes fueron los trabajos en escultura de chocolate que estuvieron dentro y fuera de concurso.

Para Marcela Larrea, que visitó los estands durante la última jornada del Salón, una de las particularidades de estos trabajos fue la precisión en los detalles. Por ejemplo, tras observar la pieza Metamorfosis, de Paúl Llerena, de la tienda de chocolates Crustum 2850, ella destacó el nivel de tallado que existe en tanto en la cabeza del colibrí, así como en el vestido que envuelve a la figura antropomorfa. Esta obra ganó el segundo lugar dentro de la selección oficial.

En cambio, para Lucía de la Torre, quien tiene un pequeño emprendimiento de chocolates en el sur de la ciudad, la obra de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) fue la que más brilló dentro del Salón, a pesar de no estar en competencia.

Gabriel Díaz, quien dicta cátedras de pastelería y chocolatería en el centro de educación superior, contó que la escultura cuenta con 16 kilos de chocolate negro y que terminar el trabajo tomó, a un equipo de 9 personas, tres días de ocho horas diarias. Quienes participaron en esta pieza fueron estudiantes y profesores de la carrera de Gastronomía.

Junto con las esculturas, el público se deleitó con la amplia oferta de licores con chocolate y café que hubo en este año. Marcas como Aromaco, Licorcho, Secreto Inti o Ballesta ofertaron bebidas alcohólicas con un aroma y sabor típicos del país. Fernando Freile, maestro de cervecería Ballesta, indicó que en esta ocasión la gente buscó elementos para complementar la experiencia gustativa del café y cacao.

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