30 de enero de 2018 00:00

Los tsáchilas retomaron la confección de su ropa en telares

Las guías nativas de Mushily Andrea Calazacón y Lucía Aguavil aprendieron a tejer de sus abuelas cuando eran niñas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

Las guías nativas de Mushily Andrea Calazacón y Lucía Aguavil aprendieron a tejer de sus abuelas cuando eran niñas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

La confección de prendas tsáchilas se ha convertido en una tradición familiar. Ese oficio hace más de 500 años era exclusivo de las mujeres tsáchilas. Las mejores tejedoras eran las abuelas, quienes supervisaban que la tradición se transmitiera de generación en generación.

Pero la tejedora Ofelia Calazacón señaló que esa costumbre se fue perdiendo con la colonización hace ya más de 50 años. Los tsáchilas cambiaron las manpe tsanpa (falda de hombre) por pantalones. “Como ya nadie se ponía se dejó de practicar y las abuelas empezaron a morir y nuestras madres ya no se acordaban bien de la técnica”.

Así que - agregó - cuando se crearon los primeros centros turísticos, los nativos debieron pedir a otavaleños que los confeccionaran.

Abraham Calazacón, director del centro cultural Mushily, señaló que hace tres años cuando se formó este centro en la comuna Chigüilpe, una de las preocupaciones era que los jóvenes ya no se vestían con la indumentaria típica y tampoco sabían confeccionarla.

Por eso en Mushily se abrió una escuela para recordar las tradiciones y costumbres tsáchilas. Los sábados se enseña a tejer a hombres y mujeres tsáchilas y las prendas que utilizan los guías nativos son elaboradas en esos talleres.

Ellos se basaron en la experiencia que ya tenían en el Museo Etnográfico Tsáchila, donde desde 1995 un grupo de hombres tsáchilas empezó a tejer su indumentaria para mostrarla a los turistas.

Calazacón señaló que al principio fue difícil que los hombres se interesaran por ese oficio porque se lo había catalogado como de mujeres. Pero cuando empezaron a aprender se dieron cuenta que se trataba de rescatar una tradición, que representa a la nacionalidad.

Richard Aguavil, de la comuna Colorados del Búa, aprende en Chigüilpe a tejer en el telar tsáchila. Él recuerda que su abuela Ángela Aguavil, de 75 años, ya le había enseñado sobre la fabricación del telar y a colocar los hilos. “Me faltó aprender la técnica del tejido”.

Por eso, en Mushily, presta atención a cada explicación que sus compañeras le dan. Su objetivo es perfeccionar la técnica para cuando tenga hijos poder enseñarles ese oficio.

Para Aguavil, la vestimenta tsáchila es una forma de mostrarle al mundo su cultura. Él viste todo el tiempo como tsáchila e incluso camina por el centro de Santo Domingo descalzo y se sienta en el parque central como lo hacían sus ancestros cada domingo hace más de 70 años.

Aguavil señaló que además de la colonización, los tsáchilas dejaron de tejer porque se empezaron a talar los árboles de algodón para sembrar cacao, naranja o algún fruto que pudiera venderse en el mercado. “El tsáchila no se dio cuenta que estaba perdiendo la materia prima para elaborar sus prendas típicas”.

Por eso, en algunas comunas ya no hay cultivos de algodón y los pocos tsáchilas que aún tejen lo hacen con lana, que compran en el centro de Santo Domingo.

Abraham Calazacón señaló que una de las estrategias para recuperar el algodón en Chigüilpe es pedirle a los turistas, que siembren una semilla en varios lugares del centro cultural. “Ya se han sembrado más de 50 y con los sembríos que estamos recuperando, ya estamos empezando a tejer con algodón las manpe tsanpa y las mishily (coronas)”.

En Chigüilpe, unas 30 personas están aprendiendo a tejer, hablar en tsáfiki, danzar y tocar la marimba. De esos, 18 son hombres que ya utilizan las prendan que ellos elaboran.

Emilio Calazacón afirmó que una falda de mujer (tunan) se elabora en dos meses y una de hombres, en tres. “Me gusta hacer mi propia ropa porque me hace sentir más tsáchila”.

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