26 de febrero de 2017 00:00

Trump incendia la Casa Blanca

Donald Trump caricatura


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Dennis Rodríguez
Editor (O)

‘La Casa Blanca está en caos. Por suerte, alguien (quizá el vicepresidente Mike Pence) está esperando para limpiar el desorden”. Con esa leyenda que acompaña a una caricatura, la revista inglesa The Economist sintetiza los primeros 30 días del magnate neopopulista y antiglobalización Donald Trump al frente del gobierno de EE.UU.

Más radicales que The Economist se muestran Allan Lichtman y Mark P. Painter. El primero es el historiador y catedrático universitario que predijo acertadamente los resultados de las elecciones presidenciales en EE.UU. desde 1984. Pero ahora enarbola la causa de la destitución de Trump. ¿Por qué? Porque, según ha anotado, el multimillonario puede ser sacado del Salón Oval “por sus vínculos con Rusia y los posibles conflictos de intereses relacionados con sus negocios”. Los alegatos sobre el punzante asunto se recogen en el libro ‘El caso del impeachment’, que el historiador prepara y que la casa editorial Dey Street Books sacará a la venta el 18 de abril, según detalló la revista estadounidense Time.

Painter, exmagistrado republicano, en cambio, sostiene: “Trump debe ser acusado y ­destituido con toda prisa”.

Justamente, los argumentos para buscar una salida así al parecer abundan: el agitado estreno de la administración del 45º Presidente de EE.UU. -que se convierte en el blanco de la burla, en los diferentes carnavales que se celebran en el mundo- está atravesado por la polémica, las turbulencias, los chascos, la apertura de muchos frentes y las crecientes incertidumbre y confusión sobre un cúmulo de asuntos.

Pero, ¿cuáles son los asuntos cargados de mayor controversia en el tumultuoso inicio del mandato del multimillonario y exconductor del ‘reality’ show ‘El Aprendiz’? Básicamente, cuatro: la política migratoria, el vínculo con Rusia rodeado por la niebla del misterio, las mentiras y el narcisismo del gobernante y, en especial, la salud mental del actual Jefe de la Casa Blanca. Todos son asuntos nada menores.

En efecto, el diario The Wa­shington Post alerta en estos días que las nuevas directrices migratorias de la administración Trump abren la puerta a “deportaciones masivas” y deben interpretarse como ‘un acto cruel’ contra los inmigrantes.

El Post también etiquetó de exageradas las declaraciones del secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, en torno al ‘incremento’ de la inmigración de ‘sin papeles’ desde México.

Las nuevas directrices son, en realidad, un aviso cargado de miedo no solo para los 11 millones de indocumentados que viven en EE.UU. sino también para todas las comunidades de inmigrantes que tienen todos sus papeles en regla, según el diario.

La Casa Blanca sacó a la luz una serie de medidas, que apuntan a extender la cifra de inmigrantes ilegales que serán deportados.

La administración de Obama catalogó como prioridad la
re­patriación de los responsables de delitos graves. Con Trump lo serán los autores de cualquier tipo de delito, o quienes abusaron de beneficios y prestaciones sociales. Trump tiene en mente una versión corregida del decreto que determina restricciones migratorias temporales para viajeros de siete naciones musulmanas: Irán, Iraq, Siria, Somalia, Libia, Yemen y Sudán.

La nueva orden ejecutiva levantaría la prohibición de llegada a EE.UU. a quienes posean tarjeta de residencia y doble ciudadanía, que incluya la estadounidense y la de cualquiera de los siete países señalados en el párrafo anterior.

Aparte del complejo tema migratorio, el Gobierno del multimillonario afronta el creciente escándalo del ‘Russiagate’, que ya causó la primera baja en el gabinete de Trump. Michael Flynn debió renunciar a su cargo de asesor de Seguridad Nacional, por no decir la verdad en torno a la conversación que mantuvo con el Embajador ruso en Washington.

La salida de escena de Flynn se dio en el trasfondo de las dudas que genera el nexo entre Trump y Moscú. Unos lazos que son motivo de investigación por parte del FBI, una vez que los organismos de inteligencia de EE.UU. hallaran que colaboradores de Trump y funcionarios rusos iniciaron contactos mucho antes de la elección presidencial estadounidense, del 9 de noviembre del 2016.

Hay un asunto más controversial: Trump ha instalado una aparente ‘cultura de la mentira’ en EE.UU. Al menos así lo señala en una entrevista con el diario madrileño El Mundo, Roger Cohen, director de la sección de Internacional de The New York Times. “Tenemos un Presidente muy autoritario, con tendencia a borrar la diferencia entre lo que es mentira y lo que es verdad”. Y complementa: “Trump tiene una personalidad muy inestable, es muy irascible, muy egocéntrico y muy caótico”.

Otra clara evidencia la dio Trump al referirse a un supuesto atentado terrorista en Suecia con el fin de justificar sus medidas antimigrantes. Pero las redes sociales, que se muestran punzantes con él, crearon la etiqueta #Pray­ForSweden, para burlarse de la nueva metedura de pata.

The Economist, por su lado, consigna que Trump “no puede resistir hablar de su propia grandeza. Algunos lo han acusado de sufrir un trastorno narcisista de la personalidad”. Un grupo de 35 reputados especialistas en salud mental se pronunció sobre las actuaciones del actual Mandatario de EE.UU.

En un carta que publicó The New York Times dijeron: “La inestabilidad emocional lo incapacita para servir de manera segura como líder” de la primera potencia mundial. “El discurso y las acciones del Sr. Trump demuestran una incapacidad para tolerar opiniones diferentes”.

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